A los centristas se les cae la careta

Que las políticas que se aplican en general dependen de las personas más que de los partidos, se está poniendo brutalmente de manifiesto estos días en toda Catalunya. Es verdad que también depende en buena medida de la presión de los partidos a los que les cuesta una vida entera ganar unas elecciones pero que son capaces, con su claridad conceptual, imponer políticas más radicales de las que los partidos que siempre las ganan son capaces de aplicar.

Me refiero, claro está, a las diferencias, substanciales, entre las señales y las dinámicas del gobierno del criticado Sánchez y las del tieso Illa maravilla que, en tres días, ha mostrado la cara más nefasta de su tacto como gobernante. Los partidos que gobiernan en Madrid y en Barcelona son el mismo, o muy parecidos. Pero las políticas son muy distantes en aspectos que tienen que ver con la sensibilidad social. Influye, naturalmente, que en Madrid haya unos ministros bastante más de izquierdas que otros. Y parece que esos más de izquierdas que son minoría y de otro colectivo, presionan siempre que pueden para que, a los que son claramente menos de izquierdas, se les note poco. Ya decía que muchas de las decisiones políticas tienen que ver más con las personas que con los partidos y, siempre, mucho menos, con las etiquetas ideológicas porque eso de la izquierda añadido a Felipe González, por ejemplo, es un oxímoron. Hoy, abracadabrante; pero los que lo sufrimos en su día cuando decía una cosa y hacía la contraria, de una evidencia absoluta.

Decía que el presidentilla ha hecho en solo tres días declaraciones, propuestas y proyectos que claman al cielo y que se han denunciado, han calado en la prensa y conviene destacar, porque ubican al personaje y a lo que pretende.

Tres proyectos sonados, unos más que otros, pero elocuentes todos ellos. El primero, el empeño personal en la erradicación de los problemas de vivienda, con la peor medida imaginable: la de saturar todavía más un territorio ya absolutamente saturado, especialmente en el área metropolitana de Barcelona. Saturar, a base de construir. Y si se tiene en cuenta que construir y vender es uno de los negocios especulativos más considerables, la propuesta del presidentilla es reforzar el loby de la construcción/promoción para que siga ganando la mayor pasta posible. No vamos a entrar en detalles, pero hay muchas otras medidas que se podrían tomar para beneficiar a los vulnerables que desean vivir en condiciones bajo un techo. Las han expuesto muchos especialistas y lo único que hace falta es una sensibilidad social desde el gobierno para aplicarlas.

El segundo, del que este digital se hizo eco hace muy poco, la barbaridad de incorporar policías de paisano en los institutos de secundaria con la excusa de evitar conflictos. Como dijeron los indignados profesores de muchos centros de toda Catalunya, lo esencial para evitar conflictos sociales es garantizar la igualdad de oportunidades en los barrios más pobres y con peor calidad de vida. Los centros en su día, ya detectaron el problema y le hicieron frente con éxito y garantías, merced a los profesionales de integración social a los que la misma Generalitat del presidentilla ha ido expulsando progresivamente con el recorte financiero de sus equipos.

Y el tercero, por ser rápidos, la desfachatez que nos toca muy de cerca, de otorgar la Cruz de Sant Jordi al empresario que dirige el grupo Moventia. Un grupo, que si se ha destacado por alguna cosa ha sido por llevar meses una de sus empresas enfrentada con su plantilla de trabajadores y por licitar a la muy baja para ganar contratos de la Administración que luego son incumplibles y que perjudican a los que trabajan y a los que se suben a los autobuses, que también suelen ser los que trabajan. La cruz de Sant Jordi para el peor ejemplo empresarial.

Este PSC catalán necesitaría una izquierda de verdad que le presionara como corresponde para parecerse un poco más a sus colegas del Estado. De donde se deduce que, sin la presión de la izquierda opositora, los gobiernos que se dicen socialistas y que ya habría que empezar a considerarlos centristas con un optimismo suave, tienden a la barbaridad (los polis en las escuelas), a la desfachatez (la cruz de Sant Jordi a un explotador) y al favoritismo (potenciar al loby constructor/promotor).

Para llegar hasta ahí dicen que se sienten presionados: por la inseguridad en las escuelas, por la presión de la calle respecto de la vivienda, por la presión de las empresas en sus licitaciones a la baja. Y por eso, este gobierno centrista hace lo que hace.

¡Ah, las presiones sobre el gobierno que sirven a su vez para presionar a la oposición! En l’Hospitalet sabemos de qué hablamos porque las presiones sobre la oposición al gobierno centrista del amigo Quiroseno le han dado resultado últimamente. Son los mismos pájaros en distintas jaulas, pero cantan igual. Y es que, a los centristas de aquí, y de allá, se les está empezando a caer la careta.

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