Las realidades paralelas y el papanatismo

Toda la prensa mundial se ha hecho eco del congreso internacional Global Progressive Mobilisation que acogerá este fin de semana el encuentro de líderes de la socialdemocracia del siglo XXI, organizado por la Internacional Socialista, el Partido de los Socialistas Europeos y la plataforma Alianza Progresista. Toda la prensa mundial resalta este encuentro en Barcelona donde se han inscrito 3.000 personas y donde están programados más de un centenar de actos entre mesas redondas, encuentros bilaterales y contactos al más alto nivel.

Todo el mundo habla de Barcelona como capital del progresismo durante este par de días. Todo el mundo… excepto los medios de comunicación públicos de l’Hospitalet que explican que es en l’Hospitalet donde se produce el encuentro. Como es obvio, si a algún dirigente mundial le dijeran que el congreso se realiza en un municipio que se llama l’Hospitalet de Llobregat en lugar de Barcelona, aseguraría que se han equivocado de evento porque a ellos los han citado en Barcelona y no en un sitio que lleva otro nombre.

Entonces… ¿Quién tiene la razón?. El encuentro mundial ¿tiene lugar en Barcelona o en l’Hospitalet? A juzgar por los límites territoriales, igual es verdad que tienen razón los medios públicos de comunicación, pero lo cierto es que excepto unos pocos, nadie considera que la Fira de Barcelona, que es el lugar fijado para el congreso, pertenece a otro municipio que el que lleva su nombre. Todo, desde el nombre del espacio hasta el negocio que hay detrás, corresponde a Barcelona, y los límites territoriales resultan simplemente una interpretación sugerente de una realidad inapelable: l’Hospitalet de Llobregat es ese lugar donde se hacinan 300.000 personas a un paso de la capital de Cataluña y Barcelona es el lugar donde se hacen los negocios y donde se convocan los eventos. Y esto ha sido así desde principios del siglo XX —por lo menos— y hasta ahora mismo, porque en esta ciudad, excepto excepciones puntuales, siempre han gobernado los que se quieren a sí mismos y no a su ciudad.

Dicho lo cual, ese papanatismo de los medios públicos es digno de guasa, —cuando debiera serlo de seria reflexión— pero ¡hay! del que ose reírse de su manera de ver las cosas.

Me acaban de comentar los de FIC, acerca de un encuentro con algo así como el Jefe de Comunicación del Ayuntamiento, un tal Mario Boss, al que algunos de este digital han aprovechado para preguntarle qué se debe hacer para que la publicidad institucional que el gobierno municipal riega arbitrariamente a quien le ríe las gracias, pueda llegar, aunque sea en migajas, también al digital que ustedes leen en este momento. Por una simple cuestión de igualdad de oportunidades y de justicia distributiva.

La respuesta que me han hecho llegar no puede ser más lamentable porque para Quiroseno y su equipazo, explicado por el avispado representante de la comunicación institucional, este digital no es un digital. Es, simplemente, un blog de internet. Una apreciación tan inteligente, acertada y ajustada a la realidad, como la ubicación del congreso internacional de l’Hospitalet. Igual L’Estaca no es un digital al uso, que habría que discutirlo. Pero parece evidente del todo que es un digital que informa, contrasta, interroga, denuncia, protesta, incide, investiga, informa y tiene un público lector, fiel e inteligente, como otros muchos digitales existentes.

Es verdad que L’Estaca es distinto a otros. Especialmente porque lo elaboran periodistas y escribidores varios, que no cobran ni medio euro por tantísimo trabajo y, substancialmente también, porque es un digital de información crítica que pone el acento en los vicios del poder, en sus arbitrariedades y en sus métodos autoritarios… —en la específica manera que el poder y sus acólitos ven la realidad— y eso no suele gustarle al poder y mucho menos al poder absoluto, que se siente vencedor en todos los frentes, como hace bien poco acaba de suceder. Esa victoria de los de siempre, con la ayuda inestimable de la oposición municipal —que tanto se quejan de los de siempre— a los que ya les habían dicho en varias ocasiones que L’Estaca no es un digital porque, a ellos, no hay digital que les ladre…

De paso, con esa interpretación tan sui generis de la realidad, que es norma de la casa y del equipazo de Quiroseno, el susodicho representante Mario Boss ya hace unos cuantos meses le dijo a otro colaborador de L’Estaca que este escribidor que les da hoy la vara, insulta. Insulta porque llama al señor Jesus Husillos, Jesusillos y al señor Quirós y a su tropa, Quiroseno y su equipazo. De nuevo, una muestra elocuente de interpretación particular sobre un hecho que tiene un sesgo absolutamente distinto.

Según el diccionario, insultar es “ofender a alguien”. Y ofender es “humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o hechos”. Ya dice un refrán bien conocido que “no ofende quien quiere sino quien puede”, y les puedo asegurar que el Candelas podría ofender, pero no es justamente lo que quiere. Por lo tanto, no tiene voluntad de humillar ni de herir el amor propio —aunque los amores propios son muy interpretables—, y por eso mismo no insulta sino que, directamente, emplea una ironía que los que no entienden de filigranas verbales no acaban de interpretar cabalmente.

“La ironía es la cortesía de los sabios”, como parece que decía Sócrates o que decían de Sócrates. Y con las debidas distancias, el Candelas suele ser cortés y jamás le diría que le gusta la fruta a nadie, ni se le ocurriría poner vetos a cualquiera —como le ha ocurrido a alguien de esta casa hace bien poco—, que es la mejor manera de humillar y de ofender, y que podría llegar a ser considerado claramente un delito en nuestro código penal.

Así que, al querido Mario Boss, que va de jefazo, un poco de finura mental y a Jesusillos un poco de talento y al que todo lo querosena un poco de mano izquierda, que de tanto usar la derecha se le va a descompensar. Y a los “magníficos profesionales” también un poco más de sentido común, que suele hacer más daño el ridículo que la evidencia.

Y aunque estemos solos —como se ha visto recientemente— en este universo de la crítica política al poder, volver a poner el acento en que los recursos públicos no son del gobierno local y que el riego de pasta a los medios de comunicación no puede pretender conseguir prebendas sino poner de manifiesto la igualdad de oportunidades a quienes se toman en serio la construcción de la opinión pública.

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