La calle Enginyer Moncunill

Fotografía de la calle Enginyer Moncunill

Existen muchas calles en la ciudad que nadie se puede imaginar qué significan y puede que en la vida le des ningún tipo de importancia aunque vivas en una de ellas. Quizás el objetivo de los autores de este apartado de l’Estrella sea precisamente ese. Descubrir la importancia del nombre de esa calle en la que estamos cada día y cuyo nombre tiene una relevancia especial. Este podría ser el caso de la calle Ingeniero Moncunill (Enginyer Moncunill)

El enginyer Rossend Moncunill fue concejal, médico e ingeniero municipal. Formó parte en 1926 del jurado que aprobó las bases del concurso (ganado por Ramón Puig i Gairalt) para la confección del Plan del Ensanche y Saneamiento Interior de L’Hospitalet.

La calle Enginyer Moncunill transcurre entre la Avenida Masnou y la calle Torrent Gornal dentro del distrito de La Florida.

La calle Enginyer Moncunill tuvo a lo largo de su trazado diferentes equipamientos que le dieron vida, como fue el mercado municipal, inaugurado en 1959. Dos décadas más tarde, en 1976, se puso en marcha el Instituto de Formación Profesional Pedraforca, junto a la plaza de la Redentora, nombre de una antigua bóvila que se ubicaba en ese punto exacto.

La Redentora era una de las bóvilas (fábrica de ladrillos y cerámicas) más importantes de l’Hospitalet, de las muchas que existían en la ciudad. Como la mayoría, era una cooperativa, autogestionada por los propios trabajadores. Se inauguró en 1899 y tras una primera ubicación en la carretera, a la altura de Collblanc, en 1902 se construyó otra al lado y en 1918 consiguió el permiso para construir un horno donde se encuentra actualmente el Centro de Formación Profesional Pedraforca.

La cooperativa fue un centro clandestino de anarquistas durante el trienio bolchevique (1918-1920) y durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), según algunos testimonios .

En los tiempos de la II República, la cooperativa más importante del sector seguiría siendo “La Redentora” con sede social en la carretera de Sants, en el número 170. Las últimas noticias de este centro llegan hasta 1947.

En la calle Enginyer Moncunill, y sobre los años 70, se ubicó el Centro Social de La Florida, cuna de diversos dirigentes políticos y vecinales, motor del movimiento social del barrio y uno de los principales núcleos de cultura popular de la ciudad. Primero estuvo en el número 96, hasta 1977, y después se cambió al número 62.

El Centro Social de La Florida se creó en 1965 y combinó la lucha social y cultural en un medio urbano de condiciones precarias y con notables problemas de enraizamiento. Asumió funciones que las instituciones de la época no eran capaces de ofrecer: desde la actividad cultural y lúdica hasta la pura asistencia social, y todo ello con un trasfondo claro de oposición al régimen.

Conferencias, cine-fórum, teatro, excursiones, cursillos de catalán y escuela nocturna, se simultaneaban con encuentros ilegales de la incipiente oposición política y sindical. Esta entidad fue el contrapunto al concepto oficial de Centro Social, representado entonces por el Centro Médico Social de Campoamor, en la calle de este nombre cerca de Bellvitge, promovido por el entonces alcalde España Muntadas.

Desde el Centro Social de la Florida se impulsaron muchas de las grandes reivindicaciones vecinales. Será, durante los años más duros de la ausencia de democracia, cuando actuó en sustitución de la asociación de vecinos, al tiempo que se convirtió en una escuela de formación de mujeres y hombres, futuros dirigentes de la ciudad.

Los primeros indicios de la calle Enginyer Moncunill se dieron en el año 1945, en el expediente de urbanización de unos terrenos propiedad de Josefa Font. En la guía de 1948 ya aparece el trazado de la calle aunque originariamente, parece que solo llegaba hasta la avenida Miraflores.

Años más tarde, se prolongó hasta la avenida Manou, allá por los años 50. Esta calle se convirtió en una de las tres que cruzan el barrio entero. Las otras dos fueron las calles Pedraforca y de La Florida.

En 1988, con la catalanización de los nombres de las calles, pasó de llamarse Ingeniero Moncunill a Enginyer Moncunill.

Por Lluís Berbel y Jesús A. Vila

La calle Pubilla Casas

Collage realizado por José Juanes a la izquierda (fuente pinterest.com). Imagen de Pubilla Casas mostrada vía satelital (fuente gencat.cat).

Josefa Casas i Clavell  fue la Pubilla de la familia, la heredera, dió nombre a un barrio, a una calle y a una plaza de l’Hospitalet próxima a la mansión neoclásica de la que fue dueña en su momento.

Uno de los problemas que se suscitó en su día era el apellido de esta Pubilla: Cases o Casas. Nadie lo sabe seguro. En l’Hospitalet, en 1988, se catalanizaron un buen número de calles. Entre ellas la de la Pubilla. Algunos destacados estudiosos e historiadores como Manuel Domínguez nos han manifestado: “Nos imaginamos que el apellido original es Cases, pero en algún momento del XVIII se catalanizó; pero eso es una hipótesis basada en los casos parecidos que se produjeron en la época. Sería necesario encontrar un documento de un antepasado de la Pubilla para ver cómo se escribía el apellido antes del 1714”.

Pues a la vista de éstas hipótesis, nos quedamos con Cases, mientras no se demuestre lo contrario, como diría un argot judicial.

Josefa Casas (o Cases), heredera de una gran familia del siglo XVIII, inauguró la casa en 1772, situada entre una recién abierta carretera de Madrid, cuya denominación posterior fue de carretera de Collblanc,  con el tramo hospitalense del antiguo camino de las travesías del Pla de Barcelona.  La finca fue comprada pocos años antes, tras la expulsión y expropiación de los jesuitas en el año 1767 por el rey Carlos III.

Fotografía de la Casa Pairal de la Pubilla Casas, L’Hospitalet de Llobregat. (Fuente: Mapas de patrimonio cultural, Diputación de Barcelona).

La mansión, actualmente situada en la carretera de Collblanc 241, es un edificio magnifico construido por el padre de Josefa Cases sobre el antiguo de los jesuitas, donde albergaban a sus jubilados y enfermos, y da idea de la riqueza de la nobleza del siglo XVIII. Tiene tres plantas de estructura cuadrada y unos grandes subterráneos con un espléndida bodega. Destaca la fachada, la planta noble con pilastras adosadas y coronadas con volutas jónicas. Originariamente, alrededor de la casa había dependencias anexas, jardines con saltos de agua, una mina de agua potable, depósitos y un huerto. También se describieron la existencia de una docena de carrozas , de las cuales dos pasaron al Museo de la Ciutadella. Todo ello es una demostración de la grandeza de los subterráneos tal y como lo describe Puig i Gairalt cuando habla de la mansión de Pubilla Cases

Transitando por la Carretera Real dirección Bacelona es la primera gran residencia que se encontraba cerca de la capital y esa situación explica que a lo largo de los años, la mansión acogió fiestas y recepciones de personalidades políticas y religiosas. Pero también padeció las consecuencias de los episodios bélicos, especialmente el saqueo de que fue objeto en el siglo XIX cuando la guerra del francés. Más tarde parece ser que se destinó a centro de reposo, hasta que, desde finales de aquel siglo, quedó deshabitada durante 40 años.

Es un edificio de tres plantas, cuadrangular y casi cúbico. Originariamente tenía tejado a cuatro vientos, pero ahora tiene una azotea.

Las cuatro fachadas son similares. En la planta baja se abre en el centro la puerta de arco rebajado y pequeñas ventanas cuadrangulares a ambos lados. Separando esta planta de las superiores hay una moldura lisa sobre la que se apoyan unas pilastras de orden gigante que separan verticalmente las aberturas del primer y segundo piso. Estas pilastras son de orden jónico y las dos del centro tienen en la parte inferior una ménsula muy decorada. En el primer piso se abren tres balcones y tres pequeñas ventanas cuadrangulares; todas son adinteladas y están enmarcadas por una moldura lisa. En la parte superior hay un frissense decoración y una cornisa con mucho voladizo. Por encima de esta se encuentra el muro de cierre de la azotea decorado con unas bandas lisas, en correspondencia con las pilastras.

La casa está rodeada por un jardín. La puerta es de hierro forjado que tiene a ambos lados dos pilares de piedra rematados por florones. En la parte superior de la reja hay decoración de entrelazados y hojas de hiedra y en el centro unas casas que hacen referencia a la familia “Cases”.

A finales del siglo pasado y con la entrada de la plaga de la Filoxera, creó una crisis entre los terratenientes quienes empezaron a vender sus tierras. Pero a la vez surgió el uso industrial del suelo. Que también llegó a la barriada de Pubilla Cases. Y también la urbanización de la zona.

Puig Gairalt, arquitecto hospitalense, formando parte del Pla de l’Eixample de L’Hospitalet, elaborado en 1926, aplicó sus ideas higienistas tan en boga en la época precisamente en las zonas más cercanas a la sierra de Collserola al litoral y aplicó en su proyecto de urbanización de la parte norte, dirigido a la población trabajadora.  Fue precisamente en la zona de alrededor de palacete de Pubilla Cases la que concentró aquella primera urbanización de casetas con jardín, de las cuales aún quedan alguna cerca de la mansión, creándose las calles y placetas alrededor de la avenida de Tomás Giménez o avenida de la Generalitat en los años de la II República, que aún sigue siendo el eje vertebrador de la zona alta de la barriada.

Puig Gairalt hizo una transcripción de la vista desde el balcón de la torre: “El terreno presenta unas suaves ondulaciones cubiertas de campos y viñas en gran amplitud, y más abajo, toda la plana y la marina del Llobregat. La vista queda limitada a la izquierda, por la montaña de Montjuïc; a la derecha por las montañas del Garraf y al fondo, en amplio horizonte, por el mar, que desde aquí aparece tranquilo con un gran azul. La arboleda del rio Llobregat se dibuja como un largo vergel, rico y frondoso. Las casas de los pueblos de la Plana (Sants, l’Hospitalet, el Prat y Cornellà) parecen grupos de una ciudad jardín….”

Y aunque el proyecto no se llevó a cabo en su totalidad sí que nos han quedado vestigios de aquel proyecto como han sido los nombres de flores y plantas que algunas calles han conservado hasta la actualidad. En los años 30 las tenían prácticamente todas las calles.. Y también las placetas circulares. Y la estrechez de las calles no lo marca el matiz especulador sino que la planificación de viviendas unifamiliares.

Sobre el año 1933 la antigua propietaria de la mansión de Pubilla Cases, viuda de Cunill, a cambio de la exención de impuestos que había acumulado hasta 5.000 pesetas de las de entonces, cedió al Ayuntamiento parte de los terrenos de la finca y de la casa, esta última con el objetivo que su destino fuera para uso escolar que se hizo realidad a partir de 1967 como centro de educación Sant Josep Obrer.

En el transcurso de la guerra civil, el subterráneo o cripta fue utilizado como “txeca”  (una instalación utilizada en la zona republicana al margen de las leyes para detener, interrogar, torturar, juzgar de forma sumarísima y ejecutar a sospechosos de simpatizar con el bando rebelde)

En los años 40, se instalaron algunas empresas como la fábrica de hilados de Joaquim Freixa, desde 1947. En el año 1964, las Sirvientas del Gran Corazón de Jesús fundaron el Colegio San José Obrero para niñas.

La Casa Pairal de la Pubilla Cases es un edificio protegido como bien cultural de interés local del municipio de L’Hospitalet de Llobregat.

Fotografía de la Plaza del Pilar. (Fuente: Pueblos de España)

La PLAZA PUBILLA CASES  recibió su nombre el 19 de octubre de 1933 que lo aprobó el Ayuntamiento en sustitución de su denominación anterior que tenía, plaza Denia, cuya primera referencia como tal apareció en la guía de la ciudad de 1929. Ramón Puig i Gairalt la planificó en el 1926 como una de las tres plazas radiales de la Ciudad Jardín que proyectó para la zona, concibiéndola entonces como la plaza central y vertebradora del barrio.

En 1942 el Ayuntamiento ratificó el nombre de Pubilla Casas y ese mismo año se solicitó al Consistorio que se reintalara la fuente que antiguamente estaba en la plaza. Con el paso de los años, tambien fue identificado popularmente como la “plaza de los cables”, debido a que justo en medio se ubicó una gigantesca y peligrosa torre eléctrica, hoy desaparecida debido al soterramiento de las líneas de Alta Tensión que el Ayuntamiento democrático hizo realidad en 1993. Es interesante destacar que el año 1968, en el número 1 de la plaza se documentó la existencia de la llamada “Torreta dels capellans”, en la cual setrasladaron los servicios de la parroquia de Santa Gemma, los oficios religiosos de la cual continuaron celebrándose en la bodega de la Pubilla Casas, adoptada como capilla del colegio de San José Obrero.

Localizaciones

La MANSIÓN DE PUBILLA CASES (actual casa pairal de la Pubilla Casas) está situada en la actual Carretera de Collblanc, la avenida Tomás Giménez, la calle Covadonga y la calle Gravina.

La PLAZA PUBILLA CASES (Plaza del Pilar) es cirucular y está circunscrita entre la avenida Tomás Giménez, la calle Simancas.

Fotografía de la Calle Pubilla Casas. (Fuente: La Casa Agency).

La CALLE PUBILLA CASES está situada en la misma barriada entre la avenida Isabel la Católica y la calle Naranjos.

Por Lluís Berbel

La plaza Libertad en La Florida

Fotografía de Plaza la Libertad de l’Hospitalet. (Fuente: mapio.net)

La plaza Libertad es uno de los pocos casos de bautismo popular por parte de los vecinos que reivindicaban el espacio como una zona verde para el barrio. Concretamente, esto ocurrió el 18 de septiembre de 1977 tras una gran manifestación y, a partir de las asambleas que se hicieron posteriormente, se decidió denominar este espacio como “Plaza de la Libertad”. Un participante en la protesta cogió un papel ese día, puso el nombre decidido por todos y lo pegó en una de las paredes.

Hay que tener en cuenta que, en aquellos momentos, tanto el movimiento obrero como el vecinal que vivían los últimos años del franquismo y de la Transición, tenían un alto contenido político donde se reivindicaba el final de la dictadura y el advenimiento de las libertades democráticas. De ahí vino la idea de bautizar a esta plaza con el nombre de Libertad.

La plaza Libertad está situada en el barrio de La Florida entre las calles Levante y Pedraforca, por un lado, y entre la avenida Miraflores y la calle Bóviles, por el otro.

Con anterioridad, en el mismo lugar donde ahora existe esta plaza, había una fábrica de piezas de cerámica denominada “Bóvila dels Valencians”. Hay que recordar que toda esta zona estaba prácticamente deshabitada, todo eran campos y abundaban las bóvilas, que se dedicaban a la elaboración de ladrillos y otros materiales de construcción.

La vida de esta bóvila se prolongó hasta los primeros años 70 aunque al final de la década, perdió su actividad y permaneció cerrada. A su alrededor empezaron a planificarse y abrirse calles como las que adoptaron el nombre de Llevant, Miraflores y Bóviles que seguían el patrón del Plan Urbanístico de 1926. Entre los años 50 y 60 se produjo un crecimiento explosivo del barrio de la Florida.

Al cerrar la bóvila quedó un solar muy apetitoso para los constructores. El sector de la construcción, ya en esa época, había dado un salto cualitativo importante. Los edificios que rodean la plaza,  paralelos a la avenida Miraflores y Bóviles, son de la segunda generación que se construyeron en el barrio de La Florida, mucho mejores que los anteriores. Por eso eran comprados por las familias que ya tenían uno anterior y que querían prosperar adquiriendo un  piso en mejores condiciones. La especulación, en aquellos momentos, había llegado a extremos no conocidos y se construían edificios muy altos y de pocos metros cuadrados.

En el terreno donde ahora está situada la plaza se intentó hacer una de estas operaciones especulativas importantes, pero alrededor de 1975, tanto los constructores como las autoridades municipales se encontraron con la oposición de un movimiento vecinal muy importante. La Associació de Veïns de La Florida reivindicaba el espacio como zona verde y que se convirtiera en una plaza. Se produjeron muchas manifestaciones de las que se hizo eco la prensa del momento. En aquellos años el barrio de la Florida ya contaba con unos 50.000 habitantes con una densidad de las más altas de Europa y ninguna zona verde digna de tal nomre.

Finalmente, los vecinos tuvieron que transigir para conseguir el espacio público y se resignaron a la construcción de los edificios que rodean la plaza y que acabaron llamándose la “Nueva Florida”. Al final, el solar se urbanizó en la década de los 80 como plaza, y su remodelación final se llevó a cabo en 1986.

La plaza ha sufrido posteriormente diversas modificaciones y finalmente se ha convertido en un espacio duro al estilo del urbanismo post-moderno. Se construyó en el subsuelo un párking con tres pisos donde caben casi 800 vehículos aparcados, y se perdió para siempre la posibilidad de un parque verde. En 1992 se tuvieron que realizar obras de impermeabilización del aparcamiento para que el agua de lluvia no se filtrara por el techo. Una vez realizado, se volvió a pavimentar con piedra granítica. Al final, la plaza se ha convertido en un espacio de centralidad del barrio, con un buen número de bares y tiendas que convierten la zona en un espacio muy transitado y animado.

En 1988, y dentro del proceso de catalanización de las calles, la plaza pasó a denominarse Plaça de la Llibertat.

Esta plaza, por su carácter central y populoso, ha acogido todo tipo de conciertos, mítines y fiestas. Uno de estos conciertos multitudinarios de los primeros años fue el de Quintín Cabrera, el cantante uruguayo que vivió en España muchos años, en Barcelona y en Madrid, y cuyas letras de sus canciones defendían la lucha obrera y la libertad.

Por Lluís Berbel y Jesús A. Vila

La calle Aprestadora

La calle Aprestadora

Corresponde al distrito tercero, barrio de Santa Eulalia y toma el nombre de una antigua fábrica textil, concretamente de blanqueo y apresto de algodón conocida como “La Aprestadora Española”. Esta fábrica fue una de las primeras de l’Hospitalet (fundada en 1853 por un miembro de la familia Bonaplata, saga de grandes industriales barceloneses) y la más importante de toda la ciudad hasta su cierre en 1868. Con ella se introdujo en l’Hospitalet la máquina de vapor. Se dedicaba al acabado final de las fibras de algodón, primero mediante blanqueo con peróxidos y más tarde con el apresto final mediante el almidonado de los tejidos.

En aquellos años la fábrica estaba situada en una zona rural rodeada de campos. Para los trabajadores fabriles, tener su casa cerca de la factoría era fundamental por dos razones principales, porque no existían medios de transporte regulares y porque los horarios eran intempestivos, con jornadas muy largas que se iniciaban al despuntar el sol y terminaban cuando oscurecía. De ese modo, los patronos favorecían y los ayuntamientos toleraban, la autoconstrucción de viviendas en los aledaños de las empresas. Así es como nació la calle Aprestadora en Santa Eulalia sobre la base de las pequeñas construcciones de viviendas de planta baja de los primeros obreros de La Aprestadora. Las primeras casas debieron aparecer a principios de la década de los sesenta del siglo XIX y hacia 1890, cuando ya la empresa había cerrado, se completó el tramo inicial hasta la Riera Blanca.

En la década de los años 20 del siglo pasado, la calle ya iba de la Riera Blanca hasta la fábrica Godó y Trias conocida popularmente como les Sangoneres (sanguijuelas en castellano) por estar instalada en una zona de terrenos pantanosos donde se recogían estos anélidos muy utilizados entonces para hacer sangrías sanitarias. A partir de 1928 la calle se bifurcó en dos segmentos, al norte en la calle Sangoneras y al sur en la calle Can Trías, que después han tenido desarrollos autónomos. Desde el año 1948 la calle mantiene su trazado actual llegando desde el límite con Barcelona cerca de la parroquia de Sant Isidre hasta la vía del tren que limita el polígono Gornal. Mantuvo el trazado y se fue poblando a lo largo de esas décadas pero su urbanización definitiva se corresponde con los años 80 del siglo XX. En 1988, en el pleno municipal de octubre, se procedió a la catalanización del nomenclátor y desde entonces es oficialmente el carrer de l’Aprestadora.

Por Lluís Berbel y Jesús A. Vila

La calle Martí Julià

La calle Martí Julià

Entre las pocas calles que, en l’Hospitalet, recuperaron el nombre que se había puesto durante la II República, hay una dedicada a un médico psiquiatra y político que se encuentra en la barriada de Collblanc. Se trata de la calle Martí i Julià que durante todo el período de la dictadura del general Franco homenajeaba a un militar golpista, el primero que pocos meses después de proclamada la República ya se alzó contra la legalidad vigente: el general José Sanjurjo. Parecía evidente que la calle del general Sanjurjo había de ser una de las primeras, junto con la del Generalísimo y General Mola que pronto cambiaran de nombre. Y así se hizo el 9 de mayo de 1979, cuando uno de los primeros plenos municipales de la democracia devolvió el nombre de la calle a quien la ostentó entre el 30 de abril de 1931 y hasta el 17 de noviembre de 1939.

La calle Martí i Julià, que nace en la carretera de Collblanc y va a morir a la Ronda de la Vía, en La Torrassa, atravesando el barrio de norte a sur, recuerda a Domènec Martí Julià médico psiquiatra y político catalanista, de tendencia socialista. Nacido en Barcelona en 1861 y muerto también en Barcelona en 1917, fue, entre 1903 y 1906 y más tarde entre 1914 y 1916, presidente de la Unió Catalanista, organización conservadora independentista que Martí Julià orientó hacia un socialismo conciliador en sus últimos años. Como psiquiatra, Doménec Martí fue director del Frenopático de Les Corts y presidió la Societat de Psiquiatria i Neurologia de Catalunya, introduciendo innovaciones que fueron muy elogiadas en la época. Cuando se instituyó la República, el consistorio republicano de l’Hospitalet le puso el nombre de esta calle (pleno municipal del 30 de abril de 1931) que existía desde el año 1902, cuando se abrió y parceló sobre terrenos de Climent Mas (el propietario del cual recibió el nombre la calle Mas) y de los hermanos Marcel y Pere Romaní Torrella, propietarios barceloneses.

A primeros del siglo XX, sobre esos terrenos entonces sin urbanizar, se abrieron 10 calles a medida que se iban parcelando y vendiendo. Parece que el primer tramo construido fue el que existía entre las calles Holanda y Ronda de la Torrassa, abriéndose posteriormente hasta la calle Goya en 1905. En el trazado de la calle, en su confluencia con Holanda se ven, todavía hoy, las irregularidades del trazado en virtud de las autoconstrucciones y las delimitaciones de las propiedades vendidas. Hacia 1907, la calle crece por el sur hasta la Ronda de la Vía y en la década de 1920 por el Norte, hasta la carretera de Collblanc. Un edificio en Marti Julià con Campalans que conserva la fecha de su construcción da testimonio de esos años: 1926. Hacia 1928 la calle se termina con el dibujo actualmente existente.

Desde que se fue abriendo la calle y hasta el advenimiento de la República —como sucede con muchas de las calles de Collblanc y La Torrassa trazadas sobre propiedades de terratenientes barceloneses—, adquiere el nombre de los propietarios, en este caso con una salvedad curiosa. La calle se llama Romanins, haciendo referencia plural a los hermanos Romaní.

Otra curiosidad que tiene mucho que ver con sus orígenes. Pocos vecinos de la zona ignorarán la existencia en esta calle, hasta no hace mucho, del popular cine Romero, llamado así por la castellanización del apelativo Romaní, nombre de los propietarios de los terrenos. El cine Romero, en el corazón de La Torrassa, tenía mucha historia entre sus paredes —cerró en 1974— porque fue testigo de muchos actos y mítines sindicales y obreros.  Entre sus muros se oyó, entre muchas otras, las voces de Federica Montseny en 1934 y de los anarquistas Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso  en 1936.

Por Lluís Berbel y Jesús A. Vila

La calle Roselles

La calle Roselles

Ningún nomenclátor —dícese del catálogo de nombres de las calles de una ciudad— es perfecto. En L’Hospitalet tampoco. Dicen, quienes lo han estudiado en detalle —El Centre d’Estudis de L’Hospitalet básicamente—, que hay 27 repeticiones. Hoy vamos a hablar de una de ellas.

Se trata de una calle que desemboca en la Plaza del Ayuntamiento y que nace tres travesías más allá, cerca de la Plaza Virgen de Montserrat popularmente conocida en el barri Centre como Plaça del Bacallà. Algún día explicaremos por qué. Roselles, rotulada en catalán, existe desde el 6 de octubre de 1988 cuando el ayuntamiento en pleno aprobó el nomenclátor oficial de la ciudad en catalán. Hasta esa fecha, con una única salvedad —la del plano oficial de la ciudad que editó el Ayuntamiento en 1970, que la rotulaba curiosamente en catalán— la calle se llamaba Rosellas, que en castellano americanizado apenas quiere significar unas aves, unos hongos o lo que es peor, unas polillas. Nada que ver con la idea del nombre original que en catalán significa exactamente esa flor roja de los trigales que en castellano llamamos amapola. Por lo que parece, al final de esa calle, cuando se abrió, habían campos y en primavera se teñían de rojo. La gente al citarla indicaba esa ubicación: “ a prop del carrer de les roselles…”, aunque en realidad ese fue un nombre popular, no su nombre oficial que tomó realmente en septiembre de 1939.

Cuando esa calle se abrió, el 4 de enero de 1879, tomó el nombre de la casa que hacía esquina con el nuevo trazado y la plaza del Ayuntamiento: Can Perutxo, ubicada sobre el número 40, en aquellos años, de la calle Mayor. Fueron los herederos de Josep Mestres i Riera quienes pidieron permiso municipal para parcelar su propiedad y abrir un pasaje de 34 palmos de anchura “por donde deberán transitar libremente a todas horas, personas, carros y carruajes”. En realidad se trataba de la primera calle que enlazaba la Vila Vella con la Marina, esto es, la zona urbana con los campos del sur. Y representó, en este sentido, el primer intento de ensanche, sobre el lado mar del trazado urbano del núcleo antiguo, aunque el que efectivamente se consolidó llegaría después, en 1883 con la apertura de las calles Rossend Arús, Príncep de Bergara, Sant Roc, Provença i Josep M. de Sagarra. Un poco antes, en 1867, ya se había abierto el carrer Nou de l’Església, en el lado montaña.

La calle se llamó oficialmente Pasaje Perutxo hasta junio del año 36 cuando el portavoz del Casal de ERC del distrito 1 de Barcelona, Pere Pié, pidió por carta al consistorio hospitalense cambiar el nombre del pasaje Perutxo por carrer Francesc Layret. Jaume Mateu, concejal de Foment del gobierno municipal republicano asumió la propuesta y elevó a la Comisión de Gobierno el cambio de nombre en julio del 36, un poco antes de la sublevación militar. Ya en plena guerra, el 2 de septiembre de ese mismo año, la calle Perutxo desaparecía y tomaba el nombre del abogado laboralista Francesc Layret, defensor de los obreros y asesinado en 1920 en Barcelona por miembros del Sindicato Libre a sueldo de la patronal.

Recién acabada la guerra y hasta finales de mayo, una de las primeras medidas del consistorio franquista consiste en cambiar todos los nombres de las calles que “atenten contra el Régimen Nacional Sindicalista y el Gobierno del Movimiento Nacional” cambiados en su día por los Ayuntamientos de la República “y marxistas”.

Hasta noviembre del 39 no se cambia Francesc Layret por Rosellas, esta vez no por el anterior nombre oficial, probablemente porque Perutxo tenía una grafia catalana y porque debían ignorar de queiken se trataba específicamente y ante la duda… El trabajo de meditar sobre los nombres recayó sobre la Falange local que propuso dos alternativas para esa calle Rosellas o Capitán Hernando Prats —finalmente nombre adscrito a una calle de Santa Eulalia.

Cuando bien entrada la democracia se modificó y se oficializó el nomenclátor en catalán, la calle Roselles recuperó la grafía correcta y Francesc Layret su calle en Collblanc. Pero en Pubilla Casas, como consecuencia del diseño de Puig Gairalt en 1925 que diseñó para esa zona un ensanche de ciudad jardín, muchas de las calles abiertas tomaron nombres de flores y Amapolas fue una de ellas. Hoy, la calle Amapolas sigue existiendo y es una de las pocas rotuladas en castellano en el nomenclátor hospitalense para no darse de bruces con la calle Roselles del Centro.

Esa calle Amapolas, nacida en 1948 y desde 1960 sin salida, tiene un pedacito de historia porque en el entresuelo del número 28 se fundó en los años 70 la Asociación de Vecinos de Pubilla Casas, La Florida y Can Vidalet, que se llamaba así incluso después de aparecer la de La Florida y que se fundó con el nombre de los tres barrios vecinos —Can Vidalet siempre perteneció a Esplugues, aunque algunos vecinos siempre han reivindicado su incorporación a l’Hospitalet— por temor a que el gobierno civil franquista restringiera los permisos para nuevas asociaciones de vecinos.

Por lo que corresponde a la calle Roselles, cabe señalar que en uno de sus bajos nació la Llibreria Perutxo —existente hoy todavía en la Rambla Just Oliveras— que tomó el nombre precisamente del primer rótulo de esa calle y mantiene todavía un pequeño núcleo de viviendas catalogadas, las casas del 7 al 11, del 23 al 25 y del 29 al 33, muestra del tipo de residencia original de planta y piso.

Por Lluís Berbel y Jesús A. Vila

La calle Pau Sans

Retrato de medio cuerpo de Pau Sans i Guitart. (1836-1900). Extraído del Archivo Municipal de l’Hospitalet.

Pese a que durante la época de Franco muchas calles de l’Hospitalet cambiaron su nombre, especialmente aquellas de honda significación democrática o catalanista, hubo una, dedicada a un personaje nacido en la ciudad, que se mantuvo, si bien se castellanizó el nombre. Nos estamos refiriendo a la calle de Pau Sans, en el distrito de Sant Josep, entre Prat de la Riba i Avinguda Carrilet. Entre 1939 y 1988, la calle Pau Sans se llamó oficialmente Pablo Sans, pese a que Pau Sans i Guitart  fue un político catalanista de reconocida entidad.

Nacido en l’Hospitalet en 1836 y muerto en Barcelona al albor del siglo (1901) fue ingeniero industrial especializado en redes ferroviarias y a la vez político y poeta. Pudo estudiar gracias a la relativa estabilidad familiar puesto que su padre regía una taberna en la calle Mayor, donde vivió con sus padres y hermanos hasta el fallecimiento del padre, hacia 1850-55. La madre, era originaria de Sant Feliu y él era el mayor de ocho hermanos. Convertido en ingeniero, residió un tiempo en Zaragoza como técnico de la compañía de los Ferrocarriles de Zaragoza a Pamplona y Barcelona y más tarde se convirtió en ingeniero-jefe de movimiento de la Compañía de Francia, donde tuvo que abandonar el cargo en un conflicto obrero por dar la razón a los maquinistas que tenía bajo sus órdenes. Fue el primer director de La Tracción Ferroviaria Ilustrada, revista de contenido obrerista en defensa de los intereses de los ferroviarios y ya con cincuenta años fue nombrado ingeniero municipal de la ciudad en un momento de considerable flujo de nuevas instalaciones industriales. Vinculadas con esta temática del ferrocarril fueron sus primeras obras: La locomotora en acción (1868) para uso de maquinistes y fogoneros, Guia de maquinistas y fogoneros de ferrocarriles (1888), Preguntas y respuestas relativas á la conducción y conservación de las locomotoras (?), Colección de problemas de aritmética con aplicación a la industria (1887), y Detalles elementales de la construcción y funciones de la locomotora (?). También escribió la memòria económica El porvenir industrial de Zaragoza (1885) y multitud de artículos técnicos en revistes especializadas del sector hasta 1896.

Vinculado estrechamente a l’Hospitalet durante toda su vida, participó activamente en la fundación del Casino de l’Harmonia (1866) entidad de configuración progresista muy activa durante el sexenio revolucionario (1868-1874) y dio clases de aritmética y geografía en el Ateneu Obrer por lo menos durante los años 1886 y 1887.

Además de ingeniero y escritor de libros técnicos destacó por su numerosa producción poética, en muy buena parte inédita y compilada en el fondo a su nombre, del Arxiu Municipal. Algunos poemas fueron publicados en La Renaixença, donde fue redactor desde 1866, firmados como Pau de Provençana (1882) y otros en La Il·lustració Catalana (1866). Varios de esos poemas (Festa Major, Enyorament…) están dedicados a la ciudad, y hay otros como Un trist record, 1714 (1885) a la efeméride del 11 de septiembre de 1714. Escribió entre 1854 y 1895 también relatos y diversas piezas teatrales, una de las cuales, Lo dia del cop (1889), fue estrenada en dos de las entidades más vigorosas de la ciudad, el Casino de l’Harmonia y el Casino del Centre. En la Fiesta Mayor de 1890, la Societat Coral La Campestre estrenó una de sus canciones más conocidas, La locomotora, con música de Antón Vaqué.

Su prestigio literario le llevó a formar parte del Jurado (como secretario y mantenedor) de los Juegos Florales de Barcelona de los años 1887 y 1888 junto a personalidades de las letras como Jacint Verdaguer, Àngel Guimerà o Marcelino Menéndez y Pelayo.

Como político fue el primer presidente de la Lliga de Catalunya (1887) y más tarde de la Unió Catalanista. Fue el primer firmante del “mensaje” a la Reina Regente en mayo de 1888 hecho por la Lliga  y que se considera, por su dimensión histórica y por el listado de reivindicaciones, uno de los textos fundacionales del catalanismo político, a la vez que participó activamente como representante de l’Hospitalet en la elaboración del documento de Les Bases de Manresa (1892).

Esta activa participación supondría uno de sus últimos actos públicos. A partir de 1894, los achaques de la vejez y sus penalidades familiares (en pocos años mueren un hijo de 13 años, una hija de 19 y su mujer), le mantienen recluido hasta que fallece en octubre de 1901.

Curiosamente, habrá que esperar hasta 1923, unos meses antes del golpe de Estado de Primo de Rivera, para que l’Hospitalet le dedique una calle. Es en junio de 1923 y la decisión incluye la autorización bilingüe del rótulo, aunque en la Guía Oficial de 1928-1929, la calle Pau Sans se encuentra rotulada en catalán. Se mantiene como carrer Pau Sans hasta 1939, en que se castellaniza el nombre sin que, curiosamente, desaparezca del nomenclátor. Se ve que pesó mucho más el carácter local del personaje que su trayectoria pública. Por una vez se impuso el sentido común. En octubre de 1988 se oficializó el nombre que mantiene en la actualidad.

Por Luis Berbel y Jesús A.Vila

“El hacinamiento es una de las mayores fuentes de contagio“, según Milagros Pérez Oliva

Foto de Milagros Pérez Oliva

21 de septiembre de 2020

“El principal factor de riesgo de contagio del virus, diferencial, es pertenecer a una comunidad socio-económica vulnerable porque las condiciones de vida en que viven estas personas hacen que esten más expuestas a entrar en contacto con este virus”, manifestó  Milagros Pérez Oliva, periodista y especialista en temas sanitarios, en una conferencia organizada por la entidad “Tres Quarts, Cinc Quarts” de l’hospitalet bajo el título  “Més enllà del Covid-19”.

“El virus progresa y se contagia más allí donde hay unas condiciones de vida más proclive a las condiciones de contagio: convivencia, hacinamiento y mucha gente junta”, subrayó Milagros Pérez.

Con una ejemplar exposición realizada, la periodista se manifestó una ferviente defensora de la sanidad pública. Consideró que “ha sido una de las grandes conquista sociales que tenemos en España” y es uno de los activos más importantes de los últimos 40 años de democracia. “Tener un sistema universal y gratuito y que nos protege a todos por igual sin hacer ningún tipo de distinción ni por situación económica, ni lugar de nacimiento ni por condición de género ni de raza, es una riqueza extraordinaria”, sentenció Milagros.

La asistencia asegurada

Tener asistencia asegurada es uno de los mayores niveladores que tenemos. Factor de equidad de primer orden, sin él, la cohesión social no existiría como tal y  estaríamos hablando de otra cosa”, afirmaba la periodista. Y añadía: “Si precisamente hablamos de cohesión social es porque tenemos dos pilares del Estado de Bienestar  que son: el sistema sanitario y el sistema educativo. Ambos proporcionan asistencia y garantizan educación y sanidad gratuita para todo el mundo. Garantiza la igualdad de oportunidades para todos”.

“Tenemos un modelo sanitario excelente”, recalcó Milagros en su exposición y manifestó que “si el mejor de los modelos no tiene los recursos adecuados, no será todo los excelente que podría ser”. La falta de recursos e inversiones ocasiona que no podamos sacar todo el provecho. Todo y así, nuestro modelo resiste la comparación con otros modelos que no son de cobertura universal gratuita.

Podemos compararlo con el de Gran Bretaña, primero con un sistema de salud pública universal pero que con los recortes de Margaret Thatcher, que empezaron  incluso antes que en el nuestro, el sistema está prácticamente depauperado exraordinariamente. Su sistema está mucho peor que el nuestro. Ha habido una ofensiva ideológica muy fuerte a favor de la privatización.

Francia y Alemania

Otros modelos que son de cobertura universal pero no de provisión pública como pueden ser el  francés y el alemán garantizan la equidad porque garantizan la cobertura universal pero son más caros.

Podemos decir que nuestro sistema, entre los recursos que dispone y los resultados que obtiene, en todos los estudios comparativos aparece como uno de los más eficientes del mundo. Con menos recursos obtiene los mismos resultados que otros sistemas que son más caros.

España gasta un 6,4% del PIB en la sanidad pública, aún estamos lejos de la media europea. Pero si comparamos, nuestro sistema con los liberales o ultra liberales como funciona en EE.UU., no hay color. Milagros dio algunos datos sobre el sistema americano.

Familias hundidas por el gasto sanitario

En Estados Unidos, se pasó de ocupar el 6,4 del PIB al 17% del PIB con las reformas de Barack Obama. Aun así, un 40 millones de habitantes no tienen cobertura sanitaria. Un 63% de las familias que se han hundido económicamente, la causa ha sido por tener que afrontar tratamientos médicos que no cubría la sanidad pública.

En España no se han hecho grandes inversiones desde hace 20 años. La sanidad pública debería subir el gasto actual en dos puntos por encima del PIB. España mantuvo el gasto medio que se realizaba a a nivel europeo hasta el 2009. A partir de aquí se produjo unas rebajas importantes. Comparando el presupuesto de 2009 con el 2015 hay una diferencia negativa de cerca de 10.000 millones. “Hay una descapitalización del sistema sanitario”, afirmó Milagros Pérez. Y añadió: “en los últimos 6 años la reposición de personal ha sido cero”

La pandemia por el coronavirus ha hecho que  toda la maquinaria sanitaria se dedicara al tratamiento de esta enfermedad. Y quedaban desatendidas otras patologías. El  resto de enfermedades, seguían apareciendo. Se dio la paradoja que a finales del mes de junio hubieron muchos enfermos con cardiopatías por no ser tratados debidamente.

Grandes Diferencias entre las CCAA

Otro hecho destacado en la conferencia, es la gran diferencia entre Comunidades Autónomas. Un ejemplo es la diferencia existente entre Asturias, País Vasco y Navarra, con un gasto sanitario superior, alrededor de un 30% superior al de Andalucía.

Se ha realizado una inversión importante en hospitales y hoy en día todos los habitantes disponen en menos de 100 Kms. un hospital e referencia

Aún así, la sanidad ha tenido poca atención política. La sanidad no ha sido la prioridad para los Gobiernos. En 10 años, 9 ministros. Y ninguno de ellos tenía ningún conocimiento.

Los retos de la sanidad es la misma para todos los países del mundo.

1.- Presupuestaria y financiación.

2.- Afrontar la nueva demanda sanitaria

2. Cambio del perfil del enfermo. (Pacientes crónicos)

4. Mayores inversiones en la  Asistencia Primaria y en la red Pública de Salud

Es necesario una humanización del sistema sanitario sino se hace, los usuarios de la sanidad pública puede irse a la privada cuyo objetivo número uno, es el desmantelamiento de todo lo público.

Por Lluís Berbel