Una ciudad sin audacia

Imaginaros por un momento que los 14 concejales de la oposición de esta ciudad se sientan en una única mesa para hablar de futuro. Es difícil de imaginar, porque para que se sentaran en una única mesa habría hecho falta antes que la responsable del PP hubiera convencido al portavoz de Vox para que respondiera únicamente a las preguntas que se le hicieran sin añadir demasiados matices y para que el resto de fuerzas de la izquierda se sentaran frente a frente las unas de las otras para poder ignorar lo que se moviera a su extrema derecha.

Echarle imaginación y considerar que ya están sentados y que la portavoz popular pide a los 13 concejales a su alrededor que voten como alcalde al portavoz republicano, naturalmente tapándose la nariz, las vergüenzas y hasta los ojos, si fuera necesario. Para ello tendría que haber convencido previamente a solo tres de ellos, porque ella ya lo está: el que va a ser el alcalde, el que va a ser el segundo teniente de alcalde y el que se va a mantener fuera del gobierno, pero que va a ser escuchado con atención en todos los plenos, al que se le van a votar a favor todas las enmiendas que presente —excepto aquellas que le lleguen vía aparato, que esas van a ser rechazadas—, al contrario de lo que le viene sucediendo hasta ahora, que ni se le escucha, ni se le tiene en cuenta y al que se zahiere cada vez que es posible.

Para que se vote al alcalde, se ha pactado ya el gobierno y se ha pactado ya el programa. Y se ha pactado, sobre todo, el respeto temporal, que quiere decir que, durante los próximos 18 meses, van a ser escrupulosos en lo acordado, pero sobre todo en lo que puede poner en crisis lo acordado: nada de insensateces y mucho menos de provocaciones. Ni siquiera las verbales.

El gobierno es un poco lo de menos, pero van a haber cinco tenientes de alcalde y otros seis concejales de distrito. El primer teniente de alcalde y el cuarto, de los populares, el segundo y el quinto de los Comuns y el tercero, republicano. Los concejales de distrito, repartidos equitativamente entre las tres fuerzas.

Lo importante es el programa y, en 18 meses, el programa tiene que ser un programa de urgencias y de mínimos, sobre todo teniendo en cuenta los equilibrios que implica su realización. Un programa que incluya la búsqueda de solares para nuevas escuelas, la aplicación de las urgencias de mantenimiento en los centros y la adecuación de los patios. En sanidad, el acuerdo para ubicar el nuevo hospital y los trámites para llevarlo a cabo, así como los CAPS en proyecto. En economía y comercio, la urgencia de las obras de los mercados de Collblanc y Bellvitge y campañas municipales de comercio de barrio. En deportes, el acuerdo final para el polideportivo de Santa Eulàlia y la renovación de los contratos de los polideportivos. En urbanismo, la compra de suelo público, la moratoria sobre los permisos de nuevas edificaciones de viviendas libres y la congelación de los acuerdos sobre los proyectos de Can Rigalt y las obras del clúster de la Gran Via. Además, la resolución del contencioso de los vecinos de la Porta Nord para que no tengan que abandonar sus casas. En patrimonio, la recuperación y uso de los espacios hasta ahora cerrados: Albert Germans, Cosme Toda, La Remonta, Can Trinxet, la apertura de los refugios de la guerra civil y la rehabilitación de las pocas masías que todavía quedan en pie. En hacienda pública, la rebaja de la fiscalidad para residentes y comerciantes, el recálculo de la tasa de residuos y nuevos incentivos para el uso de la deixalleria. En seguridad ciudadana: la urgencia de los medios técnicos y de ubicación de la Guardia Urbana, la recuperación de la policía de proximidad y la vigilancia exhaustiva de los espacios públicos (jardines, plazas, parques…) En servicios sociales, un aumento del volumen de trabajadores para atender a la creciente demanda y la aplicación de criterios racionales para el empadronamiento. En la plantilla municipal, un estudio de los servicios y de los chiringuitos, con la readecuación de las direcciones y la reevaluación de las capacidades de las direcciones ejecutivas. En la política de subvenciones, un análisis consensuado de las entidades que requieren soporte y de lo que simplemente son accesorios que benefician el clientelismo social. En política de vivienda, un estudio concienzudo del esponjamiento de los barrios del norte de la ciudad a través de adquisición de solares y edificios, una política de rehabilitación y reubicación del vecindario consensuada y una incentivación del cooperativismo inmobiliario. En participación, un esfuerzo consensuado para ampliar los márgenes de la intervención social en los distritos, en los plenarios y en los instrumentos cívicos de participación (mesas sectoriales, Consell de ciutat, consejos de administración de empresas públicas, etc. En materia informativa, la garantía de una información pública controlada por la sociedad civil y la eliminación de los instrumentos de propaganda al servicio del gobierno local; recuperación de la emisora municipal e intervención televisiva. En mantenimiento ciudadano, el control de la limpieza en las calles, la iluminación de las arterias y el culto de la civilidad. En movilidad, análisis de las necesidades de los barrios en cuanto a carriles bici, aparcamientos y tránsito rodado y adecuación consensuada en cada ámbito. En relaciones exteriores, congelación de aportaciones inútiles —ya está bien de ser el eterno patio trasero de Barcelona— y propuestas convincentes de futuro (Fira 2000, Fira de Barcelona, etc).

Imaginaros un programa elaborado por los políticos —más exhaustivo, seguramente más preciso y ajustado—, no por este humilde comentarista en cinco minutos, pero en esa línea de acuerdos posibles. Dudo mucho que en lo especificado hasta ahora, no estén absolutamente de acuerdo los cuatro grupos de oposición. Tres de ellos podrían demostrarle a la ciudadanía lo mucho que se puede hacer cuando el esfuerzo es compartido y la prosperidad se mide en realidades y no en palabras. El cuarto podría explicar también que no tiene ningún interés en los sillones sino en la política y que, sin su esfuerzo —sin sus tres síes— no hay votos, no hay gobierno y no hay programa.

Y lo más importante. Con 18 meses, este gobierno y este programa, las capacidades que se les suponen y las ganas de acuerdo y no de lo contrario, acabarían demostrando a la ciudadanía que en esos equipos hay futuro. Y para el 2027, otro gallo nos cantaría.

Pues bien, lo que habéis leído es un sueño. En esta ciudad no hay audaces. Jamás los hubo y así nos va…

La solidaritat amb Veneçuela

De fet, l’Hospitalet no viu d’esquena a tot allò que passa més enllà dels seus 12 Km2 i pico i, fins i tot arreu del mon. Arran del genocidi en curs a Palestina, hi ha hagut mobilitzacions solidàries a la nostre ciutat, i tampoc no van faltar iniciatives solidàries ara fa un any quan les víctimes de la Dana al País Valencià. Ara, el fets a Veneçuela del 5 de gener, la intervenció nord-americana al país sud-americà i el segrest del president Maduro, també s’ha viscut als nostres barris.

A l’Hospitalet hi ha una immigració d’origen veneçolà d’unes 2.712 persones, segons l’IDESCAT amb dades de 2024. Aquesta immigració te una distribució força homogènia en els sis districtes de la ciutat i té unes característiques molt diferents a les de la immigració veneçolana a Madrid, que es concentra essencialment en el barri benestant de Salamanca.

No resulta fàcil conèixer de primera mà les opinions d’aquests col·lectiu sobre la situació actual en el seu país d’origen. Es pot detectar una certa divisió d’opinions sobre el règim de Veneçuela però, en tots els casos, el que es mostra de manera evident és la preocupació sobre els efectes d’aquests fets. Gairebé tothom expressa temors sobre l’evolució de la situació i les repercussions sobre les seves famílies.

Aquesta preocupació s’estén a la població d’origen colombià, que quasi multiplica per tres la d’origen veneçolà. En el seu cas son unes 6.533 persones i constitueixen la comunitat d’origen immigrant més nombrosa a l’Hospitalet. Estant veient com evoluciona la situació a una Veneçuela que sembla que pot acabar convertint-se en una mena de protectorat dels Estat Units i son conscients de les amenaces que un dia i un altre es fan contra el seu país des de l’administració nord-americana.

Totes dues comunitats son formades quasi al 50% per dones i homes i han arribat fins aquí a la recerca d’unes millors condicions de vida, deixant en els països d’origen bona part de les seves famílies. D’aquí les seves angoixes sobre l’evolució dels esdeveniments a un i altre país.

Fins ara han trobat suports entre el veïnat més proper i no sembla que des de la trentena d’entitats de cooperació de la ciutat s’hagi endegat cap iniciativa específica de solidaritat amb la població d’aquests països. Tot i així, des de les organitzacions sindicals i des de col·lectius diversos com ara L’Hospitalet amb Palestina o la Unitat Contra el Feixisme i el Racisme de l’Hospitalet s’han emès comunicats de solidaritat i es va cridar a una concentració d’urgència a la plaça d’Urquinaona a Barcelona.

Però la situació continua sent greu i segurament caldran més iniciatives de suport al poble de Veneçuela i al col·lectiu immigrant de la nostre ciutat, amb independència de les valoracions polítiques que es puguin fer sobre els respectius governs. També seria bona cosa fer sentir a d’altres comunitats de persones immigrants, com les quasi 900 persones d’origen ucraïnès, l’escalf del veïnat amb elles i amb les seves angoixes. Restar amb els braços creuats no sembla ser una bona opció.

I ara? Més enllà de la desconfiança

Ara, quan l’alcalde Quirós i amb ell el govern municipal ha perdut la confiança del ple municipal i no ha aconseguit aprovar el seu projecte de pressupost pel 2026, pot ser oportú posar sobre la taula les limitacions a la autonomia municipal i a la mateixa democràcia de base que impliquen les lleis que regulen la vida municipal.

De fet, ja és conegut que amb les lleis actuals que afecten la vida municipal de la nostra ciutat, el ple municipal, és a dir, la representació d’allò que ha escollit la ciutadania amb el seu dret de vot, té unes competències força limitades. La llei 57/2003 de desembre del mateix any,  coneguda com la de les “grans ciutats” aprovada pel PP, deixa total poder de decisió en mans de l’alcalde i de la seva junta de govern. El ple només és decisiu en dues qüestions: l’elecció de l’alcalde i l’aprovació dels pressupostos anuals.

Tot i així, fins i tot aquestes competències atorgades al ple municipal, tenen limitacions. L’elecció de l’alcalde. Si no hi ha una majoria al ple que l’hi doni suport, recau automàticament en el cap de la llista més votada, encara que sigui per un sol vot. I, com segurament veurem en les properes setmanes, el pressupost, que va ser rebutjat per la majoria del ple municipal, entrarà automàticament en vigor si, com sembla que passarà, els grups d’oposició no es posen d’acord en l’elecció d’un nou alcalde. D’aquesta manera allunyada de la democràcia, un alcalde que no ha rebut la confiança de la majoria del ple, seguirà presidint el govern municipal i uns pressupostos que han estat rebutjats, entraran en vigor.

La mateixa operació s’està fent a Barcelona per segon any consecutiu, en virtut de la seva particular “Carta Municipal”. Sembla clar que aquesta manera d’actuar en els municipis no resulta la més adient i adequada per millorar la vinculació del veïnat amb els seus ajuntaments i, encara més, en els valors de la democràcia. Aquestes regles que limiten el valor d’allò que es vota i limita l’abast de les opcions minoritàries, facilita una manera de fer marcadament presidencialista i allunyada del necessari debat i confrontació entre propostes diferents.

En el nostre cas, el de la ciutat de l’Hospitalet, aquesta situació provoca la continuïtat d’un model de ciutat molt lligat als grans projectes urbanístics i a facilitar l’especulació urbanística, un model esgotat, més enllà de les grans promeses mai acomplertes. Mentre els diferents barris pateixen una densitat de població que arriba a límits de supervivència i una manca d’equipaments culturals, educatius i de salut que ja sobrepassen la reivindicació veïnal per esdevenir deutes de l’administració municipal amb el veïnat, el govern municipal anuncia grans plans urbanístics a nord i a sud, que agreugen una situació que arriba al límit. D’això van uns pressupostos municipals que la majoria del ple municipal no va aprovar i que ara, d’aquí a unes setmanes, es donaran com a vàlids en funció d’unes normes legals que queden fora de qualsevol esperit democràtic.

Tot plegat mostra de manera més descarnada les fortes limitacions que pateix l’autonomia municipal dins l’actual marc legal. Pel que fa als ajuntaments, i segurament més enllà, les lleis mostren una forta desconfiança en la capacitat del veïnat de pobles, viles i ciutats per decidir, dins de les seves pròpies institucions electes, sobre el que els envolta. D’aquí arrenquen els antics “corregidors” de l’administració de la monarquia, o ara, els cossos de funcionaris estatals, els secretaris municipals i els interventors, que serveixen per controlar dia a dia les activitats dels ajuntaments.

Històricament, les esquerres han defensat l’autonomia municipal o el federalisme des de baix, d’alguns corrents llibertaris. I és que, és el veïnat de cada poble, i en el nostre cas de cada barri, qui millor coneix la seva situació i les necessitats que cal afrontar. Com es va afirmar moltes vegades, tot el que es pot decidir en un primer nivell no cal enviar-ho més amunt. Així, hi ha molts corrents que defensen una ciutat, un l’Hospitalet basat en cada barri, assumit les seves realitats.

Voldríem creure que el rebuig majoritari del projecte de pressupostos de l’actual govern municipal té a veure amb l’assumpció d’un model de ciutat alternatiu al model actual del PSC, un model de ciutat lligat a cada barri i capaç de superar el dèficit actual en habitatge, en educació, en parcs i espais comunitaris i en cultura. Això no deixa de ser més que un bon desig de cara al nou any que tot just comença.

La redacció de lestaca.com us desitja un 2026 ple d’esperança!!!

La era de la palabrería

No sé si os habéis dado cuenta de que vivimos en la era de la palabrería. Algunos dicen que sufrimos de sobreinformación pero de lo que sufrimos auténticamente es de palabrería, de mensajes vacíos donde lo que importa es el continente y para nada el contenido. Lo que importa es lo que quiere significar lo que se dice; en absoluto lo que significa. Y normalmente se trata de ensoñaciones, en general con la intención de sorprender o de generar simpatía, cuando no se trata absolutamente de lo contrario, de repetir y de generar odio o rabia.

Por lo general nos engañan cuando nos hablan de información. Lo que nos llega, apenas nos sirve para estar informados. O sea que no tenemos sobreinformación. Lo que tenemos es sobrepropaganda, sobrepalabrería, sobreensoñación. Consideraciones cortas que solo nos sirven para crear un estado de opinión que no hace falta que tenga nada que ver con la realidad, de modo que nos construyen la realidad sobre artificios que no resisten la mirada objetiva y mucho menos la mirada crítica.

Fijémonos en nuestra historia municipal más reciente. Veníamos de 40 años de dictadura que provocó dos realidades contrapuestas: gente que acudía por la oferta de trabajo y un futuro algo más próspero para sus hijos, y gente que tenía propiedades o recursos a los que intentó sacarles el máximo rendimiento sobre la base de la ausencia de derechos y la necesidad de trabajo y de vivienda de los recién llegados. Se hicieron de oro explotando la mano de obra en las fábricas y se siguieron haciendo de oro recuperando la masa salarial en forma de alquileres, hipotecas y servicios. Unos y otros hablaban de progreso porque el trabajo, la vivienda y los servicios son progreso, pero el auténtico progreso estaba en sus bolsillos. También se hicieron de oro gracias a la ausencia de derechos y libertades que avalaban unos ayuntamientos que no elegía nadie, pero que construían las ciudades para enriquecer a los especuladores con la necesidad de los que estaban llegando.

Toda Barcelona y media área metropolitana se hizo a este ritmo y con estas consecuencias. Hasta que llegó la democracia y entonces, los que se creían el mensaje de las urnas, intentaron poner a los suyos con el incierto, pero esperanzado deseo, de recomponer todo lo destruido, construyendo esas ciudades crecidas a base de mano de obra obrera, para ponerlas al servicio de la ciudadanía y no de quienes habían especulado a mansalva.

Como el mensaje de la construcción y no la destrucción de las ciudades, y el mensaje de la calidad de vida y el progreso era el mensaje de quienes habían luchado contra la dictadura y sus secuaces, y aquello era lo que se reconocía como la izquierda, a partir del triunfo de la democracia, la izquierda tuvo el encargo implícito de arreglar lo que se había destruido. Eso quería decir: parar la especulación urbanística, ofrecer servicios de calidad, reconvertir lo que se había convertido en almacenes de obreros —ciudades dormitorio— de manera que se parecieran a los modelos urbanos reconocidos: con centros de las ciudades definidos y con servicios comerciales, educativos, sanitarios y asistenciales, con zonas verdes y espacios amplios, con equipamientos culturales céntricos y reconocibles, capaces de conservar y enaltecer su patrimonio, capaces de recuperar todo aquello que formaba parte de la historia para integrarlo a la comunidad, etc, etc.

Solo hay que mirar la realidad para observar que la izquierda que debía encargarse de rehacer, ha hecho exactamente lo mismo que habían hecho —y que habrían seguido haciendo— los que destruyeron. Podemos seguir llamándole izquierda, pero esa palabra se ha convertido en un continente sin contenido, en pura palabrería, porque la izquierda jamás fue eso. Porque la izquierda jamás gobernó en esta ciudad, aunque la hayamos llamado como hayamos querido. Gente al servicio de la especulación y de la palabrería, llevan gobernando l’Hospitalet —y muchas ciudades del entorno, con minúsculas excepciones— desde 1939 sin límite de continuidad.

Es duro, pero esa es la realidad, y no hace falta más que salir a la calle y mirar lo que nos rodea. El horizonte inmediato no ayuda al optimismo. La palabrería sigue invadiendo los espacios. Los partidos políticos han dejado de ser instrumentos de cambio para convertirse en benefactores del voto ciudadano. La democracia tampoco es lo que tenemos, porque la democracia es participación y no únicamente delegación de voto. La realidad de lo que ocurre en l’Hospitalet lo discuten 5 o 6, asesoradas por el aparato partidario en el que deben opinar otros tantos. Los partidos, a nivel local, apenas llenarían de militantes un solo autocar y esos apenas cuentan tampoco. Hacia afuera lo que cuenta es la palabrería, mientras que hacia adentro lo importante es sujetar el poder, recibir órdenes y cobrar un buen salario a final de mes. Poca cosa más.

Ahora, a alguien se le ha ocurrido poner en funcionamiento un mecanismo insólito por el cual el alcalde podría irse a su casa con lo puesto y pedirle al aparato un carguillo para no perder poder adquisitivo. Pero ese mecanismo insólito tiene el grave inconveniente de que han de ponerse de acuerdo, en esta ciudad, las derechas y las izquierdas. O sea, los que tienen sobre sus cabezas un paraguas con unas siglas y los que se dicen a sí mismos de izquierdas, pero ya se ha visto. No cuenta para nada la democracia. Van a decidir ellos y quizás, en algunos casos, consulten a los del autocar, por eso de que las izquierdas y las derechas dan juego a los suyos.

Si los que se dicen de izquierdas y los que se dicen de derechas fueran democráticos, lo que de verdad harían sería organizar un referendo popular de urgencia, para ir orientados de lo que quiere la ciudadanía. Igual se llevarían sorpresas, porque la gente lo quiere es menos palabrería y más acción, menos continente y mucho más contenido. Menos izquierda y derecha y más construir una ciudad para todos, bien distinta a esa que han destruido tanto los que se han llamado de izquierdas como los que eren identificados como de derechas.

Más palabra a la gente y participación activa y menos consignas, pureza ideológica y sectarismo irracional.

L’escàndol de la manca de recursos socials i les dificultats per accedir-hi

Quim Cervera i Duran

Amb l’experiència d’anys de voluntariat penitenciari hem observat i patit una insuficiència i ineficàcia dels recursos socials, a més d’una sèrie d’obstacles per una veritable reinserció social de les persones mancades de llibertat.

Una primera apreciació, verificada de temps, és la supeditació de la dimensió rehabilitadora, humana i de reinserció, a la dimensió de vigilància, disciplinar i punitiva, en els Centres Penitenciaris. És a dir, totes les persones professionals que es dediquen a l’atenció psicològica, al treball, a l’educació social, a la formació ocupacional i a la reinserció laboral estan sotmeses, elles i les seves decisions, a les indicacions, gestions i decisions del sector funcionarial dedicat a la vigilància, amb les conseqüències que se’n desprenen.

Una segona observació, vinculada a aquesta és la manca de personal de tractament per a un veritable acompanyament i seguiment dels processos humans, psicològics, socials, laborals, formatius de les persones mancades de llibertat i de la seva, sempre difícil, re-socialització. Cada professional ha d’atendre a moltes -masses- persones internes, el que dificulta el seu bon treball i les persones se senten poc ateses.

Un tercer convenciment del voluntariat és que és quasi impossible reinsertar  (com diu la Constitució que és tasca bàsica dels Centres Penitenciaris) quan una persona està “engabiada”. Està verificat que les persones que estan en règim obert o semi-obert, reincideixen menys. Aquest fet demostrat fa pensar que en uns centres oberts amb menys persones i amb suficients professionals de tractament, el camí estaria millor traçat. A més seria més barat per a l’erari públic. Els Centres Penitenciaris deixarien de ser un negoci per a les empreses que hi ofereixen treball amb sous molt baixos i indignes, per a les botigues interiors amb preus dels productes més alts que a l’exterior, i altres negocis que lucren els de sempre.

Una quarta percepció és la incomunicació entre els treballadors/es i educadors/es dels Centres Penitenciaris i les persones professionals del treball i educació social del territori (Serveis Socials Municipals) on anirà la persona quan surti en tercer grau o en llibertat definitiva. Si la salut d’una persona que viu dins un Centre Penitenciari depèn de Justícia i quan surt depèn de Salut i no hi ha relació entre els dos departaments, es produeixen disfuncions. Si no es traspassen documents, perfils, historials, processos i tractaments seguits en el Centre Penitenciari, als serveis socials del municipi on la persona anirà a viure, es fa pràcticament impossible fer un seguiment adequat, continuat i coherent, per tal de seguir un camí de dignificació i autonomia, per no parlar també del camí que s’inicia aleshores ple d’entrebancs per a la persona que hi vol accedir.

Una cinquena observació és el que en podríem dir una  certa “infantilització” de les persones dins dels Centres Penitenciaris, ja que en tenir tota la vida bàsica solucionada (menjar, roba, llit, medicació, escola, esports, neteja..) en surt perjudicada l’ autonomia personal, provocant que ben sovint els interns es troben sols i desemparats quan surten del Centre, sobre tot si no tenen una xarxa familiar, amical o associativa propera. Aquest fet pot portar a algunes persones a tornar a delinquir per entrar de nou al Centre i estar així ateses, o també a tenir intents de suïcidi o d’autolesió. No parlem de memòria, n’hem conegut uns quants.

Una sisena qüestió que sovint ens preguntem els voluntaris i voluntàries penitenciàries fa referència a les causes i condicions que no fan possible que molts tràmits o passos que permetrien encarrilar la reinserció amb molt més èxit (DNI, passaport, targeta sanitària, targeta de transport, empadronament, dependència, disminució, lloc de residència, llocs de formació, llocs de treball, llibreta bancària, alguna paga o renda, etc.) es puguin fer amb temps dins del Centre Penitenciari quan ja es pot saber aproximadament el temps que la persona estarà mancada de llibertat i quan sortirà en tercer grau o en llibertat definitiva.

Una setena apreciació que arriba a la indignació de l’escàndol és la manca de recursos socials (laborals, formatius, sobre tot de residència, d’obtenir una paga, etc.) que hi ha a les nostres ciutats i pobles. Si la persona té una malaltia mental o/i és estrangera les mancances s’agreugen. Tots sabem les espectaculars despeses dels governs en armament, en publicitar-se, en propaganda, sense tenir en compte la corrupció política i la ineficàcia i malversació de diner públic per mala gestió i ineficiència o inexpertesa. Totes aquestes despeses contrasten enormement amb la negada atenció a les necessitats bàsiques de persones que mereixen, com a tals, tot el respecte a la seva dignitat. Estem parlant de la impossibilitat de tenir com a mínim un sostre estable i l’aliment de cada dia.

Una vuitena, relacionada amb l’anterior, és la lentitud dels tràmits, l’allargament en el temps per aconseguir una resposta positiva a la demanda d’un recurs, d’un paper, la manca d’una “oficina” única o d’algun espai on orientin sobre els tràmits a fer, dins de l’immens maremàgnum laberíntic en que s’ha convertit la burocràcia administrativa. Un país que ha passat en uns vint anys de sis milions a més de vuit milions, en no haver respost amb adequats pressupostos a més necessitats humanes i socials,  els serveis socials, educatius i sanitaris estan col·lapsats. Ho pateixen els professionals, els funcionaris públics i sobre tot les persones més vulnerables i desemparades. S’arriba a la perversió d’instruir als servidors públics, en la seva formació, perquè sàpiguen dir que no, quan els hi arriben demandes.

Una novena observació és la quantitat de protocols i normatives que hi ha en els Centres Penitenciaris i que es van descobrint al cap dels anys de visites als Centres com a voluntaris (cada visita és un aprenentatge nou de més normatives i protocols, molts d’elles difícils d’entendre). Aquest fet dificulta la col·laboració i complementarietat entre professionals de tractament i voluntariat penitenciari, en detriment de l’atenció i acompanyament dels interns.

Finalment, una dècima – per completar el decàleg-. Ens preguntem quin és el paper del voluntariat, sobre tot quan un intern surt de permís, o en tercer grau, o en llibertat definitiva. Quin és el paper de la persona voluntària (què li pertoca fer i que no li pertoca fer, segons cada cas), en relació a la persona interna, als professionals dels Centres Penitenciaris i en relació a tot el laberint d’entitats a connectar i de tràmits que cal fer (o no fer).

En definitiva, els sentiments i sensacions del voluntariat penitenciari davant de tot això són d’indignació, impotència i escàndol davant d’una solemne injustícia totalment denunciable. El resultat final de moltes de les persones que surten dels Centres Penitenciaris és el desemparament, la soledat, el maltractament, l’exclusió, la vulnerabilitat total i el dormir al carrer amb forces possibilitats de ser manipulats i de ser víctimes de la violència. Això no és reinserció. Tot el que aquí s’exposa ha estat experimentat pel voluntariat penitenciari.

La Maria Pau ens ha deixat

Rosa Cañadell

Molta tristesa per la mort de la Maria Pau Trayner. Amiga entranyable amb la que he compartit treball, viatges il·lusions i lluites per un  món millor. Estarà sempre amb nosaltres. Una dona forta, valenta, coherent, lluitadora i solidària.

Vàrem treballar juntes a l’Institut públic PEDRAFORCA, de l’Hospitalet de Llobregat, i ella em va ensenyar que l’educació era una eina de futur i que educar era una manera de lluitar.  Ens vàrem emocionar amb la Revolució Sandinista a Nicaragua dels anys 80. Ella s’hi va quedar un any fent costat a les mares que havien perdut els fills en la guerra que EEUU va orquestrar contra la revolució. I d’aquí va néixer el nostre afany per conèixer i compartir les lluites dels pobles d’Amèrica Llatina i allà vam viatjar durant més de 20 anys.

No eren viatges de caritat, no anàvem a donar res. Era solidaritat. Anàvem a aprendre i compartir: la lluita de les dones contra la dictadura de Pinochet a Xile. La resistència de les comunitats indígenes a Guatemala. El canvi social i el fervor popular a l’època de Chávez a Veneçuela. El retorn de la dignitat als indígenes de Bolívia amb Evo Morales. La lluita del MST per la terra i l’educació a Brasil. La gran tasca apostòlica i social de Pere Casaldàliga, el Foro Social Mundial a Porto Alegre… i així vàrem viatjar per a tot Amèrica Llatina.

I tot això, la M. Pau, amb la col·laboració de l’Antonia Sabater i jo mateixa, ho va deixar escrit en un llibre. “Pels camins del món”, que el SETEM ha publicat.

Però no per viatjar va deixar de preocupar-se per la seva gent de Can Serra. Va estar en la construcció de la Casa de la Reconciliació i en totes les lluites veïnals per un barri digne. Va fer classe fins a l’últim moment a les dones de Can Serra i amb els i les immigrants. Va col·laborar activament amb el SETEM. Va escriure, va organitzar, va compartir, va animar i va ajudar, allà on fora que estigués.

Avui ens ha deixat, en moments complicats i difícils, però, tal i com ella deia : «potser nosaltres no arribarem a veure aquest món millor que desitgem, però hem estat al costat dels qui ho han intentat».

El seu record, el seu llegat, el seu coratge ens anima a seguir intentant-ho. Gràcies per tot, MARIA PAU!! Et trobarem molt a faltar.

Les fakes news com a eina d’estigmatització dels barris

Pedro Luna

A principis del mes d’agost La Florida va ser un cop més notícia als mitjans de comunicació d’arreu de l’Estat. Aquesta vegada no es devia a cap succés esdevingut al barri o que tingués com a protagonista algun dels nostres veïns. Més aviat va ser tot el contrari. Dues noies van publicar un vídeo a la xarxa social tiktok fent veure que corrien pels carrers de La Florida. Durant el trajecte ambdues van fer comentaris despectius cap al nostre barri perquè segons elles aquest era el “barri més xungo de Barcelona”, perquè feia pudor a kebab i perquè fins i tot van veure com es creuava una rata pel mig. En els dies posteriors molts se’n van fer ressò per denunciar el classisme de les dues noies. El mateix alcalde de l’Hospitalet va fer un vídeo de resposta on se’l veia preparant-se per córrer a la vegada que parlava de les excel·lències dels barris de la ciutat.

El cas és que pocs van centrar-se en un detall prou significatiu del vídeo i que aquells que vivim a La Florida no vam trigar gaire en adonar-nos: que el vídeo no estava gravat a La Florida i que ni tan sols apareix cap carrer del barri durant la projecció. No era La Florida sinó Can Vidalet el barri que vam poder veure al vídeo de les dues noies. A nivell mediàtic, però, això va ser secundari perquè la qüestió era assenyalar el barri de La Florida i, per extensió a l’Hospitalet, encara que el vídeo no fos gravat a la nostra ciutat sinó al municipi d’Esplugues. Òbviament el nostre tampoc és un barri de Barcelona tal i com s’afirmava al vídeo, fet que va deixar palès el grau de desconeixement de qui va publicar-ho. No serà la primera ni l’última vegada que passi. Podríem restar-li importància perquè al cap i a la fi només va ser un vídeo d’una joveneta al tiktok. Tanmateix, la seva transcendència va anar més enllà d’una simple gracieta en el context a d’un ecosistema tan tòxic com el de les xarxes socials.

Mariona Pujol, la noia que va penjar el vídeo, és una influencer amb 1,6 milions de seguidors a tiktok. És a dir, cada cop que publica un vídeo arriba a milions de persones, no només als seus seguidors sinó a moltíssima més gent que alhora en fa difusió. La credibilitat és el de menys en aquest món de joves influencers amb milions de seguidors. Però el seu ressò és cada cop més gran. Molt sovint això s’utilitza per transmetre discursos lligats a l’extrema dreta, ja siguin missatges xenòfobs, classistes o d’estigmatització dels immigrants així com dels barris on hi viuen. Les fakes news i la mentida com a eines mediàtiques es fan servir avui dia per construir un relat de criminalització de la pobresa i dels més vulnerables amb la finalitat de fer hegemònics els discursos d’odi d’una extrema dreta que pretén arrelar als nostres barris.

No sols es tracta de les xarxes socials sinó també d’una sèrie de mitjans de comunicació que responen a determinats interessos. Mitjans de grans grups empresarials però també petits digitals que han sorgit als últims anys amb l’afany de convertir el sensacionalisme i les fake news en gairebé un nou gènere pseudoperiodístic. Al barri de La Florida ho sabem perfectament, acostumats a ser notícia per la inseguretat als nostres carrers, generalment amplificada perquè es tracta d’incidir en la percepció de la ciutadania. Partits polítics, mitjans de comunicació i empreses d’alarmes han contribuït a construir aquest relat. Que l’Estat Espanyol sigui el primer país de la Unió Eurpea, i el quart del món darrere d’Estats Units, Japó i Xina en venda d’alarmes privades no és pas una casualitat. Perquè el relat de la seguretat i d’estigmatització dels barris de la classe treballadora no només té una arrel política sinó també comercial. En aquest sentit, ambdues s’interrelacionen. O és que potser ens hem de creure que empreses d’alarmes com Movistar Prosegur o Securitas Direct que diàriament ens aclaparen amb la seva publicitat no tenen cap interès?

El cas de vídeo de tiktok de Mariona Pujol va ser possible perquè s’ha consolidat aquesta visió dels “barris xungos”. I com deia anteriorment, la veritat passa a un pla secundari. Tant fa que els influencers o periodistes tinguin o no un mínim grau de coneixement del barri del que parlen o sí les dades oficials de delictes contradiguin la seva percepció dels nostres barris. En cas contrari no hauria estat possible que un personatge sense escrúpols com Alvise Pérez aconseguís arribar a ser diputat del Parlament Europeu gràcies a l’altaveu que el va proporcionar tenir un canal de telegram amb milers d’usuaris que utilitzava per difondre fakes news, assetjar i filtrar dades personals.

Les aplicacions de missatgeria instantània són una de les principals vies per les quals es difonen les fakes news i el relat xenòfob de l’extrema dreta. El que va passar al barri de Bellvitge fa uns mesos és un bon exemple. Determinats col·lectius van fer servir un grup de facebook amb una comunitat de 42.000 membres per generar una percepció de delinqüència al barri a la vegada que es reclamava la necessitat d’organitzar patrulles urbanes per garantir la seguretat. Precisament aquests que van instigar la creació de les patrulles no eren veïns ni veïnes de Bellvitge sinó agitadors de l’entorn de l’extrema dreta que van pensar en aprofitar l’ocasió per treure profit polític. La reacció del veïnat i de les entitats d’un barri històricament lluitador van poder capgirar la situació demostrant un cop més que el més gran antídot per fer front als discursos d’odi és comptar amb un teixit associatiu i un moviment veïnal prou forts i organitzats.

Youtubers com Wall Street Wolverine amb residència a Andorra i prop d’un milió de subscriptors o Jan Sin Miedo que va ser denunciat per la Fiscalia per delicte d’odi contra els immigrants són dos dels influencers que han atiat l’odi especialment contra la població d’origen magribí dels nostres barris. De manera molt freqüent tots dos han fet referència a l’Hospitalet i molt concretament a La Florida. El mateix Jan Sin Miedo, conegut per ruixar amb gas pebre a persones migrants, ha gravat vídeos als Blocs de La Florida amb l’objectiu de provocar incidents i després publicar-ho a les seves xarxes. El documental “La Xarxa Ultra” de TV3 de 2024 parla d’aquest fenomen dels anomenats fachatubers i de com el seu impacte s’ha deixat sentir sobretot entre els més joves amb continguts obertament xenòfobs, aporofòbics, misògins, islamofòbics o contra la diversitat sexual.

Les fakes news no són només una pràctica habitual a les xarxes socials o als digitals de nova creació. També ho són al periodisme més tradicional. Recordo com fa un parell d’anys el diari La Razón va publicar una informació sobre una presumpta baralla als carrers de La Florida. El titular va ser el següent: Nueva batalla campal entre magrebíes en el barrio de La Florida en l’Hospitalet para controlar el narcotráfico y la delincuencia. La crònica es completava amb un vídeo on es podia veure efectivament una baralla al carrer encara que distava molt de ser una batalla campal. Això sí, aquesta no va ser la informació més errònia perquè al cap i a la fi es tracta d’una qüestió d’apreciació. El més greu és que una vegada més els carrers que sortien al vídeo no eren de La Florida sinó que es tractava de l’Avinguda Josep Tarradellas al barri del Centre. Però encara hi ha més: el vídeo que va publicar el diari La Razón era d’un compte de twitter conegut per les seves fakes news i per la seva islamofòbia. La mateixa Associació de Veïnes i Veïns de la Florida va denunciar i exigir a La Razón la correcció de l’article però com podeu imaginar el diari va fer orelles sordes i de fet dos anys després l’article segueix publicat sense cap modificació.

Les xarxes socials i l’esclat d’internet com a espais que han democratitzat l’accés a la informació ens han donat eines per fer arribar la nostra opinió a milers de persones. Però a la vegada també s’han convertit en un regal enverinat perquè ha permès la difusió de discursos que creiem superats com a societat suposadament democràtica. Aquest ús pervers de les noves comunicacions ha promogut la xenofòbia, el masclisme o la criminalització dels sectors més vulnerables de la població. L’estigmatització dels barris obrers i culturalment diversos mitjançant les fakes news i la tergiversació és una de las constants en aquest pou d’influencers i pseudoperiodistes. Davant d’aquesta deriva hem de saber identificar i denunciar a qui utilitza la mentida per promoure la divisió i l’odi entre el veïnat d’un mateix barri. Aquesta és ens dubte la nostra tasca: defensar els nostres barris i la dignitat de tots els que hi viuen.

Una crònica en primera persona del recompte dels “sense llar” a l’Hospitalet

Carles Galve Farré

La nit de dijous 11, a les 22 hores, ens van assignar la nostra zona d’observació per al recompte al barri de Pubilla Cases (entre l’Avda. Isabel la Catòlica i l’Avda. Manuel Azaña). Érem la Maria, una jove de Sant Adrià de Besòs; la Marga, una activista social de Santa Eulàlia i en Jerson, un jove peruà acabat d’arribar, sense papers.

Una cosa que em va semblar significativa era que l’únic càrrec electe del Consistori que va participar aquella nit va ser el Manuel Domínguez, regidor dels Comuns. És preocupant que cap dels 26 regidors restants s’interessés per aquella tasca.

Sensibles i preocupats per la justícia social, vam rastrejar els carrers d’un barri pobre intentant trobar encara més pobres. La pobresa té infinitat de cares. La fam i la manca de sostre tenen, al meu entendre, una dimensió veritablement cruel. És la constatació més propera a la mort.

Des del principi vaig tenir la sensació de participar en una acció solidària, però no exempta d’un cert dolor. Volíem conèixer, o millor dit, constatar i comptar el nombre de persones que dormien a la intempèrie. Comptàvem, en cadascun d’ells o elles, el fracàs d’una societat amb clars signes de decadència.

És profundament dur i trist veure éssers humans adormits, en una posició de màxima vulnerabilitat, al terra dels carrers o, en el millor dels casos, resguardats per caixes de cartró o en cotxes abandonats, encongits gairebé en posició fetal.

Volíem fer saber, als qui dormien a casa seva, que a l’Hospitalet hi ha molts veïns que estan vivint de manera inhumana. Vaig sentir una contradicció: volia tenir l’experiència de veure una cosa que ja coneixia.

Essencialment, crec que la meva intenció era reforçar les bases de la meva opinió radical per denunciar la hipocresia i el cinisme. No podia evitar un cert sentiment de frustració per no rebel·lar-me contra una injustícia semblant i sentir-me culpable per només comptar quants estan vivint d’aquesta manera inhumana.

A l’Hospitalet, entre les persones empadronades i l’altíssim nombre de persones que viuen i treballen sense estar comptades i/o registrades en el nostre cens, crec que no devem estar lluny dels tres-cents mil (300.000) habitants.

El Centre dels Alps depèn de l’Ajuntament. És l’únic lloc que acull les persones «sense llar». Disposa de quaranta-tres (43) llits per acollir persones en màxim grau de vulnerabilitat.

A la xerrada on vam participar per poder ser voluntaris i dotar-nos de criteris bàsics, ens van avançar l’últim cens del 2024. Si no m’equivoco, se situava al voltant de les 100 persones, a banda de les 43 dels Alps. Total: 143 persones dormint al carrer. Per pal·liar la diferència, sembla que s’han creat 9 llits l’últim any.

Em vaig sentir agent voluntari de l’Ajuntament per una nit. La proporció és esgarrifosa: en una ciutat amb gairebé 300.000 habitants, només disposem de 43 llits als Alps per gent sense llar, de manera que em va semblar, claríssimament, que les polítiques socials del nostre govern són obscenament insuficients.

Vam caminar els quatre voluntaris per tot el barri; vam veure quatre persones al costat de l’escola Josep M. Folch i Torres que dormien a terra, arran de paret. L’assentament que vam descobrir més colpidor està situat darrere d’un llarg mur, entre la carretera N-340 —és a dir, la carretera d’Esplugues/Collblanc— i la zona est de l’estació elèctrica de la FECSA, a Pubilla Cases.

Les dades seran esgarrifoses. Es coneixeran la setmana vinent. Vam finalitzar el recompte cap a les dues de la matinada. Adreço la conclusió a l’alcalde David Quirós: la pobresa i l’exclusió social, no es poden combatre només amb caritat. De la mateixa manera, que la policia no pot ser l’única solució per reduir la inseguretat.

No és decent no mirar de cara aquest gravíssim problema. La primera autoritat local hauria d’haver liderat l’organització de la nit.

L’autoritat s’obté donant exemple. Ho ha de prioritzar a l’agenda. La crisi habitacional no hauria d’emmascarar ni justificar un problema de característiques humanes d’arrel completament social i ètica. Una administració municipal sense sensibilitat social és una administració, un govern, pràcticament mort.

Cent anys després, un altre l’Hospitalet ha de ser possible

Avui fa cent anys que el rei Alfonso XIII va signar un real decret concedint el títol de ciutat a l’Hospitalet de Llobregat. Ho feia mitjançant la intermediació del Ministerio de la Gobernación que presidia el general Severiano Martínez Anido, dos anys i dos mesos justos després d’un altra real decret pel qual el mateix rei atorgava el càrrec de president del Directori Militar al general Primo de Rivera, adjudicant-li plens poders, dissolent les Corts i la part electiva del Senat, substituint els governadors civils per governadors militars i poc després dissolent els ajuntaments, cessant els regidors i substituint-los per “vocales asociados del mismo ayuntamiento” sota  la presidència de l’autoritat militar.

La concessió del títol de ciutat no va aportar res especial al municipi com no fos l’evidència que la persona que havia estat elegida per presidir l’ajuntament de la Dictadura tenia una certa prevalença davant del dictador i, per tant, en l’esfera del monarca.

En el llibre d’actes municipal es conserva una anotació on, al final d’una sessió ordinària, s’aprova per unanimitat sol·licitar al Ministerio de la Gobernación la concessió del títol de ciutat “a esta Villa” ya que s’entèn que “es merecedora de ello tanto por su número de habitantes” com “por su floreciente industria, agricultura y comercio”. (Curiós això de l’agricultura, cinc anys després de perdre tota la Marina). El rei signava el decret el 15 de desembre, es comunicava al Consistori el dia 16 i es publicava a la Gaceta de Madrid el dia 17, amb els mateixos arguments: “Queriendo dar prueba de Mi Real aprecio a la villa de Hospitalet de Llobregat, provincia de Barcelona, por el creciente desarrollo de su agricultura, industria y comercio, así como su constante adhesión a la Monarquía”.

Segur que la iniciativa havia sorgit de la persona que va ser elegida com alcalde de la ciutat el 2 d’octubre de 1923, en una sessió extraordinària del ple municipal presidida per Alfonso Suero, comandant militar de la localitat i cap del dipòsit de sementals de la Remonta. En la sessió es va donar lectura del reial decret del 30 de setembre i el comandant Suero va preguntar als nous regidors si algun d’ells tenia algun títol professional o alguna indústria tècnica o privilegiada i va resultar que Tomàs Giménez Bernabé era l’únic que tenia el títol de batxiller i, a més, era el primer contribuent gràcies a la seva empresa d’asserrar màrmols, de manera que li corresponia presidir el Consistori.

Tomás Giménez no trigaria gaire a constituir a l’Hospitalet el partit únic Unión Patriótica i a mostrar el seu entusiasta suport al Dictador i a la Monarquía. D’aquí que la concessió del títol de ciutat, un títol que mai ningú a l’Hospitalet havia demandat fins aleshores, s’hagi mantingut en l’imaginari històric estretament vinculat a la Dictadura de Primo de Rivera i, encara més, situat en l’esfera de la òbvia mala consciència dels prohoms que cinc anys abans havien influït també sobre el mateix rei per tal que li fossin arrabassades més de 900 Has del terme municipal sense consulta, sense cap acord i sense cap compensació reconeixible.

Que la commemoració de l’atorgament del títol de ciutat fos utilitzat per qualsevol govern d’una democràcia consolidada com l’actual, no podia haver passat d’una simple anècdota històrica, si no fos perquè a l’actual govern local li entusiasmen els focs d’artifici, potser li calen algunes celebracions de certa transcendència i, especialment, perquè està pèssimament assessorat. Si li haguessin explicat que l’atorgament del títol de ciutat més que un premi per mèrits com s’argumentava és, en realitat, un premi de consolació, potser algú hauria demanat un xic de reflexió abans de bolcar-se en l’efemèride. Malauradament, aquest gest intranscendent sorgit d’una dictadura avalada per la mateixa monarquia que avui tutela l’Estat, defineix la desgraciada història d’un municipi que sempre ha anat a remolc de la gran ciutat veïna —especialment de les classes poderoses de la gran ciutat veïna— i de l’arribisme oportunista dels seus dirigents, al llarg de gairebé tot el segle XX i fins ara mateix.

La Dictadura que va proveir l’Hospitalet del títol de ciutat va ser el precedent del franquisme i venia avalat per la mateix ideologia que feia furor a la Itàlia feixista dels camises negres. Com tota Dictadura, surava sobre l’existència d’una corrupció endèmica —vegis l’estudi de Daniel Vallès [La corrupció local durant la Dictadura de Primo de Rivera i la resposta del Parlament de Catalunya. El cas de l’Hospitalet de Llobregat (2019)— o l’entrevista que li van fer a Just Oliveras, reincorporat a l’alcaldia al setmanari “Camí” de Sant Feliu de Llobregat al març de 1930, pocs mesos després de la caiguda de Primo.

No hi havia premsa a l’Hospitalet per aquells dies. Millor dit, la única premsa local del moment era el setmanari La Crònica que sortia els divendres i que va tancar el 18 de desembre, 3 dies després del real-decret. Inclou una crònica de la Permanent municipal del 9 de desembre i després notícies de la ciutat, se suposa que d’actualitat. Ni una paraula del decret del 15 de desembre. Silenci sobre el títol de ciutat. El diari de la Uniòn Patriótica, La Voz de Hospitalet, que portava com a subtítol “Periódico quincenal defensor de los intereses de la ciudad”, no sortiria fins a l’agost de 1928. En els 38 números editats si que es parla, i molt bé, del que ha fet el govern de Giménez Bernabé. Una vegada més, los “intereses de la ciudad” —ara si, ciutat amb títol— es confonen amb els interessos del govern local. Aleshores havia de quedar implícit en el subtítol. Ara potser ja no cal…

Sigui com sigui, la commemoració del títol de ciutat —que si no és per la ciutadania ben informada, el govern hagués convertit en una celebració espasmòdica— és un episodi més de la pobresa endèmica d’un municipi que necessita la gestualitat per compensar la total absència d’auto-orgull. Justament el que cal reivindicar, però no amb el llenguatge buit de les paraules, sinó amb el convenciment que es pot canviar la dinàmica. Amb el convenciment que poden aglutinar-se energies suficients per dir que ja n’hi ha prou i que un altre l’Hospitalet ha de ser possible.

El maestro que prometió el mar

Carlos Galve Farré (activista i peixater)

Es una obra de arte. Cuantas más veces visualizo está película, más me estremece. Antoni Benaiges, el maestro, es el paradigma y la explicación de por qué merece la pena, a pesar de todo, creer en los humanos como animales evolucionados.

Han pasado cerca de noventa años y de nuevo, no solo en nuestro país si no en la Europa civilizada, la occidental, la que disfruta del estado del bienestar, vuelve como una ola, la sinrazón, el miedo y la barbarie. Simplificando, da la impresión que en España vuelve el ciclo del dominio mayoritario, aunque sea por poca diferencia electoral, del fascismo anti social que considera el salvase quien pueda como escarmiento a los débiles y destaca las miserias y las debilidades humanas más primarias.

Occidente indiscutiblemente, en aspectos generales, ha evolucionado. La esclavitud tiene una característica más sofisticada. Los humanos creemos que somos dueños de nuestras decisiones y el concepto de libertad aparece esencialmente en la fantasía de creer que dominamos más nuestras decisiones y nuestros consumos.

Seguramente habrá tantas descripciones del concepto libertad como individuos dispuestos a opinar.

Las escenas en la película, del cura del pueblo cuestionando la ausencia del crucifijo en la clase de los niños de Brañuelos, se repiten. La Conferencia Episcopal es aquel cura de nuestros días, que propone avanzar elecciones en la mitad de la legislatura sin ningún pudor y a cara descubierta. Vuelven a tener la autoridad que creíamos habían perdido. La iglesia en España es un signo de que el retroceso está servido.

Nunca había desaparecido, el fascismo estaba aletargado enmascarado en formaciones políticas de distintos rangos.

La bestia antidemocrática, el mal sueño de las dos Españas, renace. La ignorancia, el sinsentido y el culto a la incultura vuelven a tener fuerza en sectores de momento minoritarios. Hay jóvenes que desconocen, no solo la historia reciente de nuestro país, sino que rechazan el pensamiento, la cultura y la información, del presente. Se burlan de la democracia y niegan lo que un día mi padre me dijo: “nunca aprendí tanto como en la época de la Republica”. Esas palabras las vinculo a la pasión de Antoni Benaiges por hacer un mundo mejor en el lejano pueblo de Burgos. El título de la obra describe por si sola el mensaje: “El maestro que prometió el mar”, me recuerda otra obra para mí muy especial. La insoportable levedad del ser, de Milán Kundera. Los títulos de las obras, a veces describen perfectamente, no solo el contenido, sino también el objetivo, la intención de la obra.

La estupidez de los valores pequeño burgueses de la fase pre-nazi alemana planean de nuevo por la Europa Ilustrada. Molesta el diferente, se mezcla la crítica despótica hacia el inmigrante y vuelve el miedo como justificación para el estigma de la seguridad. La música alta, una barbacoa y un atraco, es lo mismo para gentes que hace no mucho tiempo llegaron de otros lugares para buscarse la vida.

La memoria es insoportablemente frágil. Los humanos repetimos los ciclos del caos para quizás avanzar unos milímetros.