CIES

Quiero comenzar esta reflexión dejando absolutamente clara mi posición totalmente favorable a CIES. No, no se trata de los Centros de Internamiento de Extranjeros. Es otro CIES.

Podríamos empezar cerrando o dignificando esos CIES que vejan a personas que, desde sus miedos o sus miserias, creyeron ver una luz en nuestros privilegiados países, y esa luz apenas ilumina una lóbrega caverna.

Podríamos dedicar, de una vez por todas, el esfuerzo económico y social a ese CIES del que quiero hablar. Los cuatro pilares básicos que, según mi opinión, mejoran una civilización y la hacen avanzar. Podría haberlo llamado SEIC, EICS, ICSE, ECIS, IECS, ECSI, SIEC, CEIS, SICE, SECI, CISE, CESI, ICES, IESC, ISCE, ISEC, EISC, ESIC, ESCI, SCIE, SCEI y dos variantes más impronunciables. Todo es fruto de la combinatoria, cuatro elementos tomados de cuatro en cuatro da veinticuatro, y como también me apetecía tocar los huevos con esos CIES llenos de inmigrantes maltratados, elegí la opción CIES: Cultura, Investigación, Educación y Sanidad.

Seamos realistas, entre borbones, el gallego y el turismo como centro de la economía, este país lleva siglos siendo un páramo autocomplaciente gracias a sus rarezas. Rarezas son aquellos que han deslumbrado entre la mediocridad y la dejadez del Estado: Ramón y Cajal que, como todo el mundo sabe, eran dos, Rosalía de Castro, que tenía un palacio en Galicia, Federico García Lorca, que a gritos pidió que lo asesinaran, María de Maeztu, Josep Trueta… Y sí, una larguísima lista que parece legión pero no son nada más que fogonazos en medio de un erial. De un país que no ha sabido, o no ha querido, coser ese CIES al tejido de un pueblo, con una estructura sólida y firme. Una estructura transversal, asentada, entendida y cuajada entre los paisanos.

Y, sí, eso cuesta dinero. Y, sí, ese dinero lo han de poner los que acumulan por encima de sus necesidades. Y, sí, se llama “impuesto” y redistribución. Y, sí, esa inversión vuelve a la comunidad con creces. No solo da el retorno para una mejor investigación, mejor cultura, mejor sanidad y mejor educación. El retorno de ese compromiso con CIES permite acoger dignamente a los huidos y escapados de conflictos duros de los que no somos del todo inocentes, y sacarlos de los CIES.

A ver si dejamos de ser, por fin, un país de charango y pandereta. Y no niego que hayamos avanzado, pero subiéndonos en el ladrillo y cayendo de morros, surfeando el turismo sin coger ni una ola y mirando al sol con una sonrisa boba.

Por Guillermo Martín Urquizu

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