Un nombre donde poner el desprecio

Luis Candelas

De todo lo que ha ocurrido en esta agobiante, triste y conmocionante semana por el drama que sufrió Maricarmen en Madrid y el drama que sufrimos aquí por el homicidio encubierto de nuestra vecina Olga, lo más inesperado ha sido la reacción de los miserables de Urbagestión. De convertirse en unos indómitos de la codicia más abyecta, a transitar per el desprecio colectivo que les llevó a una mesa de negociación a destiempo, para resolver lo que jamás debieran haber provocado. Es decir, lo más inesperado ha sido poner nombre y apellidos a la mezquindad, a la ausencia de moral y de sentimientos: a la maldad, en suma.

Es cierto, como han afirmado quienes huelen el fondo del precipicio, que esto no es nada más que el capitalismo en su estado más puro: la deshumanización del que no tiene recursos y es vulnerable en esencia, en beneficio del que lo tiene todo y le sobra todo excepto la maldad, que es intrínseca, y la cultiva a base del dolor ajeno. Esto ha sido siempre el capitalismo y esto ha sido siempre el liberalismo económico, que entiende de derechos para los poderosos y de deberes para los explotados en cualquier época y en cualquier lugar.

Lo dramático de algunas historias como la de nuestra Olga es que le falló casi todo lo que no podía controlar. Y lo que podía controlar le supuso una carga tan excepcional, que corroyó hasta las entrañas sus maltratadas ansias de seguir luchando. Y entre lo mucho que le falló, le falló exactamente lo que era obligatorio que no le fallara jamás: el sistema, el Estado, la Administración municipal, los servicios asistenciales, el poder económico, el legislativo y el judicial.

Pero todo eso que le falló tiene nombres y apellidos y detrás de esos nombres y apellidos en ocasiones hay codicia, en otras hay maldad, en muchas incapacidad y pasotismo, en algunas, desidia. En casi todas, ausencia de empatía. Generalizar, que es lo que se ha ido haciendo siempre, da pésimos resultados, porque nadie suele responsabilizarse tras los conceptos generales. Y no hay manera de señalar y no hay manera de que el señalado se dé cuenta de que un dedo acusador es un tremendo dardo del que es imposible desprenderse hasta que no se repara el daño, y ni siquiera… Un daño que, como en el caso de Olga, resulta irreparable.

Por eso es imprescindible señalar. Por eso los miserables de Urbagestión han reaccionado.

He estado, desde el sacrificio intuido en el horizonte del caso Olga, buscando responsabilidades concretas que he sido incapaz hasta ahora mismo de localizar. En sus palabras en el Parlament, en una conversación radiofónica con una amiga que se ha distribuido estos días, en el comunicado de la rueda de prensa tras su muerte, apenas hay nombres. Escuchar a Olga en el Parlament estremece. Estremece, porque señala responsables y porque sus últimas palabras en la comparecencia son: “la vulnerabilidad, señores, mata” (https://youtu.be/q3veWCKIkh4?si=d0AXMjAElfb5glx1). Y eso lo dice, dos años y medio antes de dejar de sufrir.

Pero Olga señala responsables sin ponerles nombre. Y nombre tienen que tener. Habla de una empresa que la deja en paro, de una expareja que se desentiende hasta de sus hijas, de una justicia que dicta su desahucio, de un psiquiatra, probablemente de la salud pública, que le asegura —con un ojo clínico a la altura de la Universidad que le puso el título en la mano— que lo que le ocurre es que tiene depresión, que le receta un antidepresivo y que le dice que vaya al médico de cabecera par que la controle; de unos servicios sociales de su ciudad de toda la vida, que le dicen que no pueden hacer nada porque no tienen personal ni recursos; de un fondo buitre sin entrañas, como todos los fondos buitre, y de un banco que es el que le concedió la hipoteca que no pudo terminar de pagar. Todos esos responsables, todos, tienen un nombre para identificarlos, como lo tenían los dueños de Urbagestión. Pero no conocemos uno solo.

No sabemos la empresa culpable de su situación de paro ni el dueño de esa empresa, no sabemos el nombre de quien se desentiende de sus hijas, no sabemos el nombre del juez o de la jueza que firmó el lanzamiento, tampoco el del psiquiatra o la psiquiatra que se desentendió arteramente de una paciente que sufría con intensidad. Tampoco sabemos el nombre de la funcionaria que la atendió cuando fue a buscar auxilio a servicios sociales, ni el nombre del o de la responsable del servicio y de su elocuente abandono. Y si no llega a ser por el comunicado hecho público el día del anuncio de su homicidio encubierto que terminó como terminó, ni siquiera sabríamos el nombre del fondo buitre y del banco sin escrúpulos —como todos los bancos—, que la consideró otro/a ciudadano/a a explotar.

Y yo quiero hablar del fondo buitre y poner en letras de molde, con todas las aristas del caso, el nombre del banco.

Por lo que nos explicaron, el fondo que compró la vivienda que había sido suya y que terminó con la dación en pago concedida por el Sabadell era Promotoria Coliseum Real State SL, una sociedad de inversión inmobiliaria española creada en 2019 y en la que el Banco Sabadell tenía alrededor del 20% de las acciones, siendo el 80% de la tristemente famosa sociedad inversora internacional Cerberus Capital Management. Cerberus es la sociedad número 45 en el ranquing de fondos buitre que actúan por el mundo, con 92.500 millones de dólares en activos de inversión y, por lo que parece, ahora es la única propietaria de Promotoria Coliseum, porque el Sabadell, expulsados los activos conflictivos, prefiere jugar a otra cosa.

Lo que está claro es que sin la empresa que la dejó sin trabajo, sin la miseria humana con la que se tropezó en su experiencia vital, sin la insensibilidad de los que aplican la ley sin considerar para nada si lo que aplican es justo o injusto —¿que tendrán que ver las leyes que aprueban los poderosos con la justicia social?—, sin la vulneración deontológica de un funcionario de mentes con la que tuvo la desgracia de topar, sin los servicios sociales de una ciudad que desgobiernan los lacayos del poder y que los mantienen —los servicios sociales— porque les obliga la ley y la realidad… Y claro está, sin el Banco Sabadell —aunque podría haber sido otro cualquiera—, Olga no nos habría dejado para dejar de sufrir.

Solo tenemos un nombre, el de ese banco, donde yo jamás he puesto los pies, ni los pondré en la vida. Ese banco que tiene oficinas en casi todos los barrios de la ciudad, nueve en total (dos en el Centre-Sant Josep, dos en Collblanc-La Torrassa, dos en Santa Eulàlia, dos en La Florida y Pubilla Casas y una en Bellvitge), lleva grabada a fuego la muerte de nuestra conciudadana y se merece un adiós de todos los nuestros.

Solo tenemos un nombre y es el de un banco. No nos podrán devolver a Olga pero nosotros sí que podemos devolverle al banco nuestro absoluto desprecio.

Cuando las inversiones no llegan a la ciudad

Javier Díez Crespo (concejal del grupo Popular en el Ayto.)

L’Hospitalet tiene problemas que los vecinos conocen perfectamente porque los viven cada día: colegios que llevan años esperando mejoras, calles y aceras deterioradas, parques y mobiliario urbano que necesitan actuaciones, zonas insuficientemente iluminadas, dificultades de acceso a la vivienda y problemas de seguridad y convivencia. Resolverlos exige recursos, pero sobre todo exige capacidad para convertir esos recursos en actuaciones. Y la Cuenta General de 2025 vuelve a demostrar que es precisamente ahí donde falla la gestión municipal.

En 2025 el Ayuntamiento disponía de casi 99 millones de euros para invertir en la ciudad. Gastó aproximadamente 20 millones. Eso significa que cerca de 79 millones se quedaron sin gastar. Cuatro de cada cinco euros destinados a inversiones no se transformaron durante 2025 en actuaciones para L’Hospitalet.

Dejar sin gastar el dinero destinado a inversiones no es un simple problema contable. Tiene consecuencias. Porque detrás de cada partida que se queda sin gastar hay una actuación que se retrasa y, muchas veces, una necesidad de la ciudad que continúa esperando. Y cuando uno entra en el detalle de la Cuenta General, los ejemplos aparecen por todas partes.

Los centros educativos de l’Hospitalet acumulan necesidades de mantenimiento, problemas de climatización, patios que necesitan sombra e instalaciones que requieren actuaciones. En 2025 había 10,6 millones de euros para inversiones en colegios. Quedaron sin gastar casi 5,5 millones.

No son cifras abstractas. Había 606.365 euros para instalar toldos en los patios, 195.000 para actuaciones de confort climático, recursos para la mejora energética del colegio Charlie Rivel, 698.000 euros para rehabilitar las fachadas del Pep Ventura, La Carpa y Prat de la Manta y 512.207 euros para la instalación eléctrica de la Escola Bellvitge. Y así, actuación tras actuación, hasta casi 5,5 millones de euros que quedaron sin gastar y que podían haber servido para mejorar nuestros centros educativos.

Y si pasamos a las escolesbressol, el resultado es todavía más difícil de explicar: 7,25 millones de euros para inversiones y no se gastó un solo euro durante 2025.

Basta salir de casa para comprobar que l’Hospitalet tiene mucho trabajo pendiente en su espacio público: accesibilidad, aceras, mobiliario, parques, zonas infantiles o iluminación. Para mejorar la accesibilidad de las vías públicas había 5,2 millones de euros. Quedaron sin gastar 4,7 millones.

En el programa que incluye mobiliario urbano, zonas de recreo y áreas infantiles había 18,7 millones de euros para inversiones. Más de 14 millones quedaron sin gastar. Ahí encontramos 1,55 millones para adquirir y renovar mobiliario urbano, 500.000 euros para crear zonas de sombra y más de 1,5 millones para ampliar las zonas de juego y renovar los juegos infantiles.

En parques y jardines quedaron sin gastar otros 1,81 millones, con actuaciones como los 277.000 euros destinados al Parcde l’Alhambra. Y hasta en algo tan básico como la iluminación encontramos la misma situación: más de medio millón de euros para inversiones en alumbrado público y se gastó apenas un 15 %.

El problema estaba ahí. El dinero también.

La seguridad y la convivencia constituyen otra de las grandes preocupaciones de muchos vecinos de l’Hospitalet. Pues bien, dos programas vinculados a seguridad disponían de aproximadamente 2,5 millones de euros para inversiones. Solo se gastaron 18.389 euros: un 0,73 %.

Había 1,61 millones para alarmas y videovigilancia en edificios municipales, 208.000 euros para vehículos de la Guardia Urbana y 351.000 euros para material técnico de seguridad. De nuevo, el problema no era que no hubiera presupuesto.

Hay cifras que resultan todavía más difíciles de justificar. En bibliotecas públicas había 248.000 euros para inversiones y no se gastó un solo euro. Había dinero para actuaciones en La Florida, Can Sumarro y Santa Eulàlia.

En Gestión del Patrimonio había más de cinco millones de euros para inversiones y tampoco se gastó nada durante 2025. Ahí encontramos 204.000 euros para La Harmonia, un millón para adquisición de vivienda social, 100.000 euros para Albert Germans, otros 100.000 para el refugio antiaéreo de Torre Barrina, 518.000 para el Pont d’en Jordà y más de 4,4 millones vinculados a las obras del Edifici del Molí.

Y en este último caso el resultado fue todavía peor: el Ayuntamiento tuvo que devolver 2.692.611 euros de una subvención, además de los correspondientes intereses legales.

Ante estos datos siempre puede aparecer una explicación: algunas inversiones que no se hicieron en 2025 se harán en ejercicios posteriores. Por supuesto. Pero eso puede explicar una actuación concreta, no que año tras año se quede sin gastar una parte tan importante del dinero destinado a inversiones. En 2023 se ejecutó el 25,3 % de las inversiones reales; en 2024, el 19,99 %; y en 2025 volvemos a situarnos alrededor del 20 %.

Y algunas actuaciones permiten comprobar hasta dónde puede llegar ese retraso. La nueva Escola Bressol Sant Josep ya figuraba en el Plan Anual de Contratación de 2022, que preveía licitar sus obras durante el primer trimestre de aquel año. Las obras han comenzado finalmente en septiembre de 2026.

Por tanto, que una inversión pueda hacerse posteriormente no elimina el hecho de que el dinero quedó sin gastar ni los años que la ciudad puede llevar esperando esa actuación.

Y podríamos seguir. Había 2,27 millones para el intercambiador de Carrilet con Rambla Just Oliveras; 1,09 millones para el intercambiador del Metro de Santa Eulàlia; 159.000 euros para la calle Cobalt y 114.000 para el tramo final de la avenida Primavera.

En planificación, mejora y mantenimiento del parque de edificios había 7,92 millones de euros para inversiones. Se gastaron apenas 49.304 euros. Ahí encontramos 1,16 millones para el local de la calle Muntanya 17; 912.000 euros para actuaciones en el Castell de Bellvís; 1,87 millones para las fachadas de las viviendas de Plaça Guernica; 1,34 millones para la mejora energética del edificio de la calle Cobalt y 896.000 euros para actuaciones en los Blocs Florida.

En mercados municipales había 369.000 euros para inversiones. Se gastaron 21.673 euros: un 5,9 %. Y en la red de alcantarillado había 462.736 euros. Se gastaron 2.169 euros: un 0,46 %.

Porque esos 79 millones que quedaron sin gastar no son una cifra en una hoja de cálculo. Son proyectos, reformas y actuaciones que la ciudad necesitaba, que tenían dinero presupuestado y que quedaron sin hacer.

Después de recorrer colegios, escuelas infantiles, calles, parques, iluminación, seguridad, bibliotecas, patrimonio, mercados o alcantarillado, la cuestión de fondo resulta bastante clara.

¿De qué sirve aprobar presupuestos millonarios si después una parte tan importante de ese dinero no se convierte en mejoras para la ciudad?

L’Hospitalet tiene problemas y tiene recursos para afrontarlos. El Ayuntamiento debería ser el motor que permita transformar esos recursos en soluciones. Pero cuando año tras año cuatro de cada cinco euros destinados a inversiones terminan sin gastarse, las actuaciones se retrasan, las necesidades permanecen y algunos problemas se agravan.

La parálisis municipal deja entonces de ser una cuestión administrativa. Se convierte en un freno para la ciudad. Porque los vecinos no viven de partidas presupuestarias. Viven de colegios en condiciones, calles accesibles, parques cuidados, barrios iluminados, equipamientos que funcionan y servicios públicos que dispongan de los medios necesarios.

El problema de L’Hospitalet no es solamente cuánto dinero tiene su Ayuntamiento. El PSC gobierna esta ciudad desde 1979, hace ya 47 años. Después de casi medio siglo de gobiernos socialistas, lo que estos datos ponen de manifiesto es su escasa capacidad para convertir el dinero disponible en mejoras reales para la ciudad y sus vecinos.

Diversitat i intolerància

Xavier Almirall

Vivim en una societat cada vegada més diversa. Compartim carrers, places, edificis i espais públics amb persones que tenen costums, aficions, creences i necessitats diferents. La convivència no consisteix a aconseguir que tots siguem iguals, sinó a acceptar que no ho som.

El fenomen de la intolerància comença quan deixem de distingir entre allò que ens molesta i allò que els altres tenen dret a fer. La intolerància no és només un problema moral, sinó un risc estructural per a la convivència humana.

Em refereixo a la intolerància no com la incapacitat de suportar grans mals, sinó la incapacitat de suportar la normal diversitat i la inevitable imperfecció del món.

La intolerància adopta moltes formes. Algunes són tan greus que les lleis les condemnen i la societat les rebutja obertament: el racisme, l’antisemitisme, la persecució religiosa, la xenofòbia, l’odi per orientació sexual, la discriminació per discapacitat o l’assetjament.

Però cal parlar d’altres formes que són més quotidianes i sovint es presenten com simples preferències personals. Hi ha qui no suporta els nens, els gossos, els gats, els petards, les festes populars, els ciclistes, els fumadors, els turistes, els esportistes, els pagesos o els caçadors.

També existeixen rebutjos relacionats amb l’alimentació i els estils de vida: persones que menyspreen els vegetarians o els vegans, i d’altres que desqualifiquen sistemàticament qui no comparteix les seves opcions alimentàries. El mateix succeeix amb les formes de vestir, les aparences físiques, la manera de parlar, la masculinitat o la feminitat, la religió, les tradicions, l’edat, la classe social o les aficions.

Ningú està exempt d’aquestes actituds. Tots podem caure en la temptació de considerar estrany, molest o indesitjable allò que s’allunya dels nostres gustos o conviccions. Com en tot, però, hi ha graus, que poden culminar en una mena d’al·lèrgia a la diversitat, en fer-ne una ideologia que entronca fàcilment amb actituds polítiques intransigents i sectàries en tots els extrems.

La intolerància sovint es disfressa de sentit comú. Es presenta com una exigència de normalitat. «Que facin el que vulguin, però lluny de mi». «Jo no tinc res en contra, però…». «Això abans no passava». Frases aparentment innocents que amaguen una dificultat profunda per acceptar la diferència.

Aquestes actituds, aparentment anecdòtiques, es poden convertir en un patró quan deixen de ser reaccions puntuals i esdevenen una identitat, la dels militants de la intolerància. Persones per a les quals la queixa deixa de ser una reacció puntual i es converteix en una manera d’estar al món.

Els molesta gairebé tot. Sempre hi ha algun enemic o fet nou contra el qual anar. Anem afegint: les campanes, les persones grasses, els taxistes, els pírcings, els motoristes, les obres, els patinets elèctrics, els cotxes, la música, els joves, la gent gran o qualsevol activitat que alteri mínimament la seva idea particular de normalitat.

L’activitat pública i privada de l’intolerant militant acaba girant al voltant d’una successió inacabable de reclamacions, denúncies i conflictes. La indignació permanent es converteix en una identitat. La protesta deixa de ser un instrument per corregir un problema real i passa a ser una forma de vida. Difícilment aquesta és una forma de vida que condueixi a la felicitat.

Hi ha persones que semblen necessitar un motiu permanent d’indignació. Quan desapareix un objecte de la seva animadversió, ben aviat en troben un altre. La batalla acaba esdevenint més important que la causa concreta. I, sense adonar-se’n, la recerca d’una tranquil·litat absoluta es transforma en una guerra incessant contra la realitat.

Naturalment, la societat ha de protegir les persones davant de molèsties greus, abusos o perjudicis objectius. Ningú està obligat a suportar situacions que afectin seriosament la seva salut o la seva qualitat de vida. 

Però una societat sana tampoc no pot quedar sotmesa als gustos particulars d’aquells que aspiren a imposar la seva bombolla personal immaculada o una uniformitat impossible. Per tant, la societat també té el dret de protegir-se d’aquells que, en nom de la seva pròpia comoditat, amenacen la llibertat dels altres i pretenen imposar el seu model de vida. Fins a quin punt una societat tolerant ha de tolerar els intolerants?

Una altra posició és la que desqualifica la tolerància titllant-la de «bonisme», com si acceptar la pluralitat i la diversitat fos una mostra d’ingenuïtat o de feblesa. Però la tolerància no consisteix a justificar-ho tot ni a renunciar als límits necessaris. No implica acceptar els abusos, ni les conductes incíviques, ni les afectacions greus als drets dels altres.

La tolerància és una virtut exigent. Requereix admetre que els altres tenen dret a ser, a pensar, a celebrar, a gaudir o a viure de manera diferent de la nostra, encara que això no ens agradi especialment. És, probablement, una de les conquestes més difícils de la civilització.

Perquè la llibertat no es posa a prova quan convivim amb qui és igual que nosaltres, sinó quan hem d’acceptar la presència, els costums o les opinions d’aquells que no ho són.

Totes aquestes petites al·lèrgies quotidianes són la matèria primera amb què es construeix el discurs d’exclusió a gran escala. La intolerància individual també pot convertir-se en un fenomen col·lectiu i polític. Quan la gestió de la por, l’aversió a la incertesa, el rebuig al diferent o la nostàlgia d’una societat uniforme es transformen en un programa ideològic, la convivència democràtica entra en una zona de risc.

Els moviments nacionalistes excloents, l’extrema dreta i les seves diverses expressions renovades, incloent-hi corrents populistes contemporanis, han convertit sovint el rebuig al forà, a l’immigrant, a les minories o a la diversitat cultural en capital polític i en una eina de mobilització.

La història ens recorda fins a quin punt aquestes dinàmiques poden arribar a ser destructives. La demonització de l’altre, la recerca de culpables i la promesa d’una societat homogènia i purificada van ser el brou de cultiu que va permetre l’ascens dels totalitarismes europeus del segle XX, responsables d’algunes de les experiències més inhumanes i devastadores que ha conegut la humanitat.

Però seria un error pensar que la intolerància té una única bandera. L’autoritarisme, el sectarisme i la incapacitat d’acceptar la pluralitat poden aparèixer en qualsevol extrem ideològic i en qualsevol moviment que pretengui imposar una única manera legítima de pensar, de viure o d’entendre la societat.

Precisament per això, la tolerància, el respecte i la defensa de la diversitat no són cap forma de bonisme. Són una vacuna imperfecta, però imprescindible, contra la temptació permanent de convertir les nostres pors, les nostres fòbies i les nostres conviccions particulars en lleis universals. 

Més enllà dels murs: quan una condemna no hauria de definir una vida

Anna Cantos (responsable del projecte Portes Obertes de La Vinya)

Avui, 24 de setembre, dia de la Mercè, patrona de les persones privades de llibertat us convidem a mirar més enllà dels murs.

Quan pensem en una persona que és a la presó, què és el primer que veiem: una persona o el delicte que ha comès? Probablement, per desgràcia ens quedem més en la segona opció. Sabem que algú ha entrat en un centre penitenciari i, gairebé de manera automàtica, construïm una imatge sobre aquella persona. Una etiqueta que pot arribar a pesar més que el seu nom, la seva història o tot allò que ha viscut abans d’arribar-hi.

Parlar de les persones privades de llibertat no és una tasca fàcil. I el fet de voler sensibilitzar sobre la seva llibertat, no vol dir justificar el delicte ni oblidar el dany que s’ha pogut causar. Les persones han d’assumir la responsabilitat dels seus actes i les víctimes han de ser reconegudes, escoltades i reparades. Però entre reconèixer la responsabilitat i considerar que una persona queda definida per sempre pel pitjor que ha fet, per mi hi ha una gran diferència.

Una persona és molt més que el seu delicte. Darrere dels murs dels centres penitenciaris hi trobem persones amb històries molt diverses. Persones que són pares, mares, fills, filles, germans, parelles, o amics. Persones que han pres males decisions, que han fet mal, però que també poden tenir pors, inquietuds, capacitats, somnis i ganes de construir una vida diferent.
I és aquí on m’apareix una pregunta que potser ens hauríem de fer més sovint: què esperem que passi durant el temps que una persona està a la presó? Si l’única resposta és complir un càstig, probablement ens estem deixant una part important pel camí. Perquè la gran majoria de persones que ara mateix estan dins d’un centre penitenciari, algun dia sortiran. Tornaran als barris, caminaran pels carrers, buscaran feina, compartiran espais amb nosaltres i intentaran reconstruir les seves relacions familiar i socials. Per això, quan parlem de reinserció, no hauríem de pensar que és una responsabilitat exclusiva de la persona interna o dels professionals que treballen dins dels centres penitenciaris. La responsabilitat és nostra.

Podem demanar a una persona que canviï, que assumeixi responsabilitats, que es formi, que treballi i que es prepari per començar de nou. Però què passa quan surt i ningú està disposat a donar-li una oportunitat?

Tot i obrir-se la porta de la presó, hi ha altres portes que poden continuar tancades. Per això l’estigma també pot convertir-se en una condemna. Una condemna que no apareix escrita en cap sentència i que en alguns casos, pot arribar a durar més temps que pròpia privació de llibertat.
Davant d’aquesta realitat, crec necessari que comencem a plantejar-nos quin model de justícia i de societat volem construir. La justícia restaurativa ens ofereix una mirada interessant perquè ens convida a pensar a anar a més enllà de preguntar-nos únicament quin càstig mereix la persona. També ens porta a preguntar-nos quin dany s’ha produït, qui l’ha patit, quines responsabilitats s’ha d’assumir i en què es pot fer per reparar, en la mesura de lo possible, allò que s’ha trencat. I, al mateix temps, significa que les persones poden canviar.

Però perquè aquest canvi sigui possible també necessitem generar espais on les persones puguin sentir que continuen formant part de la societat.  No podem parlar de reinserció si, com a societat, no estem disposats a donar oportunitats. No podem esperar que una persona surti del centre penitenciari, refaci la seva vida i construeixi un futur diferent si continuem mirant-la únicament des del seu passat. Reinserir-se no depèn només de voler canviar, sinó que també trobar un entorn que permeti fer-ho.
Això no significa confiar cegament ni oblidar el que ha passat. Significa entendre que les segones oportunitats també necessiten persones disposades a donar-les. Una feina, un habitatge, una xarxa de suport o simplement algú que escolti. Perquè és molt fàcil parlar de reinserció, però potser no ho és tant quan aquesta persona torna al nostre barri, busca feina a la nostra empresa o vol llogar un pis. És en aquests moments quan realment hauríem de preguntar-nos si creiem en les segones oportunitats.

Què faríem nosaltres si, després d’haver complert una condemna, cada vegada que intentéssim avançar, algú ens recordes el nostre passat? Com podem demanar a una persona que construeixi una vida diferent sí constantment li recordem que, per a nosaltres, continuarà sent la mateixa persona que va entrar a la presó?
No tinc una resposta fàcil. Entenc que hi ha delictes que ens poden generar ràbia, rebuig o fins i tot comprendre com algú ha pogut arribar a cometre’l. Però crec que precisament aquí tenim un dels reptes més grans, és a dir, ser capaços de diferenciar els actes d’una persona de la totalitat de qui és aquella persona.
Per altra banda, també és fonamental el treball en xarxa. Tot i el gran volum de feina dels equips professionals dels centres penitenciaris, és important poder treballar conjuntament amb els recursos i serveis dels barris i municipis. Preparar una persona per a la sortida també implica connectar-la amb l’exterior i garantir que, un cop recuperi la llibertat, pugui comptar amb una xarxa de suport que l’acompanyi en el seu procés de reinserció.

Durant aquest temps he pogut veure també la importància que poden tenir coses que des de fora ens semblen molt petites. Una conversa, una visita, que algú et pregunti com estàs, saber que hi ha una persona està disposada a escoltar-te.
Això és, en part, el que intentem fer des de Portes Obertes. Acompanyem, creem vincle amb persones que, en moltes ocasions, l’han anat perdent o no tenen vincles amb l’exterior. De poder seure, conversar i relacionar-los des d’una posició diferent del delicte que han comès.
No podem canviar el seu passat, tampoc podem esborrar el dany causat. Però sí que podem decidir si contribuïm a fer que el seu passat sigui l’única, cosa que les defineixi.
I per mi d’això va la reinserció, de responsabilitzar-se, reparar sempre que sigui possible i tenir l’oportunitat de demostrar que podem fer les coses d’una altra manera. Perquè una condemna pot tenir una data d’inici i una data de finalització. L’estigma, en canvi, pot no tenir-ne.

I aquesta última condemna, en part, depèn de nosaltres com a societat.

Per sentir dolor no cal posar rostre: el cas de l’Olga

No coneixia l’Olga M. No tindré cap oportunitat per parlar amb ella directament. Només sé que era important fer-li cas perquè, el que explicava i el que estava passant, mereixia atenció, empatia i activisme.

Ens va adreçar un mail a la redacció de L’Estaca el 31 de juliol d’aquest any. Ens deia que volia denunciar la manca de places per grau mitjà a la ciutat, l’esforç per aconseguir una plaça per la seva filla per cursar cures auxiliars, a 8 centres. Ens explicava que havia fet una primera ronda el 10 de juliol i una segona el 24 on va aconseguir una plaça en farmàcia, però en un centre concertat. Ens comentava que pertanyia a una família monoparental especial, en una clara situació de risc social i residencial. Ella, amb només 54 anys, patia una incapacitat del 65% i una discapacitat física del 37% i es trobava a l’atur amb més de 30 anys cotitzats.

Ens concretava també que l’havien desnonat a l’abril passat d’un pis comprat feia 20 anys perquè amb el seu sou i dues filles era impossible arribar més lluny i constatava allò que era evident que, amb aquests condicions, l’alternativa fos una plaça per la seva filla a un centre concertat de la ciutat i es queixava de que, enlloc d’ampliar places, apujéssin la nota de tall a les places públiques, mantenint tota possibilitat d’inscripció a les privades.

I ens explicava que la solució que li havien donat al Departament d’Educació era que al mes de setembre es passegés pels instituts de la ciutat per veure si alguns dels que estaven apuntats havien deixat alguna vacant… “És difícil i humiliant, però per desgràcia aquesta ha estat la seva resposta”, escrivia literalment.

No la coneixíem, mai l’havíem vist, mai havíem parlat una sola paraula amb ella, però era evident que es tractava d’una lluitadora incansable, d’una persona amb un esperit ferm per defensar la seva família, les seves filles, però també el conjunt de la ciutadania que té drets, que el sistema vulnera inflexiblement.

L’Estaca al mes d’agost només publica dimarts i dijous, tot i que aquest mes es va fer una trista excepció per la mort, dolorosa i insospitada, de dues persones de gran rellevància per la ciutat. De manera que vam pensar que el tema que ens posava sobre la taula l’Olga, el tractaríem a primers de setembre, just quan l’ambient escolar és més favorable a la informació sobre l’estat de l’ensenyament. Li vam respondre al mail (em va tocar fer-ho a mi), dient-li que faríem una informació al respecte i li vam afegir que “si podíem ajudar amb alguna altra cosa només calia que ens ho digués”.

I el dia 6, diumenge, vam publicar la informació. Sense citar-la —només com a lectora— explicàvem el seu cas i la seva lluita i el mateix dia al matí li vam remetre al seu mail personal l’enllaç de la informació, donant-li les gràcies per haver contactat amb nosaltres.

Ella ens va contestar el mateix dia al migdia amb un missatge curt que reproduïm: “Gràcies a vosaltres. Us he de dir que he donat tant pel sac  a Educació i a la síndica de Catalunya durant tot l’agost, que han ampliat el ratio d’un alumne a la primera opció, el Vilumara i la he matrículat. Feu una gran feina!!!!!” i ens va adjuntar una foto d’una concentració d’ensenyants i criatures.

Aquest passat dijous, a les 10 del vespre, el company de redacció i veí de Santa Eulàlia, Joan Font, ens reenviava la convocatòria de la roda de premsa que s’havia convocat per aquest dilluns i de seguida vam preguntar si estàvem parlant de la mateixa persona.

Ens vam quedar garratibats, sorpresos, dolguts i indignats, quan vam constatar la realitat, perquè havíem mantingut contacte per escrit amb l’Olga, un dia abans de la seva terrible decisió i perquè érem conscients del dolor que poden arribar a patir les persones, fortes, responsables, valentes i lluitadores, quan les coses es torcen, es compliquen, ens esgoten, ens destrossen per dintre i no veiem cap horitzó d’esperança.

L’Olga, que havia nascut a Santa Eulàlia i que hi va viure aquí tota la vida era, sense que en fóssim conscients, una de les nostres: lectora, sí, però una persona especialment vinculada a la nostra manera d’entendre el món en el que ens ha tocat de viure: un món carregat d’injustícies, on els drets socials es vulneren, fet pels poderosos, però on la gent normal té tot el dret i la necessitat de revoltar-se, de denunciar les injustícies, la mala gestió, les incapacitats dels que diuen defensar el bé comú però en realitat només defensen el seu bé individual. Un món on els dèbils, els vulnerables i els que estem a aquesta banda de la trinxera, ens hem de fer costat, ens hem de donar suport i, sobretot, ens hem d’entendre. Tant, ens hem d’entendre, que fins i tot podem arribar a entendre que alguns diguin ja n’hi ha prou… i decideixin dir-nos adeu perquè les forces flaquejen, quan més falta ens faria la seva companyia.

Ens queden dues coses de tot plegat, que convertirem en dues missions: la primera, saber amb detall qué va passar per que les coses hagin anat com lamentablement han anat. La segona, reivindicar l’exemple de l’Olga i fer-nos ressò del seu clam silenciós, però tan potent, que no deixarem que caigui en l’oblit.

L’obertura llargament esperada d’un Casal

Justo Herrera (activista jubilat, membre de la Junta de FIC)

Per fi s’ha obert el nou Casal de Gent Gran del barri de Sant Josep. Va ser el 15 de setembre.

En primer lloc, farem una mica d’història: el Casal estava al Parc de la Serp des de començament dels anys vuitanta. Aleshores, però, es feia servir per jugar a cartes, dòmino, viatges i poca cosa més. Fa uns quinze anys es van començar a organitzar un seguit d’activitats ben diverses: físiques, mentals, emocionals, culturals… i l’espai a poc a poc va esdevenir força insuficient. Es va plantejar a l’ajuntament la necessitat d’ampliar l’espai i l’alcaldessa, aleshores Núria Marín, va agafar el compromís de fer-ho. Es van llogar part de les dependències, de manera provisional, de l’antic local de la ONCE, al carrer Migdia, el març del 2015. Més tard, el govern local va comunicar que el nou Casal es construiria al solar del carrer Leonardo da Vinci amb l’Avinguda Carrilet. A partir d’aquí, constants endarreriments, la pandèmia ho va aturar tot, etc. Finalment,  l’ajuntament va acabar adquirint en propietat la totalitat del local de la ONCE on s’establiria la ubicació definitiva.

Al maig de 2024, Rafael Gómez, que llavors presidia la regidoria d’urbanisme, ens comunicava que es trobava tot enllestit: es farien les «pliques» pel concurs de la rehabilitació de l’espai i, en un període de nou mesos d’obres, es podria inaugurar. Ha suposat un any més afegit, de neguit i incerteses. Cap problema: tothom sap quan les obres comencen i no quan acaben. El que més ha sorprès és que, durant aquest temps, cap càrrec electe, alcalde o regidors, hagi donat la cara per explicar els motius de l’endarreriment.

L’única persona que en tot moment ha informat i s’ha preocupat ha estat M. Àngels Sariñena, assessora o càrrec de confiança municipal i és just que se li reconegui l’interès. Tanmateix, el que ha sobtat per damunt de tot és que no s’hagi fet una inauguració com corresponia. L’estrena del nou Casal va ser simplement una jornada de portes obertes. Això sí, el Sr. alcalde va assistir a la tarda i gairebé d’amagatall.

Malgrat tot, és millor tard que mai. Ha quedat un Casal esplèndid, espaiós, lluminós…

I és bo expressar la satisfacció i il·lusió de la Junta i dels associats per a endegar un nou curs i dur a terme totes les activitats que ja es feien i altres de noves.
 

Més d’onze anys desprès: ENHORABONA! GAUDIU DEL NOU ESPAI!

DIA INTERNACIONAL DE LA DEMOCRÀCIA. La democràcia: una conquesta en perill?

Jaume Bosch (*)

(Agraïm al company Jaume Bosch la seva generositat per acceptar col·laborar amb L’Estaca per commemorar el Dia Internacional de la Democràcia)

La celebració, aquest 15 de setembre, del Dia Internacionalde la Democràcia, instituït per l’Assemblea General de les Nacions Unides, pot ser un bon moment per reflexionar sobre aquest valor que avui l’extrema dreta qüestiona arreu. 

Llibertat és una paraula engrescadora. Democràcia és un concepte molt bonic. No hi ha pràcticament cap estat al món que no es defineixi com a democràtic. Però 2.800 milions de persones viuen en règims autoritaris o dictatorials. Ens podem preguntar: Què és la llibertat? És el mateix que la democràcia? És generalment acceptat que en el món occidental la llibertat es concreta en un tipus d’organització política, la democràcia parlamentària. Ho comparteixo però no sé si ho veuria igual si fos un ciutadà xinés al qual aquell sistema polític, evidentment autoritari, hagués fet sortir de la pobresa com a bona part dels seus més de 1.400 milions de compatriotes. A la Xina diuen que no hi ha democràcia; a l’Índia, amb un nivell de pobresa molt superior, diuen que sí. Què es primer, votar o viure en condicions dignes? Hi ha qui creu que són conceptes antagònics però no haurien de ser-ho. És cert, però, que les interpretacions de valors com la llibertat o la democràcia són diferents més enllà dels estats desenvolupats, que sovint han basat la seva prosperitat econòmica en l’espoliació dels països més empobrits.

L’ONU ha definit alguns continguts de la democràcia: “Els valors de llibertat i respecte pels drets humans i el principi de celebrar eleccions periòdiques i genuïnes mitjançant el sufragi universal són elements essencials de la democràcia”. I ho ha concretat en tres textos fonamentals: la Declaració Universal dels Drets Humans (1948), el Pacte Internacional de Drets Civils i Polítics (1966) i la Convenció sobre l’Eliminació de totes les Formes de Discriminació contra les Dones” (1979). El sociòleg Alain Touraine formulava l’any 1992 (“Què és la democràcia?”, El Correu de la UNESCO) una altra definició de democràcia: “El règim en que ningú pot prendre el poder i mantenir-s’hi contra la voluntat de la majoria”. I tot seguit proposava “la idea de la democràcia com a arbitratge entre components antagònics de la vida social, raó per la qual no es pot limitar a la idea del govern de la majoria”. I reivindicava la “importància essencial en la democràcia del dret i de la idea de justícia”.

Quins països podem considerar avui lliures i democràtics? L’estat d’Israel es presenta com una democràcia i és acceptat a les competicions esportives internacionals o al festival d’Eurovisió com si ho fos, però vulnera constantment tots els principis del dret internacional atacant i ocupant territoris d’estats que alguns països occidentals no cataloguen com a democràtics i que, en algun cas, com l’Iran, són molt lluny de ser-ho; però això no justifica la bogeria destructora de Netanyahu. Un estat que assassina milers de persones innocents i perpetra un genocidi a Palestina no pot ser qualificat d’estat democràtic per molt que celebri eleccions cada cert temps.

Els Estats Units, malgrat les seves polítiques imperialistes, han estat sempre considerats com un exemple de democràcia: És Trump un demòcrata? És democràcia perseguir les persones migrants? És democràcia voler finançar amb  milions d’euros mitjans de comunicació de l’extrema dreta a Europa? És democràcia que Trump intenti comprar voluntats oferint 5.000 dòlars a cada ciutadà si ell guanya les properes eleccions de mig mandat? És democràcia voler annexionar-se territoris sense cap respecte a la voluntat d’altres estats i de les seves poblacions o escanyar econòmicament Cuba? Donald Trump es presenta com a defensor de la llibertat però la nega als migrants o la vol limitar a les dones que decideixen avortar. El professor de la Universitat de Califòrnia-Berkeley Loïc Wacquant (“Posar ordre a la inseguretat”. Revista Catalana de Seguretat Pública, 2011) denunciava ja fa anys que “els mateixos que exigeixen un estat mínim per tal d’alliberar les forces creatives del mercat i sotmetre els més desfavorits a la picada de la competència no dubten a erigir un estat màxim per tal de garantir la seguretat quotidiana”. Trump n’és un bon exemple:  llibertat sense límits per al mercat propi; autoritarisme i policia per a les minories i les persones més vulnerables.

Europa i Estats Units han estat referents pel que fa a les llibertats democràtiques. Però aquesta característica s’està degradant de forma accelerada. Els dirigents de les principals potències que van derrotar el nazisme i el feixisme a la Segona Guerra Mundial, Estats Units i Rússia,s’estan apropant a aquellesideologies totalitàriesque semblaven desterrades per sempre. Hem citat el cas dels Estats Units de Trump, però la Rússia autoritària de Putin ha esborrat els intents democratitzadors que els anys vuitanta va impulsar Mikhaïl Gorbatxov i comparteix  amb el president nord-americà la idea que la força és l’únic argument per fer política, tal com ho demostra cada dia a Ucraïna. A Franca, el Regne Unit i Alemanya l’extrema dreta sembla apropar-se al govern i a Itàlia ja hi és.

Catalunya i Espanya no s‘escapen d’aquesta tendència internacional. Aliança Catalana i Vox creixen a les enquestes i forcen al PP a virar cada vegada més a la dreta; a més, aquí hi ha factors específics que agreugen la situació i que provenen del franquisme i de la transició. Un dels principals problemes per a la qualitat democràtica de l’Estat és el poder judicial: hi ha molts jutges i jutgesses bons professionals i demòcrates, però n’hi ha que no ho són. I la cúpula del poder judicial s’arrenglera gairebé sempre amb la dreta i l’extrema dreta amb qui comparteix valors ideològics. No es va fer cap canvi radical en el món judicial quan va caure el franquisme i la tendència conservadora s’ha consolidat gràcies, sobretot, a un sistema d’accés a la magistratura que perpetua determinades procedències i mentalitats. Segons el professor Ignacio Sánchez Cuenca (La Vanguardia ,6.3.2021), Espanya disposa d’una democràcia autèntica però la qualitat del sistema democràtic és baixa, la democràcia espanyola és plena però anòmala. No falten els exemples que ho corroboren: des de la ‘llei mordassa’ als casos de ‘lawfare’ que el PSOE va obviar quan afectaven Mònica Oltra o Ada Colau i que ara pateix a la seva pròpia carn.

Es impossible en aquest article repassar tots els perills que assetgen la democràcia. Alguns són ben nous com el paper que ja juguen la Intel·ligència Artificial i les xarxes al servei de determinats interessos cada vegada més poderosos. Però ens hem de preguntar si hi ha alguna cosa a fer o ens hem de rendir i acceptar el final de la democràcia tal com l’hem coneguda. Estic convençut que la resistència naixerà de la mateixa democràcia. No podem descartar que s’obri pas un nou cicle de creixement de les esquerres que tindria ritmes, avenços i retrocessos, en funció de la realitat de cada país. Casos com el de l’alcalde Zohran Mamdani a Nova York i el del sector més progressista del Partit Demòcrata, encapçalat per Bernie Sanders i Alexandra Ocasio, ens mostren, als Estats Units, el camí que es pot concretar a les properes eleccions de mig mandat. A Brasil, el president Lula sembla capaç de resistir l’onada dretana que assetja Llatinoamèrica.  A Europa, creix l’extrema dreta però també es va consolidant la resposta democràtica: A Suècia, tot i que caldrà esperar al recompte definitiu, el resultats provisionals de les eleccions del diumenge, 13 de setembre, indiquen que l’extrema dreta, que aspirava a entrar al govern, retrocedeix i que el centre esquerra plural recupera la majoria per la mínima després de quatre anys de govern conservador; l’ascens del Partit de l’Esquerra i dels Verds ha compensat la baixada del guanyador de les eleccions, el Partit Socialdemòcrata: passi el que passi i de les previsibles tensions per formar govern, es demostra que els avenços de la dreta radical no són irreversibles. A Itàlia, Giorgia Meloni pot ser derrotada a les properes eleccions per les esquerres, amb la suma del Partit Democràtic, el Moviment 5 Estrelles i l’Alleanza Verdi e Sinistra. A Anglaterra, Escòcia i Gal·les, amb un Partit Laborista tocat, el creixement dels Verds i dels nacionalistes escocesos i gal·lesos podria limitar les expectatives de l’extremista defensor del Brexit, Nigel Farage. A França, Marine Le Pen  creu tenir a tocar la presidència, però faria bé en no menysprear la capacitat de reacció de la ciutadania que ja es va expressar a través del Nou Front Popular a les darreres eleccions legislatives. I a Espanya, tot i que Núñez Feijóo i Abascal ja es veuen president i vicepresident del govern, no tot està perdut: dependrà de tots i totes nosaltres i de si les forces progressistes, el PSOE i les esquerres plurinacionals (les agrupades avui a l’entorn del grup parlamentari de Sumar i més enllà), saben oferir una proposta a la ciutadania que il·lusioni, que abordi la solució als problemes socials i econòmics de la majoria de la població, que blindi i ampliï els drets de les dones i del col·lectiu LGTBIQ+, que reconegui la plurinacionalitat i el plurilingüisme, que es comprometi a enfortir la democràcia i a acollir i no criminalitzar la migració. Cal estar preocupats però mobilitzats i actius: els que ens vam formar en el combat per les llibertats i contra la dictadura franquista hem de ser capaços d’aportar optimisme i esperança a la gent més jove. Ens hi juguem la democràcia.

(*)Advocat. Ha estat regidor a Sant Feliu de Llobregat, vicepresident de la Diputació de Barcelona, diputat al Parlament, senador i ponent de l’Estatut de 2006. Ha estat membre de les direccions del PSUC, ICV i els Comuns. Forma part de les juntes del Centre d’Estudis Comarcals del Baix Llobregat i de la Coordinadora de Centres d’Estudis de Parla Catalana. El seu darrer llibre és “Fer política” (Edicions Tres i Quatre, 2025).

Hay nervios

Hay nervios y eso que lo tienen mucho mejor de lo aventurable para seguir mandando. Algunos insisten que la principal razón de esa angustia soterrada son los datos de sondeos sobre la popularidad del gobierno, que afirman que podrían perder cerca de un tercio de los apoyos y quedarse por debajo de los 10 concejales o rayando. Si eso finalmente se produce, la ciudad se convierte en prácticamente ingobernable como no sea que alguno de los partidos que apuntan a la oposición endémica se canse de ir siempre a la contra y le dé al alcalde el oxígeno que necesita. Solo habría, a priori, dos o tres fuerzas que podrían salvarle el cuello a don David: exactamente las mismas que ya gobiernan con su partido donde se toca poder. Y eso que el presidente Quiroseno lleva unos cuantos meses soltando el combustible de su apellido, que amenaza con chamuscar a todo aquel que se le acerque. Pero de eso jamás han tenido miedo ni los republicanos ni los comunes, acostumbrados a vivir más quemados que el palo de un churrero. Ni tampoco las huestes del hijo del pastelero de Amer.

La que viene en el 27, si no lo remedia la inteligencia de una izquierda con ganas de ganar, que no parece que sea el caso, va de lo mismo que ahora, pero en precario. Un gobierno en mucha minoría, una oposición con mucha fragmentación, la misma dependencia externa, el mismo criterio inflexible de los que se creen los más listos de la tribu y el descenso incontenible al descrédito de la democracia que lleva aparejado el desaliento del electorado y el auge de la simplicidad autocrática.

De todo ello, lo peor son tres cosas que cada día aparecen como más evidentes: la ausencia de coraje, el exceso de soberbia y el sesgo de confirmación. Y aparecen por doquier, a derecha e izquierda, arriba y abajo, en esta trinchera y en la contraria. Me explico y pondré algunos ejemplos, que no son los únicos.

Es difícil no comprender que esta ciudad no soporta más viviendas, que lo que necesita son mas espacios libres y el nivel de servicios y equipamientos que requiera su sociedad ya instalada. Es difícil que esto no lo tenga claro incluso el alcalde, por muy obtuso que pueda ser. Pues si eso es así, es imposible aceptar barbaridades como el Biopol o el proyecto de Can Rigalt. A todo eso habría que decir que no. Y basta. Pero para eso hace falta coraje. Y la ausencia de coraje en un alcalde, lo define. Y en una oposición, la descalifica.

También es necesario el coraje en la oposición porque es extraño que a los republicanos se les haya olvidado eso de que la ciudad no soporta nuevas viviendas, pero en cambio, en una de sus últimas notas de prensa, lo único que exigen es que las 800 viviendas de Can Rigalt sean todas de protección oficial, no que dejen de construirse (a diferencia del resto de opositores).

Es fácil preguntarse ¿cuál puede ser esa razón?. Y lo más sencillo es pensar que los republicanos tienen una opinión propia muy bien construida y elaborada que no puede aceptar dudas ajenas, porque de eso han alardeado en muchas ocasiones, aunque también en este caso concreto se podría pensar que ese sesgo moderado sobre las 800 viviendas no vendría de sus férreas convicciones sino del hecho de que el cerebro en la sombra del gran proyecto del Clínic es el Dr. Ramon Canal, que fue director del Catsalut en 2022, designado por el gobierno catalán de ERC después de la salida del ejecutivo de Junts. Un acuerdo global del proyecto del Nou Clínic bajo el liderazgo del Dr. Canal, contestado radicalmente por ERC l’Hospitalet especialmente en lo que respecta a la carga inmobiliaria —que probablemente es la madre del cordero del acuerdo sobre la planificación de todo el proyecto—, quizás no sería bien visto en la ejecutiva nacional…

De modo que las férreas convicciones que a veces tienen un ligero toque a exceso de soberbia, pueden explicarse de muchas maneras, como podemos ver. Entre otras, por el exceso de dependencia respecto de Barcelona y por el defecto de autonomía en las organizaciones territoriales respecto de las direcciones.

Y, finalmente, también tiene su im polrtancia eso que algunos llaman sesgo de confirmación, del que se enorgullecen muy a menudo los responsables de Comuns: aquello que tiene validez porque refuerza los criterios previos, pero que se pone directamente en duda o se rechaza absolutamente si actúa en sentido contrario a lo que se piensa y a lo que se defiende.

En definitiva. Para hacer política en condiciones hay que tener convicciones, informarse, debatir, reflexionar… pero resulta imprescindible también saber escuchar, poner la duda antes de la confirmación y tener un cierto nivel de audacia.

Si todos estos elementos hay que ponerlos sobre la mesa para articular un proyecto que entusiasme a la ciudadanía, no me extraña que con los mimbres que estamos viendo hasta ahora, resulte prácticamente imposible en esta ciudad. Así que… chicos/as… ciudadanos/as… lo que nos espera será más de lo mismo, pero a lo bestia. Porque ahora en esta ciudad hay una veintena de representantes a los que se podría situar entre el centro y una izquierda moderada, pero de aquí a unos meses, si no hay una visión inteligente, valiente y entusiasta, esa veintena de concejales hoy rosados, podría quedarse en alrededor de una quincena. Recordad que nos acercamos a los 29 concejales nada más que sobrepasemos oficialmente lo que ya es una realidad demográfica objetiva.

Por eso hay nervios. Y también porque crecen las críticas en las propias filas. Unos cuantos socialistas históricos han salido a la palestra denunciando la miopía política de los que mandan, que se sintieron ajenos al dolor ciudadano por la desaparición de dos personajes históricos de esta ciudad a mediados de agosto. No hubo ni un solo concejal del gobierno en ambos sepelios, ni una muestra pública de condolencia. Tamaña insensibilidad no solo es un indicio de que los que mandan han perdido el norte. Es un indicio del irremediable declive al que se están enfrentando.

Tornar de vacances

Amb la calor els malestars del veïnat de la nostre ciutat sembla com si es fessin mes evidents, tot i els silencis aparents. Mes de quaranta anys d’Ajuntament democràtic, mes de quaranta anys de govern municipal del PSC, no han aconseguit fer realment de l’Hospitalet una ciutat acollidora i amable pel seu veïnat. 

Es cert, però, que la ciutat no ha estat mai millor. L’activitat dels alcaldes franquistes va ser encara pitjor, i té molt a veure amb la configuració actual dels barris de la ciutat. L’especulació desbocada i la subordinació als interessos de Barcelona han marcat tant el perfil de l’Hospitalet que, malgrat els intents de canvi i els anys que han passat, el seu rastre perviu encara pels carrers.

Tot i així la ciutat ha canviat i, en alguns aspectes es podria dir que ha millorat. El transport urbà, tot i les limitacions encara existents permet, gràcies especialment a les línies del Metro, una millor mobilitat, encara que aquesta estigui bàsicament orientada cap a la metròpoli. No s’han aixecat nous blocs als barris de Bellvitge i de Can Serra, però la fal·lera constructiva al conjunt de la ciutat no s’ha aturat i la densitat de població dins dels 12 Km2 del municipi segueix creixent. Els serveis bàsics com la neteja, la recollida d’escombraries o la il·luminació urbana, continuen amb fortes limitacions, afectant la vida del veïnat i enriquint a les empreses de les respectives contractes, tantes vegades prorrogades.

El paisatge urbà dels barris va modificant-se; el comerç de proximitat cada vegada és més reduït, mentre es multiplica la presencia de les xarxes de grans superfícies i apareixen botigues de conveniència o les cadenes de  fleques cafeteries. Els infra-habitatges colonitzen baixos en els barris, al mateix temps que reapareixen assentaments de barraques. La crisi d’habitatge a la ciutat sembla una situació endèmica. I així es podria continuar fent un diagnòstic, una radiografia del que suposa avui viure a l’Hospitalet.

En aquest marc no resulta gens estrany que el malestar per la situació creixi entre el veïnat, encara que aquest malestar, aquesta incomoditat ciutadana, conegui molts problemes per expressar-se i, encara més per construir alternatives reals a la situació establerta.

En els anys de l’anomenada “Transició”, a finals del 70 i inicis del 80 del segle passat, les reivindicacions veïnals van trobar camins per organitzar-se i per expressar-se. Més enllà d’alguns mites, es cert que els moviments veïnals, al menys en alguns barris de la ciutat, van ser capaços d’organitzar el malestar veïnal, al mateix temps que, a les empreses, els moviments sindicals agafaven força, i que forces polítiques d’esquerres oferien possibilitats d’aconseguir canvis reals. Va ser un moment en que tot semblava possible de millorar. 

Però no va acabar sent així. Ben aviat alguns dirigents de les esquerres van adreçar-se a associacions veïnals per explicar que l’existència d’ajuntaments democràtics amb majoria d’esquerres feia sobrera la seva actuació. A poc a poc, o no tant lentament, la mobilització veïnal va anar disminuint i perdent pes, mentre la situació de la ciutat no va conèixer canvis substancials.

Les condicions d’habitatge no han millorat, i ara mateix hi ha un ampli dèficit d’habitatge social accessible. Els nous habitatges tenen uns preus prohibitius, mentre es redueix l’oferta de lloguer. Arriba un nou veïnat que és expulsat de la capital, amb un procés de gentrificació, al mateix temps que creix la població d’origen immigrant, amb pocs recursos materials i moltes dificultats per obtenir la seva regularització. Tot plegat no facilita la convivència i la mobilització veïnal.

 Públic en un dels últims plens municipals

Des dels moviments veïnals es pateixen les dificultats per orientar-se en aquesta situació i per oferir escenaris de reivindicació i d’organització. Els partits polítics de les esquerres, o bé estan lligats per les dinàmiques tancades de la administració municipal, o no acaben de trobar els mecanismes i els treballs per oferir sortides a la situació en els diferents barris. Tot plegat sembla un terreny adobat per que l’extrema dreta, el feixisme, busqui les seves oportunitats.

A aquestes forces no els interessa en absolut la mobilització veïnal ni les seves reivindicacions. Treballen justament per estimular la confrontació entre veïnes i veïnes, contra tota forma d’organització que construeixi barri i futur. Fer del malestar veïnal una arma contra la mateixa ciutadania. D’aquesta manera apareixen crides i convocatòries d’orientació difosa que multipliquen el malestar veïnal orientant-lo contra la gent nouvinguda o els col·lectius diversos.

Tot i així, una mica barri a barri apareixen iniciatives que poden ser engrescadores i que poden obrir noves perspectives de canvi a la ciutat. A La Florida, al voltant de l’associació veïnal es pot trobar tota un petita galàxia d’idees amb empenta capaces d’organitzar i d’empènyer les reivindicacions veïnals. A La Torrassa i Collblanc, al costat de la vella associació veïnal apareixen organismes com Stop Degradació o un grup d’urbanistes que treballen per fer barri en unes condicions força complicades socialment, amb la pressió sobrevinguda dels habitatges i establiments turístics.

Els moviments en defensa de l’habitatge i els sindicats de llogateres son ja una part del paisatge social de la ciutat. A Santa Eulàlia, la renovada associació treballa per acollir la infància del barri, al mateix temps que reclama la salvaguarda del Parc de l’Alhambra i la construcció dels equipaments pendents, com la Biblioteca i el Poliesportiu. A Bellvitge, més enllà del moviment de No Més Blocs, el Txiringo que s’organitza per la festa major, acull un conjunt d’activitats i de participacions de bona part de tot el que es mou a la ciutat. I també a Can Serra, o a Sant Feliu, o a Sant Josep i el Centre amb iniciatives com l’Espai La Figa, sembla que apareguin noves oportunitats veïnals.

Però no seria bo omplir-nos d’optimisme. La ciutat, els moviments veïnals i les esquerres estan lluny de viure un dels bons moments. Hi ha molt buit, molt desconcert i poca il·lusió de futur en allò que és viu en els diferents barris. Es troben a faltar possibilitats d’iniciatives comunitàries, de lloc i espais on construir convivència veïnal. En els inicis del segle passat, els ateneus, cases del poble i d’altres institucions similars van facilitar en gran mesura lligams veïnals i solidaris. En el franquisme, entitats diverses als barris van intentar cobrir aquesta necessitat, que finalment el moviment veïnal de finals dels 70 i inicis dels 80 va saber ocupar. Aquestes últimes setmanes hem conegut la pèrdua de persones actives a l’Hospitalet, especialment en els barris del nord, com la Clara Parramon i en José Gutiérrez, que van saber incidir la força d’aquesta realitat veïnal, encara que fos des de perspectives diverses. Gent com aquestes dues persones permeten explicar el millor dels nostres barris. 

Resten només nou mesos per la propera convocatòria electoral a l’Hospitalet i les perspectives de canvi i de millora de la situació en el Consistori són més aviat febles. Mentre la deriva de la gestió municipal del PSC sembla anunciar un retrocés o un estancament de les seves forces municipals i s’albira, per desgràcia, un creixement del vot a les opcions d’extrema dreta, les opcions de les esquerres segueixen molt febles, presoneres encara en alguna mesura dels compromisos poc eficaços amb els governs municipals dels darrers quaranta anys. Més enllà, tampoc noves forces d’esquerra aconsegueixen un pes social apreciable. Queda doncs molta feina a fer, moltes iniciatives per experimentar, moltes idees per crear consciència veïnal i lligams solidaris barri a barri. En això hi ha molta il·lusió dispersa.

El agotamiento de las quejas eternas

Cuando se terminan los argumentos empiezan las críticas inútiles. Es un espectáculo deplorable que Comuns y Vox se tiren pedradas teóricas, unos defendiendo la prioridad nacional y los otros aprovechando cualquier ocasión para llamarles fachas. En l’Hospitalet, donde la prioridad nacional es que su ciudadanía viva en un municipio soportable y donde los fachas tienen la misma influencia —de momento— que un grano de trigo en un silo inmenso.

Se aprovecha el debate inícuo y preñado de tópicos por todos lados, mientras cada uno vota lo que le sale del corcho superior y el gobierno gana todas las votaciones. Es igual, porque si las perdiera tampoco pasaría nada. La cuestión es que mientras se entretienen con jaculatorias manidas, nadie sabe en realidad qué hacer. El equipo del instagramer Quirós marea la perdiz hasta que ésta se vuelve turulata y el tiempo va pasando y todos cobran a final de mes. Si esto es la democracia, habría que defender la república de los soviets. Por lo menos aquello estaba lleno de fantasías y todos se llamaban camaradas hasta que uno se cabreaba de lo lindo y borraba a los demás de la foto cuando todavía no existía Photoshop, que ahora es más fácil.

Lo dicho. La ciudad no resiste las sucesivas meteduras de pata de un equipo absolutamente desorientado y quienes tendrían que buscar un horizonte se pelean entre sí para ver quien de ellos es más de izquierdas o más de derechas, o más de izquierdas de boquilla y más de derechas de actuación, más favorable a los vecinos, más defensor de los vulnerables, aunque eso les haga entrar en contradicciones flagrantes. Todo eso es un espectáculo: unos hablando de los áticos de la Ayuso y los otros de la desaparición de comparativas en el portal de transparencia de la Generalitat desde que manda el Presidentilla. Todos como el instagramer Quirós mareando la perdiz, dejando que el tiempo vaya pasando… y cobrando a final de mes.

Si cobrar a final de mes dependiera de encontrar alternativas al drama que vive esta ciudad, habría unos cuantos reflexionando en grupo para ver cómo se trabaja el futuro. A ver, reflexionando en grupo quiere decir reflexionando con los propios y con los ajenos porque la verdad no tiene propietarios sino trabajadores. La verdad no se compra ni se vende. Se elabora, se mastica lentamente, se comparte como el chicle cuando éramos niños, se defiende a la vez que se modifica, con paciencia, con criterio, con inteligencia.

Ha cuajado la idea de que una sociedad es perfectamente gobernable cuando solo mandan unos. La sociedad se vuelve ingobernable cuando hay muchas opiniones sobre la mesa, únicamente porque alguien tiene que poner orden y fijar prioridades. La gracia de una sociedad que prospera es precisamente esa: que hay un espacio común para verter opiniones —opiniones, no ideología, que eso es otra cosa cargada de etiquetas y, a menudo, huérfana de sentido común y enemiga de todo pragmatismo—, que hay un tiempo colectivo para reflexionar sobre los argumentos y que hay un aparato organizativo que fija estrategias y tácticas. Espacio, tiempo y organización es la clave del avance, pero eso no se improvisa: se pauta y se aplica.

El problema es que, pese a que los utensilios pueden imaginarse, lo que cuesta de imaginar es quien le puede poner el cascabel al gato. O sea, cómo se fabrica el espacio, cómo se racionaliza el tiempo y cómo se estructura una mínima organización que haga funcionar la maquinaria.

Es posible que no me entienda nadie. A veces me cuesta entenderme a mí mismo, pero he llegado a la conclusión de que eso no es malo. Es mucho peor pensar que tengo razón en todo, que mi ideología me permite etiquetarlo todo y que mis soluciones son únicas. De lo que estoy seguro es de que sin algo o alguien que fabrique el espacio, sin algo o alguien que racionalice el tiempo y sin algo o alguien que haga de motor, no habrá alternativa posible a la inacción, que es la norma de los que no saben más que quejarse.

Por eso resulta curioso escuchar al gobierno local decir que la oposición solo hace que quejarse sin aportar soluciones. Y es que aportar soluciones no es sencillo, pero es absolutamente imposible si no hay un espacio donde aportarlas, un tiempo que permita debatirlas y un aparato que las consiga aplicar. Si nadie tiene interés en diseñar ese espacio, si no se da tiempo para el debate y si no hay un organismo que una vez consensuadas las alternativas las ponga en marcha, señalar que solo hay quejas y no propuestas, es pura retórica absurda.

Tengo la particular sensación que el diseño del espacio es, ahora mismo, lo más urgente y lo más complejo. Porque diseñar un espacio quiere decir organizar un marco donde todo el mundo se sienta más o menos cómodo para poder debatir. Y es justamente eso, la comodidad —incluso más que la oportunidad o el interés por participar— lo más difícil de lograr. Es más, pienso que puede llegar a ser algo imposible, conseguir sentar en una misma mesa a todos a quienes correspondería participar. Pero también pienso que, si se consiguiera sentar en una misma mesa a unos cuantos representantes de los interlocutores necesarios, ya se habría conseguido muchísimo.

La ciudad necesita un Espai de Pluralitat, una Federació de Projectes y una Coordinadora de Propostes —o como se llamen— que trabajen el espacio, el tiempo y la estrategia. Las ideas siempre surgen de algún sitio, pero las realidades se fabrican. Este que tenéis aquí, bajo la capa, ya hace mucho que viene dándole vueltas a las soluciones y empieza a cansarse de las quejas eternas. Será porque no cobra un duro y ya está harto de que corra el tiempo sin que pase nada de relieve.