Factoría de Ideas: segunda sesión del debate ciudadano sobre los retos sociales post-Covid

Enlace al debate sobre “Los retos sociales en el contexto Covid-19 en el Área Metropolitana” colgado en YouTube

9 de abril 2021

Debate de ideas, esfuerzos coordinados, consenso en la acción

Una palpable sensación de que en la ciudad se está tocando techo y de que resulta imprescindible una respuesta organizada, meditada y consensuada que implique a todos los sectores que sufren las consecuencias negativas de las políticas públicas, es el resumen preliminar de la segunda sesión del ciclo de Factoría de Ideas organizado por FIC este pasado jueves, sobre “los retos sociales en el contexto post-covid” en referencia al futuro del Área Metropolitana y las ciudades que la integran.

Las conclusiones del debate no habrían sido las mismas probablemente si los tres ponentes, Isabel Sierra, Irene Sabaté y Joan Font, no hubieran acertado en una brillante exposición a tres bandas sobre la diagnosis general que sufren las ciudades del área metropolitana, los ejes de desigualdad que la pandemia ha acelerado y profundizado en unos casos y ha sacado a la luz en otros y la radiografía de los movimientos sociales en la actualidad en l’Hospitalet que desarrollaron respectivamente los tres invitados.

Isabel Sierra, psicóloga clínica que ha trabajado en los ámbitos de la salud y en el seno de diversas instituciones municipales, provinciales y autonómica, señaló los aspectos que, en su opinión, suponen los retos que habrá que afrontar en el futuro inmediato como consecuencia de la pandemia, de la crisis económica derivada y de la urgencia que implica el cambio climático en puertas, basándose en los equilibrios sociales y territoriales que deben imperar y la justicia social y medioambiental que se debe implementar. Ambos extremos pasan por promover la cooperación económica, la equidad en la atención social y la resolución de los déficits ocupacionales, el reto del aire limpio en las ciudades y la necesidad del verde urbano e interurbano como ámbito saludable que ha de influir necesariamente sobre la calidad de vida. Todo ello sobre la base de conseguir una insustituible cohesión social, la igualdad en todos los terrenos (de género entre ellos) y un desarrollo económico que implique los estándares de sostenibilidad imprescindibles. Como corolario a estas propuestas presentó los 17 objetivos de desarrollo sostenible sobre los que las instituciones han comenzado ya a actuar cada una en su ámbito concreto.

La antropóloga, profesora de la UB, activista y vecina de la ciudad, Irene Sabaté, centró su intervención en el inventario reconocible de los ejes de desigualdad que la pandemia ha ayudado a evidenciar pero que en muchos casos ya existían con anterioridad y que suponen un lastre para el desarrollo de comunidades como la nuestra. Comentó las desigualdades en el ámbito laboral, señalando cómo el teletrabajo ha ayudado a poner de manifiesto los desequilibrios entre trabajos cualificados y no cualificados, la existencia de sectores precarizados que actúan de un modo lacerante sobre comunidades pobres y desestructuradas como la nuestra y de qué modo estos desequilibrios actúan también sobre las posibilidades de contagio. Habló también de la parcela de la cual es especialista, el ámbito de la vivienda, donde son evidentes las condiciones de insalubridad de los pisos tipo en los municipios más densificados del área metropolitana y donde se acentúan los problemas cuando se trata de familias inmigradas, generalmente con economías precarias, en muchos casos en régimen de re-alquiler y muy amenazadas por la inestabilidad en cuanto a la tenencia. En este sentido puso de nuevo la atención sobre la acumulación de desahucios que son previsibles a partir del próximo mes, con la misma o peor incidencia que antes de la pandemia.

Señaló también las desigualdades correspondientes a las cuidadoras por excelencia, como son las mujeres, que la pandemia ha acrecentado con notables sobrecargas, en algunos casos con servidumbres que han afectado incluso a la pérdida de puestos de trabajo y los derivados de la invisibilización de las personas con peores recursos, con familias monoparentales, en riesgo de violencia doméstica, personas solas, etc.

Como aspectos finales puso el acento sobre las desigualdades en la educación y en la salud que en ciudades como la nuestra desencadenan situaciones de las que cuesta salir indemnes, con problemas en cuanto a la brecha digital o respecto a la atención primaria, señalando en cualquier caso que resulta ya urgente reivindicar políticas que traten de revertir estas situaciones. Como colofón se refirió a la estructura de l’Hospitalet como ciudad: sin espacios libres, sin mar, sin montaña, sin zonas verdes, con una densidad brutal, con la movilidad lastrada por el vehículo privado, sin los servicios indispensables y cerca de casa, con una contaminación creciente…

Joan Font, periodista y librero, ahora ya jubilado pero vinculado al activismo vecinal, abundó en las dificultades de una articulación social mínimamente aceptable. Con un tercio de la población censada con una antigüedad inferior a 5 años y solo otro tercio de la población con una antigüedad residencial superior a 25 años, l’Hospitalet es una ciudad que los oriundos la abandonan y los emigrados la asumen, de modo que es una ciudad sin arraigo y sin identidad, donde los que llegan la eligen porque encuentran un lugar donde malvivir y los que nacieron en ella intentan marcharse en cuanto encuentran una alternativa de mayor calidad. Una ciudad que ha cambiado la tipología de la gente pero también de sus industrias, que ha cambiado el modelo productivo y se ha convertido en el paraíso de los constructores. Y sin embargo, a juicio del ponente, algo está cambiando en la ciudad. Algo empezó a cambiar el 15-M del 2014 y el 1-O de 2017 y algo está cambiando porque han ido saliendo nuevas iniciativas que no tienen nada que ver con los movimientos sociales de la época de la Transición porque los tiempos y las generaciones han cambiado. Ahora existen plataformas de vecinos que reivindican espacios libres, denuncian la especulación inmobiliaria, son plataformas de afectados y de vecinos contra la ocupación del suelo libre, a favor del mantenimiento del escasísimo patrimonio que queda en la ciudad, hay un intento de regeneración del movimiento vecinal, de los ateneos, del movimiento cooperativo, y se está poniendo en crisis el modelo de ciudad y dentro del modelo de ciudad, el papel que ha jugado y está jugando el Ayuntamiento como entidad de gestión del territorio y de sus habitantes.

Entre la treintena aproximada de asistentes que se acercaron en momentos distintos al debate on line, hubo diversas intervenciones vía chat y en directo para poner en el punto de mira lo que señalábamos al principio: que algo se mueve pero que se mueve por compartimentos, como si cada lucha fuera autónoma y no respondiera a la misma necesidad de cambiar el modelo de ciudad que representa adoptar posiciones políticas de futuro, como señaló alguno de los intervinientes. Por parte de la entidad convocante (FIC) se puso el acento en la urgencia en la que nos debatimos los hospitalenses, con una ciudad que a medida que se incrementa la construcción se agrava su destrucción como ciudad y con enormes problemas de convergencia de intereses. Como ejemplo, se habló de la oferta de plataforma de reflexión que supone la Factoría de Ideas y las dificultades de la entidad para acercar al activismo de la ciudad a debatir ideas, coordinar esfuerzos y consensuar posiciones, algo imprescindible si se quiere presentar una imagen de eficacia colaborativa, de iniciativas transversales y de propuestas convergentes para cambiar la situación y hacer frente a los problemas con mayor eficacia.

Se hizo desde los intervinientes un claro llamamiento al acercamiento de posiciones, a poner en común propuestas e iniciativas, a debatirlas entre todos y a extender la participación. Se requiere abandonar la exclusividad de las propias parcelas para contribuir a darle al movimiento de respuesta ciudadana una entidad superior. Algo parecido al esfuerzo mancomunado, a ampliar la participación, a constituir un verdadero movimiento de ciudad que funcione al unísono. Debate de ideas, coordinación de esfuerzos, solidaridad participativa, respuesta consensuada… estas podrían ser las conclusiones.

Por Redacción

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