Mil quinientos

Tiene castañas que el barómetro de este año se haya hecho eligiendo a los 1.500 hospitalenses que votan al PSC en las municipales, aunque en lugar de un candidato de carne y hueso con un poco de cerebro, se presente un chimpancé del Zoo. Ellos se quieren a este gobierno por lo que sea. Porque en su día les buscaron curro, porque la hermana es cuñada del concejal o porque los contratan o los subvencionan cuando están a punto de echar el cierre o cansaditos de dormitar.

A saber quien pasó el listado de los 1.500, porque la empresa en cuestión tendría que haber sospechado que eso le podía complicar el prestigio profesional. Hay encuestas que cuestan mucho de creer, algunas del CIS por ejemplo, pero hay otras que son literalmente increíbles. Funcionan muy bien, porque a los que ya no se creen los métodos prostituidos de la sociología, este tipo de resultados les convierte cada vez en más ateos de la cienciología social.

Me dijo un amiguete que había trabajado en una empresa de estudios de opinión y de mercado que ya cerró, muy especializada en sondeos para la administración pública, que con los niveles de confianza del 95% —que no sé muy bien que es eso— los resultados son muy parejos haciendo 500 entrevistas o haciendo 1.000 o 1.500, de manera que aquella empresa certificaba 1.500 entrevistas y en realidad hacía 500 porque las administraciones no supervisan jamás los ficheros ni las grabaciones. En aquella época las encuestas se hacían en papel, me explicaba, y jamás el equipo de calle tuvo que enseñar a nadie los papelitos rellenos. O sea, se hagan 500, 1.000 o 1.500 entrevistas, el resultado es semejante y más si los 500, 1.000 o 1.500 son respondedores de confianza. Y sale bastante más barato y es más rápido, claro.

Sea como sea, los resultados del barómetro que se han dado a conocer es una demostración mayúscula de que a la opinión pública de l’Hospitalet la consideran directamente estúpida. Que, con la que está cayendo, el supuesto barómetro le de al alcalde un 5,3 sobre 10 o que el servicio más valorado sea el de las bibliotecas de la ciudad con un 7,4 por delante de los mercados municipales con un 6,7, lo dice todo. Cuando el gobierno local recibió los resultados, lo primero que tendría que haber hecho —si tuviera una mínima capacidad de reacción—, hubiera sido decirle a la empresa que ha hecho el informe que, por favor, lo corrigiera, porque los ciudadanos se pueden morir de la risa y los gobernantes, si la tuvieran, tendrían que morirse de la vergüenza.

Las bibliotecas son un desastre: en invierno hace frío y en verano demasiado calor, faltan algunas, como la de Santa Eulàlia hace una eternidad, y la principal de la ciudad tiene goteras desde hace meses y ha sufrido pérdidas. Además, tienen que cerrar en algunos horarios porque a todas les falta personal. Es un servicio patético por culpa del Ayuntamiento, no de los trabajadores como es obvio, y resulta incomprensible que el promedio de 1.500 entrevistados obtenga un 7,4 porque eso quiere decir que hay centenares de personas que le dan un 10 o quizás un 20.

Lo segundo mejor valorado son los mercados municipales. Equipamientos que están en la ruina absoluta porque solo hacen que cerrar paradas en la mayoría de ellos por inactividad y donde no cierran paradas hay malestar por la falta de rehabilitación o por las goteras.

Y pese a que nada funciona, como pueden testimoniar los ciudadanos, dos de cada tres entrevistados aprueban la gestión municipal con un 5,5 sobre 10. O sea que, para conseguir un 0, habría que ir apaleando al personal por la calle y aun así la encuesta nos diría que es que los ciudadanos andan mal y se caen de bruces a la mínima.

L’Hospitalet es un caos donde lo mires, pero aun así, casi el 60% de los entrevistados están satisfechos de vivir en la ciudad más densa de Europa, con menos zonas verdes por habitante de Cataluña y con los peores servicios, suciedad por doquier e inseguridad permanente, porcentaje que encima sube cuando se trata de opinar del propio barrio. Esto debe querer decir que en el barrio Centro, donde se vive muy mal, los entrevistados lo deben considerar el paraíso, porque para que dé la media, si alguien se encuentra satisfecho de vivir en Collblanc es porque acaba de llegar directamente de Gaza.

Del plan del Samontà —esa cosa que se inventó el alcalde, que es muy chic— de la que apenas se sabe nada, los entrevistados están contentísimos porque donde ahora hay basura se van a levantar 1.200 viviendas de semilujo que tendrán que ir a buscar escuelas a Esplugues y sanidad a Barcelona.

Y encima, uno de cada tres de los que teóricamente han respondido a las preguntas, dice que es de izquierdas y el 28 % de los entrevistados no acaban de saber de qué son, ni si son de alguna cosa. Pero todos son optimistas, porque tienen el gobierno que se merecen, el mejor del área metropolitana. Que digo, del área metropolitana: el mejor del Estado, que por eso todo lo que sale en la prensa es una maravilla cuando se refiere a esta bellísima ciudad.

Lo peor que le puede pasar a un país, a una ciudad, a un barrio, a una escalera de vecinos… es que quien manda considere idiotas a los que le rodean. Les funciona, porque los que tendrían que considerar a los ciudadanos como lo que son, son tan puros, tan iluminados y tan consecuentes, que no hacen más que permitirle victorias permanentes al gobierno. Los que se llaman socialistas, con este personal y con estos vecinos a los que menosprecian sin que nadie se agite en la silla y salte a la calle como una exhalación, van a tener el gobierno en sus manos otros 50 años. Los vecinos que contesten las encuestas ya no serán los mismos, pero no porque se hayan hecho mayores, sino porque huirán de este triste pesebre en cuanto puedan.

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