Cuesta trabajo entender cómo se la han dejado colar porque se veía venir de muy lejos. El jueves, después del “A la mierda” de ese día, me llegó por sorpresa a mi correo el Orden del Día de la primera reunión del Consejo Ejecutivo de los servicios públicos de comunicación y una sencilla nota que me decía: “Candelas, mírate con delicadeza este orden del día y saca conclusiones. No hace falta que te diga mucho más. Confío en tu perspicacia para que observes cómo les enredan”.
Me lo leí con calma porque lo esperable es que se fijará el debate sobre el tema capital para el que se reunieron todas las urgencias en la constitución del organismo: la aprobación del Contrato-Programa que debía estar vigente entre este 2026 i el 2030. Pues resulta que el primer punto de ese orden del día es la constitución del organismo; el segundo “la aprobación” de su régimen interno; el tercero “dar conformidad” a la propuesta de un “Programa de Actuación Transitorio” y el cuarto, “informar” sobre el calendario del contrato-programa.
Todo esto, al común de los ciudadanos se la trae al pairo. ¿A quién carajo le interesan estas nimiedades burocráticas con la que está cayendo en el ámbito de la enseñanza, la crisis climática, la seguridad, la limpieza, la saturación demográfica, la especulación inmobiliaria, etc? Pero es cierto que todo lo que ha venido ocurriendo con la constitución de este Consejo Ejecutivo, ejemplifica sobremanera no solo la crisis del gobierno sino, en mucho mayor grado, la crisis de la oposición. De modo que, ante ambas crisis, la ciudadanía tendría que empezar a plantearse como sorteamos los obstáculos de la memez y alumbramos alguna cosa más coherente, mucho más lúcida y sobre todo más útil.
Ese orden del día lo ejemplifica todo. Resulta que lo que se va a proponer en esa primera reunión es aprobar el régimen interno de funcionamiento del organismo, no sea caso que en lugar de servir para aprobar lo que tiene que aprobar, sirva para debatir lo que se debiera debatir. Y luego, dar conformidad a una cosa inédita que nadie se esperaba: un programa de actuación transitorio para este ejercicio 2026 que luego deberá aprobar el Ayuntamiento, pero que no se indica muy bien cómo: si a través del pleno, si lo debe aprobar directamente el equipo de gobierno…
Más significativo aún es el enunciado de los puntos del orden del día, porque en ningún caso se propone debatir y luego aprobar o dar conformidad, sino directamente ir al grano: aprobar el régimen interior, dar conformidad a la propuesta, que es de lo que se trata. Pero lo grave del asunto es lo que se pide que se apruebe o a lo que se pide dar conformidad. Aprobar el régimen interior que se propone, vuelve a dejar en manos de la dirección de los medios la absoluta manipulación del organismo: desde los períodos de las convocatorias (3 al año), hasta su capacidad de dirimir empates o de acumular votos en representación de los miembros ausentes. Un reglamento de régimen interior, hecho a la medida de la consigna “no molesten” que es de lo que se trata.
La propuesta de Programa Transitorio todavía es más sintomático. Si las prisas y las presiones para la constitución del Consejo Ejecutivo eran porque se debía aprobar el Contrato-Programa con la mayor urgencia, ahora resulta que lo que se propone es exactamente lo que el pleno de enero se negó a aprobar: una prórroga del contrato-programa. Ahora, esa prórroga del contrato-programa que la oposición tumbó porque significaba mantener en el limbo la constitución del Consejo, se le propone al Consejo para que una vez lo apruebe ese organismo, se dé por aprobado y asumido. Es decir, no se sabe muy bien si lo que no aprobó el pleno, ahora lo aprobará el Consejo y lo refrendará el equipo de gobierno, o si volverá al pleno para que este lo apruebe, con lo cual estaremos en las mismas, pero con el aval de un Consejo Ejecutivo que la oposición permitió constituir bajo presión.
Ese Programa Transitorio incluye, según parece, una cláusula administrativa para legalizar el pago de los salarios, lo que pone de manifiesto que no es el contrato-programa lo que garantiza la normalidad laboral de los trabajadores, como se había argumentado para presionar, sino que con una simple cláusula administrativa que se podría haber llevado directamente al pleno, había más que suficiente para despejar la alarma.
Todo ello vuelve a poner sobre la mesa el elemento clave de todo este embrollo que es el contrato programa. Se va a presentar un calendario, lo cual es del todo lógico porque es difícil asumir lo que se hizo con el último contrato programa: se presentó hecho del todo y se aprobó en tres sesiones justo antes de las elecciones del año 23, con una vigencia del año 21 al año 25. O sea, con tres años de retraso. El nuevo se tendría que haber discutido durante el 2025, pero en noviembre del 2024, el equipazo del Quiroseno lo paralizó todo porque no le gustó para nada que la oposición le tosiera. Discutirlo durante este 2026 para aprobarlo justo otra vez antes de las elecciones del 2027, reproduciría la estruendosa imbecilidad del anterior, sobre todo porque el contrato programa está pensado para que no coincida con los mandatos y por eso tiene una vigencia de cinco años que, con este equipazo y con esta estructura de servicios públicos de comunicación ni se cumplen, ni le importa a nadie que se cumplan o no.
Y, por lo tanto, si de lo que se trataba era de presentar un calendario para discutir el contrato-programa, tampoco era tan inmediato ese contrato-programa que debía discutir un Comité Ejecutivo de urgencia.
El engaño ha sido nuevamente mayúsculo y a los profesionales que presionaron desde dentro a la oposición, les van a tener que compensar con algunos carguillos por lo bien que lo hicieron.
Ahora, a esperar lo que deciden los 10 miembros del nuevo Consejo. Ya digo; no es que estas cosas le importen demasiado a la ciudadanía, pero conviene que la ciudadanía no se muestre ajena a este tipo de tejemanejes porque le vuelve a ir en ello un poco de su propio futuro.