Mucha retórica

Una instantánea de la presentación del Pacte de Ciutat

15 de septiembre 2020

Mentiría si os dijera que no me hace ilusión escribir por primera vez bajo esta cabecera que me trae añejos recuerdos. Me han explicado los líos internos que han llevado hasta aquí y les he dicho a algunos de los protagonistas que no tienen cura y eso que ya tienen una edad. Siguen embarcándose en proyectos con las velas arriadas y la caña partida y así no hay quien surque mares, como mucho pantanos. Empantanarse es lo que les va y llevan así toda la vida, así que lo que ahora se abre sitio a estacazos no sé yo el futuro que dibuja.

Pero me es igual. Les he dicho que cuenten conmigo porque la estaca tiene reminiscencias antiguas de cuando las cosas se solventaban con gestos y no solo con buenas palabras, con pacíficas aunque ruidosas concentraciones multitudinarias y no con cartas y firmas.  Y me he puesto a pensar qué debía decir en este primer encuentro con los nuevos lectores y he echado mano de lo que me han explicado algunos activos miembros de entidades diversas que llevan una temporada viéndose por televisión para contribuir a una cosa que las autoridades han llamado Pacte de Ciutat.

Me hablan de pacto de ciudad y no quepo en mí. Si hay que pactar es que hay trifulca, controversia, ladina oposición, cabreos en el sótano… pero no. El ayuntamiento ha llamado a un pacto de ciudad para reconstruir la ciudad después del coronavirus con la intención de consensuar un montón de medidas que ayuden a la nueva normalidad.

Jolín, me digo. Hemos de ir por partes. Reconstruir la ciudad. O sea que la ciudad necesita reconstruirse, ergo está bastante jodida. Después del coronovarius: o sea, no se sabe para cuando, porque esto del coronavirus acaba de empezar. Consensuar medidas. De manera que hay que poner de acuerdo a los proponientes y a los ejecutantes, por lo menos. Es decir, a la ciudadanía y a los munícipes. Y nueva normalidad. O sea vieja normalidad, una normalidad que sigue situando encima a unos cuantos y debajo al resto. Incluso aquí, en esta ciudad.

Me leí detenidamente el documento base y no hay nada que decir. Es magnífico. Llenísimo de bellos propósitos con esa retórica absurda que a la hora de la verdad sirve para… nada. Y me leí algunas de los centenares de propuestas que han enviado con la tradicional buena fe de las entidades, los activistas relajados que las representan. Y pregunté. Y me dijeron que una cosa son las propuestas y que otra cosa bien distinta son las medidas que se adoptarán puesto que son los técnicos municipales —ergo los políticos que les mandan— quienes van a decidir qué propuestas se aceptan y qué propuestas se deniegan. No porque sean propuestas sicalípticas sino porque son propuestas delicadas, complejas, delirantes, exageradas, inaceptables, inasumibles, irrealizables en suma. Propuestas que no tocan, como decía el mago del tres per cent.

¿Y las que sí tocan? Esas se harán casi todas. Casi todas las que se puedan. Casi todas las que se puedan vender. Casi todas las que se puedan vender a las multitudes. Casi todas las que se puedan vender a las multitudes que nos quieran votar. Para ello habrá un calendario con el que comprometerse ante la ciudadanía. Para ver como va la cosa. Para ver si las medidas se aplican y para ver por qué no se aplican cuando estaba previsto que se aplicaran. En noviembre será la primera cita revisionista y el pacto de ciudad durará hasta las próximas elecciones porque hay que mantener bien enhiestos los propósitos.

Que no pase como con el Consell de Ciutat y la promesa de participación activa que el reglamento municipal prometía. Que como pasa lo que pasa, no se acaba de reunir y no se participa. Tampoco es que se participe mucho en el Consell de Ciutat o en las Mesas Sectoriales previstas para escuchar al personal y poco más, porque, por lo que me han dicho los que asisten, en esos organismos se habla algo pero sobre todo se escucha mucho a los que suelen hablar que siempre son los que convocan, los que organizan y los que deciden.

Y pese a todo, las entidades insisten en que se debe convocar el Consell de Ciutat y las Mesas Sectoriales y mantenerlas en activo aunque se acabe el mandato reglamentario de los cuatro años porque entre que se toman posesiones, se nombran las mesas y las comisiones con sus representantes y se convocan, suelen pasar un montón de meses.

En fin, mucha retórica es lo que hay. Y mucha rimbombancia y mucho palabrerío. Para contribuir a que no decaiga, aquí esta el Candelas para lo que se tercie. Contad conmigo hospitalenses que en esta pluma hay cuerda para rato.

Por Luis Candelas.

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