Mil quinientos

Tiene castañas que el barómetro de este año se haya hecho eligiendo a los 1.500 hospitalenses que votan al PSC en las municipales, aunque en lugar de un candidato de carne y hueso con un poco de cerebro, se presente un chimpancé del Zoo. Ellos se quieren a este gobierno por lo que sea. Porque en su día les buscaron curro, porque la hermana es cuñada del concejal o porque los contratan o los subvencionan cuando están a punto de echar el cierre o cansaditos de dormitar.

A saber quien pasó el listado de los 1.500, porque la empresa en cuestión tendría que haber sospechado que eso le podía complicar el prestigio profesional. Hay encuestas que cuestan mucho de creer, algunas del CIS por ejemplo, pero hay otras que son literalmente increíbles. Funcionan muy bien, porque a los que ya no se creen los métodos prostituidos de la sociología, este tipo de resultados les convierte cada vez en más ateos de la cienciología social.

Me dijo un amiguete que había trabajado en una empresa de estudios de opinión y de mercado que ya cerró, muy especializada en sondeos para la administración pública, que con los niveles de confianza del 95% —que no sé muy bien que es eso— los resultados son muy parejos haciendo 500 entrevistas o haciendo 1.000 o 1.500, de manera que aquella empresa certificaba 1.500 entrevistas y en realidad hacía 500 porque las administraciones no supervisan jamás los ficheros ni las grabaciones. En aquella época las encuestas se hacían en papel, me explicaba, y jamás el equipo de calle tuvo que enseñar a nadie los papelitos rellenos. O sea, se hagan 500, 1.000 o 1.500 entrevistas, el resultado es semejante y más si los 500, 1.000 o 1.500 son respondedores de confianza. Y sale bastante más barato y es más rápido, claro.

Sea como sea, los resultados del barómetro que se han dado a conocer es una demostración mayúscula de que a la opinión pública de l’Hospitalet la consideran directamente estúpida. Que, con la que está cayendo, el supuesto barómetro le de al alcalde un 5,3 sobre 10 o que el servicio más valorado sea el de las bibliotecas de la ciudad con un 7,4 por delante de los mercados municipales con un 6,7, lo dice todo. Cuando el gobierno local recibió los resultados, lo primero que tendría que haber hecho —si tuviera una mínima capacidad de reacción—, hubiera sido decirle a la empresa que ha hecho el informe que, por favor, lo corrigiera, porque los ciudadanos se pueden morir de la risa y los gobernantes, si la tuvieran, tendrían que morirse de la vergüenza.

Las bibliotecas son un desastre: en invierno hace frío y en verano demasiado calor, faltan algunas, como la de Santa Eulàlia hace una eternidad, y la principal de la ciudad tiene goteras desde hace meses y ha sufrido pérdidas. Además, tienen que cerrar en algunos horarios porque a todas les falta personal. Es un servicio patético por culpa del Ayuntamiento, no de los trabajadores como es obvio, y resulta incomprensible que el promedio de 1.500 entrevistados obtenga un 7,4 porque eso quiere decir que hay centenares de personas que le dan un 10 o quizás un 20.

Lo segundo mejor valorado son los mercados municipales. Equipamientos que están en la ruina absoluta porque solo hacen que cerrar paradas en la mayoría de ellos por inactividad y donde no cierran paradas hay malestar por la falta de rehabilitación o por las goteras.

Y pese a que nada funciona, como pueden testimoniar los ciudadanos, dos de cada tres entrevistados aprueban la gestión municipal con un 5,5 sobre 10. O sea que, para conseguir un 0, habría que ir apaleando al personal por la calle y aun así la encuesta nos diría que es que los ciudadanos andan mal y se caen de bruces a la mínima.

L’Hospitalet es un caos donde lo mires, pero aun así, casi el 60% de los entrevistados están satisfechos de vivir en la ciudad más densa de Europa, con menos zonas verdes por habitante de Cataluña y con los peores servicios, suciedad por doquier e inseguridad permanente, porcentaje que encima sube cuando se trata de opinar del propio barrio. Esto debe querer decir que en el barrio Centro, donde se vive muy mal, los entrevistados lo deben considerar el paraíso, porque para que dé la media, si alguien se encuentra satisfecho de vivir en Collblanc es porque acaba de llegar directamente de Gaza.

Del plan del Samontà —esa cosa que se inventó el alcalde, que es muy chic— de la que apenas se sabe nada, los entrevistados están contentísimos porque donde ahora hay basura se van a levantar 1.200 viviendas de semilujo que tendrán que ir a buscar escuelas a Esplugues y sanidad a Barcelona.

Y encima, uno de cada tres de los que teóricamente han respondido a las preguntas, dice que es de izquierdas y el 28 % de los entrevistados no acaban de saber de qué son, ni si son de alguna cosa. Pero todos son optimistas, porque tienen el gobierno que se merecen, el mejor del área metropolitana. Que digo, del área metropolitana: el mejor del Estado, que por eso todo lo que sale en la prensa es una maravilla cuando se refiere a esta bellísima ciudad.

Lo peor que le puede pasar a un país, a una ciudad, a un barrio, a una escalera de vecinos… es que quien manda considere idiotas a los que le rodean. Les funciona, porque los que tendrían que considerar a los ciudadanos como lo que son, son tan puros, tan iluminados y tan consecuentes, que no hacen más que permitirle victorias permanentes al gobierno. Los que se llaman socialistas, con este personal y con estos vecinos a los que menosprecian sin que nadie se agite en la silla y salte a la calle como una exhalación, van a tener el gobierno en sus manos otros 50 años. Los vecinos que contesten las encuestas ya no serán los mismos, pero no porque se hayan hecho mayores, sino porque huirán de este triste pesebre en cuanto puedan.

La ciutat cau a trossos i el PSC no inverteix

Manuel Domínguez (L’Hospitalet En Comú Podem)

Els edificis municipals i les escoles, el manteniment de les quals és a càrrec de l’Ajuntament, cauen a trossos. No és una exageració, malauradament.

Dos sostres de l’Escola Milagros Consarnau i un fragment de la façana de l’Escola Pere Lliscart han caigut recentment. Són dos casos recents d’una llista que s’ha fet molt llarga en els darrers anys.

El cas de les calefaccions a les escoles va ser molt punyent. Gairebé la meitat no funcionaven o funcionaven amb deficiències quan a final de novembre van baixar sobtadament les temperatures. El tema de les climatitzacions d’escoles, casals d’avis, biblioteques i centres culturals, oficines municipals és escandalós, denunciat per usuaris/es i sindicats de forma reiterada.

Un altre cas dolorós és el de les goteres de la Biblioteca Tecla Sala, que a més de posar en risc a les persones que hi treballes i en fan ús, afecta les instal·lacions elèctriques, fa malbé el patrimoni artístic i ha destruït part del llegat de llibres valuosíssims de Mn. Homar.

Quina ha estat la reacció del govern del PSC? Si sumem les partides del pressupost relacionades amb reparacions, manteniment i conservació, per una banda, i les d’inversió relacionades amb reposició, funcionament de serveis i maquinària (les partides 21, 61, 62 i 63 del pressupost) veiem que han abaixat la quantitat de 53 milions a 51,5 milions.

En plena crisi de manteniment dels edificis municipals, amb les piscines municipals esventrades, les biblioteques i les escoles tancant perquè fa fred i els casals d’avis perquè fa calor, amb la ridícula xarxa de refugis climàtics que tenim, etc… els diners per millorar els equipaments han baixat més d’un 3%, mentre els pressupostos totals pujaven més d’un 3%.

En concret, el govern del PSC ha apujat la partida de manteniment dels centres escolars un ridícul 1,6%, per sota del creixement global dels pressupostos i per sota de la inflació. És a dir, de facto, tenim menys diners per mantenir unes escoles que són en unes condicions per sota de la dignitat i dels llindars de seguretat en molts aspectes.

Als pressupostos del 2026, rere l’epígraf de “manteniment dels edificis municipals” trobem una quantitat un 1,6% inferior a la de l’any passat. Però el pitjor és que la major part dels diners pressupostats després no s’executen per la paràlisi i manca de personal en la que es troba la gestió municipal.

Per renovar el pacte que permetia aprovar els pressupostos de 2026 el Grup Municipal de L’Hospitalet En Comú Podem vam demanar sis coses i una era millorar les escoles, amb una dotació suficient per a fer les reparacions i la naturalització dels patis, incloent la dignificació dels equipaments i les treballadores del 0-3.

Ens van dir que si no volíem pactar que ho diguéssim clarament, donant a entendre que aquestes peticions eren bogeries fora de mida. Nosaltres entenem que l’Estat del Benestar necessita inversions, accions valentes i decidides i que aquestes peticions eren justes i necessàries, imprescindibles.

El Pla del Samontà hauria de passar per fer millors escoles i biblioteques, esplais, locals per a entitats, refugis climàtics, patis oberts i zones verdes amb oferta lúdica i cultural, no per fer bulevards. Necessitem espais dignes per construir una vida comunitària amb valors de convivència, civisme i respecte.

Hi ha alternatives al col·lapse actual i propostes amb prioritats socials i culturals per a l’Hospitalet que han de començar amb la dotació econòmica que els equipaments públics necessiten.

Torna el Consell de Salut amb l’esperança que els seus fruits millorin els serveis que s’ofereixen a la ciutadania

Josep Maria Pujol Boira

L’aprovació de la nova Taula Sectorial de Salut del Consell de Ciutat aquest 3 de febrer de 2026 no és només un tràmit administratiu, sinó el retrobament amb una valuosa experiència participativa.

Aquest és un moment per mirar enrere, i reconèixer el llegat del Consell Municipal de Salut, que va ser un referent de proximitat i implicació entre 2006 i 2013.

Aquell Consell, amb les seves virtuts i defectes, va representar un precedent de democràcia participativa: va aconseguir asseure en una mateixa taula la ciutadania organitzada, entitats d’ajuda mútua, sindicats, institucions sanitàries i municipals, per incidir en les decisions que afectaven la salut local, no sols en els plenaris “protocol·laris” sinó en la tasca quotidiana dels grups de treball. Per exemple: el Grup de Treball d’Atenció Primària i Comunitària, que va abordar temes crítics com les llistes d’espera, la manca de professionals i el desplegament de la salut als barris; el grup de Salut Pública que tractava reptes com la seguretat alimentària i la prevenció de riscos ambientals; i  l’àmbit de Salut Mental que afrontava reptes com la inserció sociolaboral o el seguiment d’equipaments.

El Consell no només va actuar com a òrgan consultiu, sinó que va ser un vigilant actiu de la qualitat assistencial i un motor de campanyes de prevenció.

Malgrat el seu desmantellament el juliol de 2013, que va diluir la presència de la salut en òrgans més generalistes, la lluita per una salut pública de qualitat ha seguit estant al cor de l’acció del teixit associatiu: la tasca incansable de tantes entitats de salut, de col·lectius com Rebel·lió Bellvitge, Marea pensionista, Marea Blanca, el moviment veïnal i sindical,… Ara, la nova Taula Sectorial de Salut neix per recollir les lliçons apreses i garantir que l’atenció sanitària a la ciutat torni a tenir, com aleshores, la veu de la ciutadania al centre.

Però sobretot, és un moment per mirar al futur, encara que sigui a partir d’una definició tan antiga com la del Congrés de metges i biòlegs de Perpinyà, (1976) Allà van definir que : “La salut és aquella manera de viure que és autònoma, solidària i joiosa”. Això és el que ens mou, i vol dir feina per a tothom: ningú pot dir que no sigui competència seva. La salut és cosa de tots i de tots els àmbits, i la nova Taula ha d’estar totalment vinculada a les altres, i a les diferents polítiques.

S’ha dit que la salut depèn tant o més del “codi postal” que de la genètica, Gairebé el 80% dels determinants de la salut no tenen a veure amb els serveis de salut. A l’Hospitalet en tenim una mostra més: consultant les dades de l’Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya referents a la ciutat, ens trobem el que apareix en tants altres camps: la bretxa nord-sud, el repte del Samontà.

Per això cal ser exigents en la qualitat de l’atenció concreta, les llistes d’espera, recursos humans, equipaments… però també en un abordatge transversal de la salut entre tots, que incorpori la “salut en totes les polítiques” (per exemple, tenint ben clar que en la planificació urbanística, el verd urbà, la mobilitat… la cultura, ens hi va la salut) i que presti més atenció a totes aquelles tasques preventives que poden millorar la qualitat de vida de la ciutadania.

En diferents moments, moltes entitats i l’Espai de ciutadania, hem estat reclamant aquesta restitució. Felicitem-nos doncs per la rehabilitació de la Taula, i desitgem-li bona salut!

El criterio

Los chicos de esta casa —no hay chicas, y eso se nota en demasiadas cosas— me explicaron el otro día una cuestión que, incomprensiblemente, se está convirtiendo en un tema recurrente de actualidad: la renovación del Contrato-Programa de los medios de comunicación municipales que se financian con el dinero de todos. Digo que es incomprensible por varios motivos. Porque la renovación de un contrato es una cosa apestosamente burocrática. Porque los medios de comunicación municipales funcionan en la medida que al gobierno municipal le apetece, y porque detrás de la renovación de ese contrato y de quien lo debe poner en marcha hay una diatriba que supera la tontería concreta.

De hecho, lo que está en juego ni es el contrato, ni es la supervivencia de los medios, ni siquiera la composición de quien lo tiene que validar. Lo que se juega es simplemente un cambio en la mentalidad del funcionamiento de un gobierno que, por primera vez en 46 años, no puede hacer lo que quiere. Y acostumbrar a un gobierno que lleva 46 años haciendo lo que quiere, a tener que acordar qué hacer con el resto de los que ostentan la misma representación que ellos —y un poco más, por eso son mayoría— no es tarea fácil. No ha sido fácil para Pedro Sánchez que está dando encomiables muestras de inteligencia política, ¿cómo va a ser fácil para un equipo que está dando desastrosas muestras de todo lo contrario?.

El problema es que esa inercia lleva aparejadas otro montón de inercias, especialmente las inercias de quienes solo tenían que rendir cuentas a quienes los habían contratado y que ahora descubren que quienes los habían contratado no eran quienes les pagaban sino quienes administraban los recursos de quienes les pagaban de verdad, que es la ciudadanía. Durante 46 años ha habido la tendencia a pensar que los dueños del dinero eran los gobernantes, los hijos políticos de los primeros gobernantes y los primos hermanos de todos aquellos que se han ido sumando al carro de los que querían gobernar, en unos casos por vocación —los menos— y en otros porque para ejercer el poder —y ganarse muy bien la vida— no hace falta más esfuerzo que darle la razón a quien hace las listas.

El caso es que lo que hay detrás de la renovación de un contrato —de ese contrato— es un ejercicio de funambulismo político que se dirime a cinco bandas. Una, que no quiere perder jamás, y otras cuatro que están en el marasmo de la duda permanente. Las que interesan son las de la duda, porque el que no quiere perder jamás tendría que perder esta vez para darse la oportunidad de convertir la intransigencia en inteligencia.

Me voy a explicar claramente. Los de la duda necesitan llegar a la ciudadanía y para eso se esfuerzan en publicitarse todo cuanto pueden para darse a conocer. Para eso tienen las redes sociales, los digitales posibles —este entre ellos— y los medios de comunicación públicos que deberían llegar a todas las casas. Y que, desde luego llegarían, si fueran creíbles. Los otros no llegarán jamás a todas las casas, aunque lo sean…

Y aquí aparece la primera contradicción. Los de la duda dudan de que los medios públicos actuales les favorezcan y sean creíbles, pero dudan todavía más de si les beneficiaría prescindir de ellos. De lo que no dudan es de que las redes sociales y los digitales les favorecen bastante más y hacen el esfuerzo de ser más creíbles, pero conscientes de su imposible crecimiento, dudan de darles el apoyo incondicional al que se han hecho acreedores.

El caso es que se mueven —en unos casos más, en otros menos— entre la consciencia de que los medios de comunicación públicos sirven a los intereses del gobierno, pero que en cambio los profesionales concretos lo hacen todo muy bien y no van a renunciar para nada en seguir saliendo en esos medios y en seguir dorando la píldora a los profesionales.

Mirándolo de lejos, tienen razones de peso para moverse en esa aparente contradicción, porque si bien es cierto que los medios de comunicación públicos sirven a los intereses del gobierno, también es cierto que sirven a los intereses de la ciudadanía y suelen ejercer con profesionalidad. Dicho así, algunos todavía entenderán menos qué está ocurriendo. Y lo que está ocurriendo es que se pueden defender los intereses del gobierno, de la ciudadanía y ejercer el compromiso profesional, pero negarse a modificar las pautas de funcionamiento de los prescriptivos controles sociales. ¿Para qué caramba modificar los aparatos colegiales de dirección si las cosas han estado funcionando con cierta normalidad hasta ahora… para qué hacer olas, si el tiempo aconseja tomar el sol comodamente?.

Resulta que justamente de lo que se trata es de enseñarle al gobierno que poder perder votaciones no arroja al caos, sino en muchas ocasiones a todo lo contrario: a concitar acuerdos, a saber escucharse y entenderse, a crecer colaborativamente porque la razón es un aparato muy complejo que se construye a base de muchas verdades parciales.

En definitiva. No hay contrato, como todos saben, porque no hay Consell Executiu —a ver si le explicáis al alcalde la diferencia entre Consell Executiu i Consultiu porque los confundió en la última entrevista— y no hay Consell Executiu porque no se quiere nombrar a ningún representante de L’Estaca, con lo que este modesto ingenio ha conseguido superar todas sus humildes expectativas.

Y los de la duda no quieren asumir, porqué le tienen miedo, el argumento que los periodistas que ejercen en esta ciudad pusieron en su día sobre la mesa. Si hay que elegir a tres periodistas en ese Consejo —que es algo que el reglamento aprobado propone—, que sean representantes de los medios de comunicación que se esfuerzan día a día, en algún caso por puro activismo, para dar una visión modesta pero igualmente responsable y quizás molestamente crítica, de lo que ocurre en la ciudad. A ver si al final se entiende. Se trata de aplicar un CRITERIO, no de imponer vetos o buscar alternativas. Y si se acepta el CRITERIO, es que deben ser representantes de los medios en funcionamiento quienes formen parte de esa propuesta y no otros. No hay más alternativa si se acepta un CRITERIO que se justifica por sí solo. Por qué, ¿quiénes pueden tener más autoridad moral para formar parte de una dirección colegiada de dirección y control de la información que recibe la ciudadanía, que aquellos que ejercen la profesión desde otra alternativa que no es la financiada públicamente y, por lo tanto, que no se ven obligados a rendir cuentas al gobierno de turno?

Ojalá —rendir cuentas al gobierno de turno— no fuera hoy necesario. Pero desgraciadamente lo es, y justamente hay que sentar las bases para que deje de serlo.

Hammamet 

Juan Cruz (guionista i director de cine i TV)

És probable que vostè hagi decidit llegir aquesta crònica, sí, li aviso: és una crònica, atret pel titular que fa referència a la paradisíaca localitat tunisiana. Permetin dir-li que no obstant això, les coses, de vegades, no són el que semblen. No marxi. No, no li ordeno, li prego. Només dic que, de vegades, les coses no són el que pensem que son. Però, tot i així, ja li avanço que Hamammet és important en aquesta crònica i ja li prometo que li explicaré una cosa que molt poca gent sap de Hammamet. Potser li explico més d’una. Abans però, vull que conegui la història d’un grup de nanos d’aquesta ciutat que un dia fent teatre van acabar a comissaria. Sí, sí. Corren els anys 80. L’època on diuen que va passar tot: la transició modèlica, es desplega (diuen) la constitución que nos dimos entre todos i Rodalies. Ells, aquests nanos, han estat carn de quadre escènic de parròquia des de la més tendra infantesa i ara (als vuitanta ¡situeu-vos, per l’amor de Deu!) adolescents en plena efervescència, afamats i disposats a menjar-se el món, amb certa ingenuïtat, poca consciència i tota l’energia que et dona l’edat surten del quadre escènic i esdevenen companyia independent. Olé tu. També hi ha una forta, fortíssima, ambició per fer les coses d’una altra manera. A grans trets són aquests els elements essencials. La química es dona i és bona. I el temps acompanya. Neix La Compañía Sgratta. Les nits dels dimarts i dels dijous assagen al que havia estat l’Aula de Cultura de Santa Eulàlia. Hi ha de tot: un escenari, focus, un vestidor, un quarto pels trastos i un conserge baixet que porta al cap un barret cònic de Papel Albal. El temps acompanya i «l’esperit politicocultural del moment ens va afavorir coneixent i coincidint amb persones com el Jordi Colominas o el Sito Elías» diu Xavi Insa, integrant de la companyia. Una companyia que primer aixeca “Las galas del difunto” de Valle Inclán per presentar-la a la Mostra de Teatre Aficionat que es celebra aleshores a la ciutat i més tard, en el que seria l’acte fundacional i veritable esperit de la companyia, es conjuren per a crear sota la premissa de fer coses que poden passar però que mai no passen. Les coses no son el que semblen i l’objectiu és que l’experiència de l’espectador sigui immersiva, signant un contracte, primer, d’estupefacció i després d’acceptació. «Tinc gravada a foc aquella gira nacional amb un mànager sonat que vam haver de baixar d’una cornisa a Madrid per evitar que es matés i com aconseguíem sembrar el dubte en totes les accions de carrer abans d’arrencar les rialles» explica Pili Arcas. 

Ha estat mai a Hammamet? És preciós. Va, torni de Tunísia. Davant seu pot trobar ara un quadre flamenc, la bailaora va en cadira de rodes, el guitarrista no té braços, els palmeros són siameses mancs, però se les arreglen, per descomptat el cantat és mut, tot i que se l’infla la vena del coll com a Camarón, deu el tingui al cel. Aquesta acció es deia “Folkloreando” i es va representar només tres vegades. Una d’elles a Zeleste (encara no era Razzmatazz) a la festa comiat de la banda Decibelios. Això també formava part de la naturalesa de La Compañía Sgratta: fer les coses poques vegades. Repetir era avorrit. Feia mandra. Potser per això va tenir una parròquia tan fidel que sempre acudia quan se n’assabentava que actuava. Si t’ho explicaven ja no tenia gràcia. S’havia de veure. El fet de no repetir-se venia donat per les ganes desbocades de crear. Crear en tota la seva accepció perquè «érem la companyia de teatre aficionat més professional que he conegut amb l’amor pel detall (ulleres, vestuari, perruques, maquillatge, atrezzo, escenografia…) i també la més gamberra i irreverent» assenyala Javi Insa. «Com rèiem als assajos i què poc ens agradaven les repeticions. Repetir un bolo no era el nostre fort, però els moments de creació eren de bogeria! I això sense drogues!» explica Eli Castellón «Ens movia crear; no hi havia un pensament de fer gira, de rendibilitzar econòmicament, no era una empresa on mirar comptes de resultats. Potser, de manera inconscient, la motivació fos: crear, divertir-se, mostrar» assenyala Diego García. També és veritat que agradava treballar a mida com a aquell bolo per l’agència de publicitat Bassat, Ogilvy & Mather: un sopar de Nadal on tots els treballadors de l’empresa es veien, de sobte, immersos al mig del rodatge d’una pel·lícula i avocats a participar. Al sopar es va servir brick d’ou ferrat. A Hammamet hi ha un lloc on es cuina el millor brick amb ou ferrat d’aquest galàxia. Molt a prop d’allà es va rodar La guerra de les galàxies

Dues ambulàncies s’endinsen a una plaça dura de Moratalaz i s’aturen al bell mig davant les mirades atònites dels veïns, dels vehicles descendeixen una caterva de bates blanques amb fonendoscopis al coll que amb fermesa ordenen a la ciutadania que es col·loqui fent cua per tal que comenci la revisió mèdica múltiple més gran que ha vist mai aquell barri. Cal dir que, Pedro Reina, integrant de la companyia està en primer de medicina i Olga Fumadó, la benjamina del grup, vol estudiar infermeria, així que la resta de components ha rebut una acurada formació per a no posar en perill al públic «¿Y ustedes no miran el azúcar?» «No, salao ¡El siguiente!»

«Recordo les hores que ens hem passaven a les Engrunes, recollint roba llardosa i trastos impossibles. I, per descomptat, la coordinació pel robatori de perruques [delicte prescrit] quan no ens arribava el pressupost» explica Esther Bleda sobre com es va formar l’increïble fons d’armari de la companyia. 

Som a Castellar del Vallés. Dos mormons deambulen pels seus carrers. A les mans porten exemplars d’aquell llibre que ara és un musical, però també una bossa de plàstic plena de roba bruta. El joc és intentar convèncer a la gent que aturen pel carrer, —que espera la ja clàssica xapa mormònica—, que els hi rentin la roba. «Em ve al cap Juanito i jo vestits de mormons al Mercat de les Flors i flipar de com la gent creia que realment érem uns pobres mormons desorientats. Molt bé ho vam haver de fer per aconseguir aquesta reacció en un ambient tan “teatrero”» rememora Quim Fernández sobre la mateixa acció al Mercat de les Flors, però tornem a Castellar del Vallés. La companyia porta tot el dia fent accions teatrals per la vila, gran part dels components es canvien, es desmaquillen i comencen a recollir. No obstant, falten dos dels integrants. Els dos mormons. Els mòbils no existeixen. Dues de les actrius van a la seva recerca. Els troben dins d’una casa, on una senyora molt amable, però molt, s’ha prestat a rentar-lis la roba que porten a la bossa, mentre es fa la bugada els ha convidat a un te (ha pensat que els mormons no prenen cafè, que potser és pecat al seu credo) i ha cridat a la seva neboda que és la que sap anglès. Glups. Nervis. Suor freda. Les companyes apareixen per la porta «Oh wow, you got lost. Ha ha. Follow us, bitches. Moltes gràcies, senyora. No s’enteren de res aquests fills d’Utah» I així per la intervenció divino-mormònica de les dues companyes, acaben sortint bé d’aquella pillada… i amb la roba neta. 

Al catàleg d’accions i espectacles de la companyia apareix un “Desalojo”, tant de moda avui en dia, on els habitants d’un pis li llencen per la finestra tot el mobiliari que tenen a l’abast a la policia que des del carrer intenta negociar una sortida pacífica. Els bolos reporten diners, diners que tornen a ser reinvertits, hi ha ganes i recursos per aixecar un espectacle a la italiana, sense trair l’esperit de la companyia: fer coses que poden passar però que mai no passen. Mentrestant també s’atenen encàrrecs com la Fiesta Beat al poliesportiu de Santa Eulàlia o el San Valentín sanguinolent de la Sala Stratto que ajuden a poder aixecar la producció del seu nou espectale, “Taiko Himenchi”. La premissa: una famosa companyia japonesa de teatre kabuki anuncia la seva actuació al Centre Catòlic de L’Hospitalet. S’esgoten les entrades per les dues (úniques) representacions. S’apaguen les llums i quan es tornen a encendre ho fan de manera acotada sobre l’escenari on hi ha un decorat completament groc (fuck Moliere!) d’una estança japonesa, el públic porta una estona assegut, però l’espectacle no comença. Papallones a l’estómac. Al cap d’una estona, irromp a l’escenari un paio vestit de frac acompanyat d’una hostessa que llueix cabellera i celles rossa platino i que empenta un bagul gegant de color negre amb estels pintats de blanc ¿Què és això, un espectacle de màgia? Es presenta com a expert en hipnosi, es diu Hèctor Hero (maleïts jocs de paraules). Li explica al públic que la companyia japonesa ha patit un contratemps i no podran, al menys de moment, fer la seva representació. Però vivim a la Catalunya prospera i ufana i la Generalitat de Catalunya ha previst que en casos com aquest hi hagi un espectacle de guàrdia. Un de recanvi. La cultura per damunt de tot, hòstia ja. A partir d’aquí pugen a escena un ventall de personatges que ja hi eren asseguts entre el públic i que es transformen en d’altres a caprici d’Hero, l’hipnotitzador. El patí de butaques bull. 

“Taiko Himenchi” es va representar dues vegades al Centre Catòlic com dèiem abans penjant el cartell d’exhaurides les localitats a totes dues funcions. 

Aquest episodi tanca una trajectòria sostinguda en el temps que ha donat episodis de tota mena i que com les bones històries, les boniques i les importants té un final crepuscular. De tons taronges a una platja de Tunísia un desembre de fa unes quantes dècades. Però tornem a Europa i uns anys enrere del sold out al Centre Catòlic.  Som al Clandestino. Bar de copes de La Florida. Hi ha convocada una “Fiesta del playback” (és una tapadora). «Per mi la Sgratta va representar el pas de fer de majordom a la parròquia a noi gogó amb un tanga daurat, que encara no sé com vaig convèncer la meva tieta Montse, la modista, que m’ho fes…» recorda Jordi Ballart. La gent continua gaudint de l’espectacle fins que dos paios amb la cara coberta amb unes mitges cristall i pistoles en mà criden: “¡Todo el mundo quieto. Esto un es un atraco!” (tot i deixar clares les intencions amb les dues primeres frases: que eren delinqüents i el seu objectiu no era altre que robar aquelles pertinences de valor que portessin a sobre, va haver-hi gent (molta) que llençava les seves substàncies de consum personal al terra). Després del primer ensurt la cosa es relaxa i començà un espectacle d’estructura bàsica: ells lladres (armats) es fan amb la caixa i quan volen sortir, des de l’exterior els hi avisen que l’edifici “está rodeado”. La gent del bar no veu res de dins del local, amb l’excepció del faç de llum blava d’una sirena i sí pot sentir la veu amplificada d’un megàfon de l’actor sobre el que recau la gran responsabilitat de representar a tots i cadascun dels cossos i forces de seguretat de l’Estat. Tela. A partir d’aquest moment, l’espectacle va de com aquells dos penes amb pistola negocien amb la policia la seva sortida del local. Tarde de perros, però de risses. Mentrestant al món passen coses que —de moment— son alienes a aquests joves eixerits. 

Ells lladres negocien amb la policia un sopar per tota la gent que hi ha dins del local, un helicòpter per arribar a l’aeroport, uns quants milions, d’efectivament, pessetes i un avió amb tripulació a qui se li comunicarà el destí un cop a l’aparell. Lo típic. Dins del bar la gent s’ho està passant bomba. No hi ha noticies del que passa en aquell moment a Hammamet. Tampoc importa. 

Entra DRAMATITZACIÓ:

L’alcalde d’Hospitalet dorm plàcidament quan rep una trucada que el treu del llit.  —Mire excelentísimo le habla el XXXXXXXX XXXXX de la XXXXXXX XXXXXX nos acaban de notificar que un operativo de los GEO está llevando a cabo una acción en la ciudad.

—informa XXXXXXXX XXXXX 

—¡Pero qué me estás container! —exclama el batlle. 

L’alcalde es posa el seu batí de seda amb un estampat d’orquídies (recordo que es una dramatització) i agafant el telèfon blau cel modelo Heraldo, marca un número. Acaba de trucar al Governador Civil de Barcelona que també surt del llit vestint un batí de seda amb un estampat de papagais per confirmar que ell tampoc en té ni pajolera idea que uns GEO estiguin duent a terme cap acció a la ciutat. Comença la cadena de trucades entre cossos: la Guardia Urbana truca a la Policia Nacional que tampoc saben res i aquests a la Benemèrita, que d’igual manera tampoc no tenen ni idea. Algú, no se sap qui, dona un ordre que canviarà el decurs de la nit. 

Dins del Clandestino tot és jiji-jajá. L’espectacle està arribant al seu final. El pla dels dos lladres és sortir camuflats entre el públic al que ha obligat a organitzar una conga que els portarà fora del local. La serp humana va sortint de l’establiment al ritmo d’aquest ball i just quan quasi tothom és ja al carrer arriben dos vehicles zeta (en contra direcció) de la Policia Nacional. La massa irromp en una enorme ovació i no menys petit aplaudiment, mentre els agents de la policia van trincant als actors i els conviden a entrar als vehicles. Aquella nit la passaran a comissaria com els actors de “La corte del faraón”, a l’endemà gran part de la premsa barcelonina es fa ressò del truculent episodi. El catxet que va cobrar la companyia el va gastar en la seva defensa. Se’ls acusava d’un delicte d’Escándalo público.

A grans trets aquest va ser el viatge que van fer els deu components de La Compañía Sgratta durant els, gairebé, deu anys de la seva existència. «Molts veníem ja de fer teatre a la parròquia, però és clar, allò era una cosa molt més nostra i aquest viatge compartit va tenir molta més importància pels companys del viatge. I si de la part teatral em quedo amb l’aprenentatge, de la part personal, em quedo amb l’agraïment d’haver creat tot allò plegats. I també que em deixàreu jugar a ser director per primera vegada a la meva vida» recorda Jose Corbacho.

La Compañía Sgratta es va acomiadar per sempre més un desembre dels 90 a Hammamet, Tunísia. 

Hammamet és el lloc on es retroben, on es conjuren, de tant en tant, els seus integrants. Acosti’s quan pugui, demani’s un te i segui sobre la sorra de la seva platja mentre contempla la posta de sol. Ja veurà, res sembla el que és. 

La Compañía Sgratta estava formada per Pilar Arcas, Jordi Ballart, Esther Bleda, Elisenda Castellón, Jose Corbacho, Juan Cruz, Quim Fernández, Olga Fumadó, Diego García, Xavi Insa i Pedro Reina. 

Cal un mort per activar els recursos bàsics?

Carlos Galve Farré (activista i peixater)

És d’encefalograma pla que els responsables polítics de qualsevol ajuntament, com a administració més propera a la ciutadania, no activin les mesures necessàries per evitar la mort de les persones sense llar. El cinisme de l’alcalde de Badalona va eludir qualsevol responsabilitat afirmant que la persona morta al seus carrers ja fa uns quants dies, no era una de les desallotjades del B-9.

Confesso que, entre el que passa a Veneçuela i la perversió del feixisme local aplicada a la vulnerabilitat de les persones pobres, em sento com Santa Teresa: «visc sense viure en mi». Aquesta situació em repugna i m’indigna. Jo sí que vull viure, denunciar la indiferència i lluitar, en la mesura de les meves possibilitats, per posar el dit a la nafra d’una injustícia intolerable: conviure amb la misèria de persones que, per múltiples raons, es troben en situació de marginació.

És dur i difícil llegir o escoltar opinions que culpabilitzen les persones sense sostre per no ser capaces de remuntar el caos social que suposa no tenir on protegir-se del fred o de la pluja. Potser una definició encertada de la diferència entre un ésser humà i un animal irracional seria aquesta: la incapacitat d’entendre que tots som candidats potencials a aquesta mateixa vulnerabilitat.

Una altra actitud, encara més estesa, és la indiferència davant la pobresa.

Arribats a aquest punt, no tinc més remei que apel·lar al govern local. Ningú hauria de dormir tranquil sabent que als nostres carrers hi ha persones sense llar. La responsabilitat política d’un govern democràtic, socialment sensible i compromès amb la seguretat dels seus ciutadans hauria de ser —com habitualment es proclama— evitar la possibilitat de la mort de qualsevol persona en risc, sigui quina sigui la seva condició social o mental.

L’aporofòbia emergeix igual que la xenofòbia. Són actituds diferents, però comparteixen un mateix origen: la por i el rebuig envers qui és diferent.

L’últim recompte real de persones que dormen al carrer a l’Hospitalet és de cent vuitanta-tres (183). És una xifra esgarrifosa. Una altra dada que hauria de sacsejar-nos la consciència és la diferència entre les places disponibles —49 llits— i aquestes 183 persones. Això significa que hi ha 134 persones susceptibles de morir de fred a la nostra ciutat durant les nits gèlides d’hivern. Aquesta és la xifra que l’alcalde Quirós hauria de tenir present.

De la mateixa manera que, davant un incendi, truquem als bombers, hauríem de disposar d’un servei social d’emergència que evités que ningú perdés la vida, incloses aquelles persones que, per diverses raons, rebutgen ser ateses. Les patologies psicològiques són múltiples i complexes.

Cap administració hauria d’assumir ni el més mínim risc jurídic per haver evitat que cap ciutadà de l’Hospitalet morís de fred als carrers.

El municipi —és a dir, l’administració— que apostés per aquesta prevenció social no només destacaria per la seva responsabilitat política i social en la defensa de la integritat dels seus veïns, sinó que, vista la situació actual, es convertiria en un ajuntament amb veritables signes de solidaritat i de principis humans bàsics. En definitiva, en un ajuntament realment democràtic.

No com l’Ajuntament de Badalona que, pel perfil del seu alcalde, mostra una greu manca d’humanitat. Així és com es combat l’aporofòbia: l’odi a la pobresa que practiquen determinades persones i forces polítiques que pretenen obtenir rèdits polítics i electorals estigmatitzant les persones sense llar.

Fora el trumpisme de l’Hospitalet.

Una ciudad sin audacia

Imaginaros por un momento que los 14 concejales de la oposición de esta ciudad se sientan en una única mesa para hablar de futuro. Es difícil de imaginar, porque para que se sentaran en una única mesa habría hecho falta antes que la responsable del PP hubiera convencido al portavoz de Vox para que respondiera únicamente a las preguntas que se le hicieran sin añadir demasiados matices y para que el resto de fuerzas de la izquierda se sentaran frente a frente las unas de las otras para poder ignorar lo que se moviera a su extrema derecha.

Echarle imaginación y considerar que ya están sentados y que la portavoz popular pide a los 13 concejales a su alrededor que voten como alcalde al portavoz republicano, naturalmente tapándose la nariz, las vergüenzas y hasta los ojos, si fuera necesario. Para ello tendría que haber convencido previamente a solo tres de ellos, porque ella ya lo está: el que va a ser el alcalde, el que va a ser el segundo teniente de alcalde y el que se va a mantener fuera del gobierno, pero que va a ser escuchado con atención en todos los plenos, al que se le van a votar a favor todas las enmiendas que presente —excepto aquellas que le lleguen vía aparato, que esas van a ser rechazadas—, al contrario de lo que le viene sucediendo hasta ahora, que ni se le escucha, ni se le tiene en cuenta y al que se zahiere cada vez que es posible.

Para que se vote al alcalde, se ha pactado ya el gobierno y se ha pactado ya el programa. Y se ha pactado, sobre todo, el respeto temporal, que quiere decir que, durante los próximos 18 meses, van a ser escrupulosos en lo acordado, pero sobre todo en lo que puede poner en crisis lo acordado: nada de insensateces y mucho menos de provocaciones. Ni siquiera las verbales.

El gobierno es un poco lo de menos, pero van a haber cinco tenientes de alcalde y otros seis concejales de distrito. El primer teniente de alcalde y el cuarto, de los populares, el segundo y el quinto de los Comuns y el tercero, republicano. Los concejales de distrito, repartidos equitativamente entre las tres fuerzas.

Lo importante es el programa y, en 18 meses, el programa tiene que ser un programa de urgencias y de mínimos, sobre todo teniendo en cuenta los equilibrios que implica su realización. Un programa que incluya la búsqueda de solares para nuevas escuelas, la aplicación de las urgencias de mantenimiento en los centros y la adecuación de los patios. En sanidad, el acuerdo para ubicar el nuevo hospital y los trámites para llevarlo a cabo, así como los CAPS en proyecto. En economía y comercio, la urgencia de las obras de los mercados de Collblanc y Bellvitge y campañas municipales de comercio de barrio. En deportes, el acuerdo final para el polideportivo de Santa Eulàlia y la renovación de los contratos de los polideportivos. En urbanismo, la compra de suelo público, la moratoria sobre los permisos de nuevas edificaciones de viviendas libres y la congelación de los acuerdos sobre los proyectos de Can Rigalt y las obras del clúster de la Gran Via. Además, la resolución del contencioso de los vecinos de la Porta Nord para que no tengan que abandonar sus casas. En patrimonio, la recuperación y uso de los espacios hasta ahora cerrados: Albert Germans, Cosme Toda, La Remonta, Can Trinxet, la apertura de los refugios de la guerra civil y la rehabilitación de las pocas masías que todavía quedan en pie. En hacienda pública, la rebaja de la fiscalidad para residentes y comerciantes, el recálculo de la tasa de residuos y nuevos incentivos para el uso de la deixalleria. En seguridad ciudadana: la urgencia de los medios técnicos y de ubicación de la Guardia Urbana, la recuperación de la policía de proximidad y la vigilancia exhaustiva de los espacios públicos (jardines, plazas, parques…) En servicios sociales, un aumento del volumen de trabajadores para atender a la creciente demanda y la aplicación de criterios racionales para el empadronamiento. En la plantilla municipal, un estudio de los servicios y de los chiringuitos, con la readecuación de las direcciones y la reevaluación de las capacidades de las direcciones ejecutivas. En la política de subvenciones, un análisis consensuado de las entidades que requieren soporte y de lo que simplemente son accesorios que benefician el clientelismo social. En política de vivienda, un estudio concienzudo del esponjamiento de los barrios del norte de la ciudad a través de adquisición de solares y edificios, una política de rehabilitación y reubicación del vecindario consensuada y una incentivación del cooperativismo inmobiliario. En participación, un esfuerzo consensuado para ampliar los márgenes de la intervención social en los distritos, en los plenarios y en los instrumentos cívicos de participación (mesas sectoriales, Consell de ciutat, consejos de administración de empresas públicas, etc. En materia informativa, la garantía de una información pública controlada por la sociedad civil y la eliminación de los instrumentos de propaganda al servicio del gobierno local; recuperación de la emisora municipal e intervención televisiva. En mantenimiento ciudadano, el control de la limpieza en las calles, la iluminación de las arterias y el culto de la civilidad. En movilidad, análisis de las necesidades de los barrios en cuanto a carriles bici, aparcamientos y tránsito rodado y adecuación consensuada en cada ámbito. En relaciones exteriores, congelación de aportaciones inútiles —ya está bien de ser el eterno patio trasero de Barcelona— y propuestas convincentes de futuro (Fira 2000, Fira de Barcelona, etc).

Imaginaros un programa elaborado por los políticos —más exhaustivo, seguramente más preciso y ajustado—, no por este humilde comentarista en cinco minutos, pero en esa línea de acuerdos posibles. Dudo mucho que en lo especificado hasta ahora, no estén absolutamente de acuerdo los cuatro grupos de oposición. Tres de ellos podrían demostrarle a la ciudadanía lo mucho que se puede hacer cuando el esfuerzo es compartido y la prosperidad se mide en realidades y no en palabras. El cuarto podría explicar también que no tiene ningún interés en los sillones sino en la política y que, sin su esfuerzo —sin sus tres síes— no hay votos, no hay gobierno y no hay programa.

Y lo más importante. Con 18 meses, este gobierno y este programa, las capacidades que se les suponen y las ganas de acuerdo y no de lo contrario, acabarían demostrando a la ciudadanía que en esos equipos hay futuro. Y para el 2027, otro gallo nos cantaría.

Pues bien, lo que habéis leído es un sueño. En esta ciudad no hay audaces. Jamás los hubo y así nos va…

La solidaritat amb Veneçuela

De fet, l’Hospitalet no viu d’esquena a tot allò que passa més enllà dels seus 12 Km2 i pico i, fins i tot arreu del mon. Arran del genocidi en curs a Palestina, hi ha hagut mobilitzacions solidàries a la nostre ciutat, i tampoc no van faltar iniciatives solidàries ara fa un any quan les víctimes de la Dana al País Valencià. Ara, el fets a Veneçuela del 5 de gener, la intervenció nord-americana al país sud-americà i el segrest del president Maduro, també s’ha viscut als nostres barris.

A l’Hospitalet hi ha una immigració d’origen veneçolà d’unes 2.712 persones, segons l’IDESCAT amb dades de 2024. Aquesta immigració te una distribució força homogènia en els sis districtes de la ciutat i té unes característiques molt diferents a les de la immigració veneçolana a Madrid, que es concentra essencialment en el barri benestant de Salamanca.

No resulta fàcil conèixer de primera mà les opinions d’aquests col·lectiu sobre la situació actual en el seu país d’origen. Es pot detectar una certa divisió d’opinions sobre el règim de Veneçuela però, en tots els casos, el que es mostra de manera evident és la preocupació sobre els efectes d’aquests fets. Gairebé tothom expressa temors sobre l’evolució de la situació i les repercussions sobre les seves famílies.

Aquesta preocupació s’estén a la població d’origen colombià, que quasi multiplica per tres la d’origen veneçolà. En el seu cas son unes 6.533 persones i constitueixen la comunitat d’origen immigrant més nombrosa a l’Hospitalet. Estant veient com evoluciona la situació a una Veneçuela que sembla que pot acabar convertint-se en una mena de protectorat dels Estat Units i son conscients de les amenaces que un dia i un altre es fan contra el seu país des de l’administració nord-americana.

Totes dues comunitats son formades quasi al 50% per dones i homes i han arribat fins aquí a la recerca d’unes millors condicions de vida, deixant en els països d’origen bona part de les seves famílies. D’aquí les seves angoixes sobre l’evolució dels esdeveniments a un i altre país.

Fins ara han trobat suports entre el veïnat més proper i no sembla que des de la trentena d’entitats de cooperació de la ciutat s’hagi endegat cap iniciativa específica de solidaritat amb la població d’aquests països. Tot i així, des de les organitzacions sindicals i des de col·lectius diversos com ara L’Hospitalet amb Palestina o la Unitat Contra el Feixisme i el Racisme de l’Hospitalet s’han emès comunicats de solidaritat i es va cridar a una concentració d’urgència a la plaça d’Urquinaona a Barcelona.

Però la situació continua sent greu i segurament caldran més iniciatives de suport al poble de Veneçuela i al col·lectiu immigrant de la nostre ciutat, amb independència de les valoracions polítiques que es puguin fer sobre els respectius governs. També seria bona cosa fer sentir a d’altres comunitats de persones immigrants, com les quasi 900 persones d’origen ucraïnès, l’escalf del veïnat amb elles i amb les seves angoixes. Restar amb els braços creuats no sembla ser una bona opció.

I ara? Més enllà de la desconfiança

Ara, quan l’alcalde Quirós i amb ell el govern municipal ha perdut la confiança del ple municipal i no ha aconseguit aprovar el seu projecte de pressupost pel 2026, pot ser oportú posar sobre la taula les limitacions a la autonomia municipal i a la mateixa democràcia de base que impliquen les lleis que regulen la vida municipal.

De fet, ja és conegut que amb les lleis actuals que afecten la vida municipal de la nostra ciutat, el ple municipal, és a dir, la representació d’allò que ha escollit la ciutadania amb el seu dret de vot, té unes competències força limitades. La llei 57/2003 de desembre del mateix any,  coneguda com la de les “grans ciutats” aprovada pel PP, deixa total poder de decisió en mans de l’alcalde i de la seva junta de govern. El ple només és decisiu en dues qüestions: l’elecció de l’alcalde i l’aprovació dels pressupostos anuals.

Tot i així, fins i tot aquestes competències atorgades al ple municipal, tenen limitacions. L’elecció de l’alcalde. Si no hi ha una majoria al ple que l’hi doni suport, recau automàticament en el cap de la llista més votada, encara que sigui per un sol vot. I, com segurament veurem en les properes setmanes, el pressupost, que va ser rebutjat per la majoria del ple municipal, entrarà automàticament en vigor si, com sembla que passarà, els grups d’oposició no es posen d’acord en l’elecció d’un nou alcalde. D’aquesta manera allunyada de la democràcia, un alcalde que no ha rebut la confiança de la majoria del ple, seguirà presidint el govern municipal i uns pressupostos que han estat rebutjats, entraran en vigor.

La mateixa operació s’està fent a Barcelona per segon any consecutiu, en virtut de la seva particular “Carta Municipal”. Sembla clar que aquesta manera d’actuar en els municipis no resulta la més adient i adequada per millorar la vinculació del veïnat amb els seus ajuntaments i, encara més, en els valors de la democràcia. Aquestes regles que limiten el valor d’allò que es vota i limita l’abast de les opcions minoritàries, facilita una manera de fer marcadament presidencialista i allunyada del necessari debat i confrontació entre propostes diferents.

En el nostre cas, el de la ciutat de l’Hospitalet, aquesta situació provoca la continuïtat d’un model de ciutat molt lligat als grans projectes urbanístics i a facilitar l’especulació urbanística, un model esgotat, més enllà de les grans promeses mai acomplertes. Mentre els diferents barris pateixen una densitat de població que arriba a límits de supervivència i una manca d’equipaments culturals, educatius i de salut que ja sobrepassen la reivindicació veïnal per esdevenir deutes de l’administració municipal amb el veïnat, el govern municipal anuncia grans plans urbanístics a nord i a sud, que agreugen una situació que arriba al límit. D’això van uns pressupostos municipals que la majoria del ple municipal no va aprovar i que ara, d’aquí a unes setmanes, es donaran com a vàlids en funció d’unes normes legals que queden fora de qualsevol esperit democràtic.

Tot plegat mostra de manera més descarnada les fortes limitacions que pateix l’autonomia municipal dins l’actual marc legal. Pel que fa als ajuntaments, i segurament més enllà, les lleis mostren una forta desconfiança en la capacitat del veïnat de pobles, viles i ciutats per decidir, dins de les seves pròpies institucions electes, sobre el que els envolta. D’aquí arrenquen els antics “corregidors” de l’administració de la monarquia, o ara, els cossos de funcionaris estatals, els secretaris municipals i els interventors, que serveixen per controlar dia a dia les activitats dels ajuntaments.

Històricament, les esquerres han defensat l’autonomia municipal o el federalisme des de baix, d’alguns corrents llibertaris. I és que, és el veïnat de cada poble, i en el nostre cas de cada barri, qui millor coneix la seva situació i les necessitats que cal afrontar. Com es va afirmar moltes vegades, tot el que es pot decidir en un primer nivell no cal enviar-ho més amunt. Així, hi ha molts corrents que defensen una ciutat, un l’Hospitalet basat en cada barri, assumit les seves realitats.

Voldríem creure que el rebuig majoritari del projecte de pressupostos de l’actual govern municipal té a veure amb l’assumpció d’un model de ciutat alternatiu al model actual del PSC, un model de ciutat lligat a cada barri i capaç de superar el dèficit actual en habitatge, en educació, en parcs i espais comunitaris i en cultura. Això no deixa de ser més que un bon desig de cara al nou any que tot just comença.

La redacció de lestaca.com us desitja un 2026 ple d’esperança!!!

La era de la palabrería

No sé si os habéis dado cuenta de que vivimos en la era de la palabrería. Algunos dicen que sufrimos de sobreinformación pero de lo que sufrimos auténticamente es de palabrería, de mensajes vacíos donde lo que importa es el continente y para nada el contenido. Lo que importa es lo que quiere significar lo que se dice; en absoluto lo que significa. Y normalmente se trata de ensoñaciones, en general con la intención de sorprender o de generar simpatía, cuando no se trata absolutamente de lo contrario, de repetir y de generar odio o rabia.

Por lo general nos engañan cuando nos hablan de información. Lo que nos llega, apenas nos sirve para estar informados. O sea que no tenemos sobreinformación. Lo que tenemos es sobrepropaganda, sobrepalabrería, sobreensoñación. Consideraciones cortas que solo nos sirven para crear un estado de opinión que no hace falta que tenga nada que ver con la realidad, de modo que nos construyen la realidad sobre artificios que no resisten la mirada objetiva y mucho menos la mirada crítica.

Fijémonos en nuestra historia municipal más reciente. Veníamos de 40 años de dictadura que provocó dos realidades contrapuestas: gente que acudía por la oferta de trabajo y un futuro algo más próspero para sus hijos, y gente que tenía propiedades o recursos a los que intentó sacarles el máximo rendimiento sobre la base de la ausencia de derechos y la necesidad de trabajo y de vivienda de los recién llegados. Se hicieron de oro explotando la mano de obra en las fábricas y se siguieron haciendo de oro recuperando la masa salarial en forma de alquileres, hipotecas y servicios. Unos y otros hablaban de progreso porque el trabajo, la vivienda y los servicios son progreso, pero el auténtico progreso estaba en sus bolsillos. También se hicieron de oro gracias a la ausencia de derechos y libertades que avalaban unos ayuntamientos que no elegía nadie, pero que construían las ciudades para enriquecer a los especuladores con la necesidad de los que estaban llegando.

Toda Barcelona y media área metropolitana se hizo a este ritmo y con estas consecuencias. Hasta que llegó la democracia y entonces, los que se creían el mensaje de las urnas, intentaron poner a los suyos con el incierto, pero esperanzado deseo, de recomponer todo lo destruido, construyendo esas ciudades crecidas a base de mano de obra obrera, para ponerlas al servicio de la ciudadanía y no de quienes habían especulado a mansalva.

Como el mensaje de la construcción y no la destrucción de las ciudades, y el mensaje de la calidad de vida y el progreso era el mensaje de quienes habían luchado contra la dictadura y sus secuaces, y aquello era lo que se reconocía como la izquierda, a partir del triunfo de la democracia, la izquierda tuvo el encargo implícito de arreglar lo que se había destruido. Eso quería decir: parar la especulación urbanística, ofrecer servicios de calidad, reconvertir lo que se había convertido en almacenes de obreros —ciudades dormitorio— de manera que se parecieran a los modelos urbanos reconocidos: con centros de las ciudades definidos y con servicios comerciales, educativos, sanitarios y asistenciales, con zonas verdes y espacios amplios, con equipamientos culturales céntricos y reconocibles, capaces de conservar y enaltecer su patrimonio, capaces de recuperar todo aquello que formaba parte de la historia para integrarlo a la comunidad, etc, etc.

Solo hay que mirar la realidad para observar que la izquierda que debía encargarse de rehacer, ha hecho exactamente lo mismo que habían hecho —y que habrían seguido haciendo— los que destruyeron. Podemos seguir llamándole izquierda, pero esa palabra se ha convertido en un continente sin contenido, en pura palabrería, porque la izquierda jamás fue eso. Porque la izquierda jamás gobernó en esta ciudad, aunque la hayamos llamado como hayamos querido. Gente al servicio de la especulación y de la palabrería, llevan gobernando l’Hospitalet —y muchas ciudades del entorno, con minúsculas excepciones— desde 1939 sin límite de continuidad.

Es duro, pero esa es la realidad, y no hace falta más que salir a la calle y mirar lo que nos rodea. El horizonte inmediato no ayuda al optimismo. La palabrería sigue invadiendo los espacios. Los partidos políticos han dejado de ser instrumentos de cambio para convertirse en benefactores del voto ciudadano. La democracia tampoco es lo que tenemos, porque la democracia es participación y no únicamente delegación de voto. La realidad de lo que ocurre en l’Hospitalet lo discuten 5 o 6, asesoradas por el aparato partidario en el que deben opinar otros tantos. Los partidos, a nivel local, apenas llenarían de militantes un solo autocar y esos apenas cuentan tampoco. Hacia afuera lo que cuenta es la palabrería, mientras que hacia adentro lo importante es sujetar el poder, recibir órdenes y cobrar un buen salario a final de mes. Poca cosa más.

Ahora, a alguien se le ha ocurrido poner en funcionamiento un mecanismo insólito por el cual el alcalde podría irse a su casa con lo puesto y pedirle al aparato un carguillo para no perder poder adquisitivo. Pero ese mecanismo insólito tiene el grave inconveniente de que han de ponerse de acuerdo, en esta ciudad, las derechas y las izquierdas. O sea, los que tienen sobre sus cabezas un paraguas con unas siglas y los que se dicen a sí mismos de izquierdas, pero ya se ha visto. No cuenta para nada la democracia. Van a decidir ellos y quizás, en algunos casos, consulten a los del autocar, por eso de que las izquierdas y las derechas dan juego a los suyos.

Si los que se dicen de izquierdas y los que se dicen de derechas fueran democráticos, lo que de verdad harían sería organizar un referendo popular de urgencia, para ir orientados de lo que quiere la ciudadanía. Igual se llevarían sorpresas, porque la gente lo quiere es menos palabrería y más acción, menos continente y mucho más contenido. Menos izquierda y derecha y más construir una ciudad para todos, bien distinta a esa que han destruido tanto los que se han llamado de izquierdas como los que eren identificados como de derechas.

Más palabra a la gente y participación activa y menos consignas, pureza ideológica y sectarismo irracional.