Hay nervios y eso que lo tienen mucho mejor de lo aventurable para seguir mandando. Algunos insisten que la principal razón de esa angustia soterrada son los datos de sondeos sobre la popularidad del gobierno, que afirman que podrían perder cerca de un tercio de los apoyos y quedarse por debajo de los 10 concejales o rayando. Si eso finalmente se produce, la ciudad se convierte en prácticamente ingobernable como no sea que alguno de los partidos que apuntan a la oposición endémica se canse de ir siempre a la contra y le dé al alcalde el oxígeno que necesita. Solo habría, a priori, dos o tres fuerzas que podrían salvarle el cuello a don David: exactamente las mismas que ya gobiernan con su partido donde se toca poder. Y eso que el presidente Quiroseno lleva unos cuantos meses soltando el combustible de su apellido, que amenaza con chamuscar a todo aquel que se le acerque. Pero de eso jamás han tenido miedo ni los republicanos ni los comunes, acostumbrados a vivir más quemados que el palo de un churrero. Ni tampoco las huestes del hijo del pastelero de Amer.
La que viene en el 27, si no lo remedia la inteligencia de una izquierda con ganas de ganar, que no parece que sea el caso, va de lo mismo que ahora, pero en precario. Un gobierno en mucha minoría, una oposición con mucha fragmentación, la misma dependencia externa, el mismo criterio inflexible de los que se creen los más listos de la tribu y el descenso incontenible al descrédito de la democracia que lleva aparejado el desaliento del electorado y el auge de la simplicidad autocrática.
De todo ello, lo peor son tres cosas que cada día aparecen como más evidentes: la ausencia de coraje, el exceso de soberbia y el sesgo de confirmación. Y aparecen por doquier, a derecha e izquierda, arriba y abajo, en esta trinchera y en la contraria. Me explico y pondré algunos ejemplos, que no son los únicos.
Es difícil no comprender que esta ciudad no soporta más viviendas, que lo que necesita son mas espacios libres y el nivel de servicios y equipamientos que requiera su sociedad ya instalada. Es difícil que esto no lo tenga claro incluso el alcalde, por muy obtuso que pueda ser. Pues si eso es así, es imposible aceptar barbaridades como el Biopol o el proyecto de Can Rigalt. A todo eso habría que decir que no. Y basta. Pero para eso hace falta coraje. Y la ausencia de coraje en un alcalde, lo define. Y en una oposición, la descalifica.
También es necesario el coraje en la oposición porque es extraño que a los republicanos se les haya olvidado eso de que la ciudad no soporta nuevas viviendas, pero en cambio, en una de sus últimas notas de prensa, lo único que exigen es que las 800 viviendas de Can Rigalt sean todas de protección oficial, no que dejen de construirse (a diferencia del resto de opositores).
Es fácil preguntarse ¿cuál puede ser esa razón?. Y lo más sencillo es pensar que los republicanos tienen una opinión propia muy bien construida y elaborada que no puede aceptar dudas ajenas, porque de eso han alardeado en muchas ocasiones, aunque también en este caso concreto se podría pensar que ese sesgo moderado sobre las 800 viviendas no vendría de sus férreas convicciones sino del hecho de que el cerebro en la sombra del gran proyecto del Clínic es el Dr. Ramon Canal, que fue director del Catsalut en 2022, designado por el gobierno catalán de ERC después de la salida del ejecutivo de Junts. Un acuerdo global del proyecto del Nou Clínic bajo el liderazgo del Dr. Canal, contestado radicalmente por ERC l’Hospitalet especialmente en lo que respecta a la carga inmobiliaria —que probablemente es la madre del cordero del acuerdo sobre la planificación de todo el proyecto—, quizás no sería bien visto en la ejecutiva nacional…
De modo que las férreas convicciones que a veces tienen un ligero toque a exceso de soberbia, pueden explicarse de muchas maneras, como podemos ver. Entre otras, por el exceso de dependencia respecto de Barcelona y por el defecto de autonomía en las organizaciones territoriales respecto de las direcciones.
Y, finalmente, también tiene su im polrtancia eso que algunos llaman sesgo de confirmación, del que se enorgullecen muy a menudo los responsables de Comuns: aquello que tiene validez porque refuerza los criterios previos, pero que se pone directamente en duda o se rechaza absolutamente si actúa en sentido contrario a lo que se piensa y a lo que se defiende.
En definitiva. Para hacer política en condiciones hay que tener convicciones, informarse, debatir, reflexionar… pero resulta imprescindible también saber escuchar, poner la duda antes de la confirmación y tener un cierto nivel de audacia.
Si todos estos elementos hay que ponerlos sobre la mesa para articular un proyecto que entusiasme a la ciudadanía, no me extraña que con los mimbres que estamos viendo hasta ahora, resulte prácticamente imposible en esta ciudad. Así que… chicos/as… ciudadanos/as… lo que nos espera será más de lo mismo, pero a lo bestia. Porque ahora en esta ciudad hay una veintena de representantes a los que se podría situar entre el centro y una izquierda moderada, pero de aquí a unos meses, si no hay una visión inteligente, valiente y entusiasta, esa veintena de concejales hoy rosados, podría quedarse en alrededor de una quincena. Recordad que nos acercamos a los 29 concejales nada más que sobrepasemos oficialmente lo que ya es una realidad demográfica objetiva.
Por eso hay nervios. Y también porque crecen las críticas en las propias filas. Unos cuantos socialistas históricos han salido a la palestra denunciando la miopía política de los que mandan, que se sintieron ajenos al dolor ciudadano por la desaparición de dos personajes históricos de esta ciudad a mediados de agosto. No hubo ni un solo concejal del gobierno en ambos sepelios, ni una muestra pública de condolencia. Tamaña insensibilidad no solo es un indicio de que los que mandan han perdido el norte. Es un indicio del irremediable declive al que se están enfrentando.




