Subscriviu-vos per continuar llegint
Subscriviu-vos per accedir a la resta d'aquesta entrada i a altres continguts que només són accessibles per a subscriptors.
Subscriviu-vos per accedir a la resta d'aquesta entrada i a altres continguts que només són accessibles per a subscriptors.
“Tengo un coeficiente intelectual muy alto y ustedes lo saben. ¡No se sientan estúpidos o inseguros, no es su culpa!” Esta frase que, sin conocer al autor ni el contexto, ya parece excesiva, la escribió en mayo del 2013 el entonces empresario Donald Trump en su cuenta de twiter. Hubiera sido suficiente para que el electorado americano se hubiera carcajeado del personaje cuando se presentó a les elecciones tres años después, pero ocurrió lo contrario: lo hicieron presidente. Señal de dos cuestiones que parecen baladís pero que no lo son: que la ciudadanía americana se siente estúpida e insegura y recompensa al que les exime de responsabilidad en ese punto y, lo que es peor, que las megalomanías, las exageraciones y las fantasías se utilizan en política para engañar al personal y en algunos casos funcionan.
Las cosas han evolucionado algo, espero, y hoy ya no sería tan fácil que alguien se sintiera inseguro ante las fanfarronadas de Trump. Del mismo modo que hoy, las fantasmadas cuelan bastante menos. Viene al caso, porque me camuflé en la charla del Fórum Empresarial de l’Hospitalet el martes 2 de julio en el Porta Fira, para escuchar al alcalde Quirós desde las nubes, porque allí es donde se encontraba instalado el personaje.
Allí anunció como primicia, entre empresarios y coleguillas, lo que debiera haber anunciado a la ciudadanía. Señal que el tema importa más a empresarios y coleguillas que al ciudadano votante. Estaría bien tomar nota porque parece que representa a unos más que a otros, cosa que no está nada mal, pero a lo mejor debieran cambiar un poco las siglas de su partido.
Datos concretos que anunció: las obras de la segunda fase del soterramiento de la Gran Vía (la primera fase era la que empezaba en la Ciutat de la Justícia y acababa un poco más allá de la Plaça Europa) comenzarán en abril del año que viene, unos cuantos días antes del inicio de la campaña electoral (esto no lo dijo Quirós, lo explico yo porque no creo que la casualidad sea tan ocurrente) y terminarán hacia finales del 2031. Esta misma semana, el Consorci para la Reforma de la Gran Vía i el Samontà, aprobó el plan de urbanización y el proyecto de reparcelación de las parcelas, paso previo a la puesta en marcha de la urbanización de los cerca de 500.000 metros cuadrados donde se instalarán los veintitantos edificios a construir.
El proyecto en su origen implicaba urbanizar 96 hectáreas de territorio libre y ahora se habla de construir sobre 50 hectáreas de terreno y preservar 25 hectáreas más para un parque más grande, explican, que el Parc de la Ciutadella. Lo cierto es que la suma no funciona, porque faltan 21 hectáreas más y no es previsible que esas hectáreas sean todas de infraestructuras y cosas parecidas, de modo que las cuentas siguen sin salir y cuando las cuentas no salen es porque se sigue mareando la perdiz.
Como clarificó Quirós, lo del soterramiento de la Gran Vía y lo del parque de Can Trabal, son beneficios accesorios. Lo importante, y por eso lo explicaba en el Fórum, es el negocio que se prevé. Se trata de generar un polo de actividad económica con tantas empresas como sea posible dedicadas a las economías que se benefician de la investigación biomédica. Cosa que está muy bien, porque eso crea empleo de calidad (no sé yo, sí con los índices de abandono escolar en la ciudad se van a beneficiar mucho los hospitalenses, aunque en una ciudad de pobres siempre se necesitan auxiliares de todo tipo: en general trabajan a destajo y cobran una miseria).
Quirós no se atrevió a asegurar que tiene un coeficiente intelectual muy alto y que los presentes debieran ser conscientes y no lamentarse, pero en cambio se atrevió a afirmar que cree que la ciudad que él preside será la capital mundial de la biomedicina —“seremos el centro del mundo de la salud y del bienestar”— y un referente mundial en la investigación biomédica. La ciudad más densa de Europa… de dos velocidades: barrios donde no hay espacio para construir las escuelas que se necesitan y el referente mundial en investigación y el centro del mundo del bienestar. Nada menos…
Y encima parece que se lo creen. Se lo creen… o se lo hacen creer, porque no hay mejor manera de hacer negocio que decir a quienes lo tienen que autorizar, que con ello se van a poner en lo más alto del pódium.
Lo cierto es que debieran ser un poco más precavidos porque, como decía antes, las fantasmadas empiezan a descubrirse antes de que aparezcan. Y ya se sabe que un fantasma que se descubre antes de aparecer… da la risa, y nada de miedo.
No es la primera vez que ocurre. También la teniente de alcalde García Manota lo expresó el otro día en el pleno y tampoco es ella sola, son todos los representantes del gobierno que, cuando tienen la mínima oportunidad, explican el puesto que va a ocupar la ciudad en el mundo en cuanto se ponga en marcha el asunto ese del Biopol. En realidad, todo es un simple señuelo, porque no hay nada de nada. De momento, lo que hay es un centro de investigación que es el Idibell, que necesita más recursos públicos para funcionar como se merece —ahora hecha mano de todas las ayudas posibles, vengan de donde vengan— y un hospital general colapsado que no cubre ni las necesidades de los residentes en l’Hospitalet. Y eso sí, una facultad de enfermería y otras instalaciones imprescindibles. Imprescindibles, naturalmente para las necesidades del país. No tanto para las necesidades específicas de los ciudadanos de l’Hospitalet que tienen una facultad de enfermería en su municipio, pero tienen que ir a Sant Joan Despí para que les atienda un especialista.
El Biopol fue un invento, desde el primer día, para un proyecto milmillonario de desarrollo urbanístico y, si hechos los edificios y consolidado el negocio de unos pocos, las instalaciones pueden servir para alojar algún proyecto sanitario, mejor que mejor. Pero si en lugar de industrias biomédicas, farmacéuticas o centros de investigación, acaban saliendo hoteles, o centros comerciales u oficinas de logística, pues palante, como diría aquel, porque aquí lo que interesa es construir, comerse el único territorio libre e inundable que queda en la ciudad y repartirse el pastel los que llevan repartiéndose el pastel desde antes de que esta ciudad fuera algo parecido a una ciudad.
Las fantasías ya no se las cree nadie, debieran respetar un poco más a la ciudadanía y no considerarla permanentemente idiota, y ser un poco más inteligentes y no seguir dando la matraca. Si hay que ir a Instagram se va… pero lo mismo queda fatal decir estupideces desde las tribunas públicas.
Roser Chillón i Costa (Responsable de comunicació de la Fundació La Vinya)
A la nostra ciutat, quan s’acaba el curs escolar, comença per a moltes famílies un dels moments més difícils de l’any. Els infants no tenen escola, però les mares i els pares continuen treballant. I l’estiu, que per a molta gent és temps de vacances i de records inoblidables, per a d’altres és simplement un problema sense resoldre.
La realitat que des de la Fundació La Vinya veiem cada any als barris de Bellvitge i Gornal, és diversa i complexa. Hi ha infants que passarien els mesos d’estiu sols a casa, sense cap adult de referència a prop. N’hi ha que viuen en pisos compartits amb altres famílies, on el seu espai és una habitació, i on l’accés a la cuina o a la dutxa no sempre és lliure ni possible. N’hi ha que no tenen garantits tots els àpats del dia per manca de recursos. I hi ha adolescents que, sense activitats estructurades, passarien el dia al carrer: i el carrer, quan no hi ha res a fer i fa una calor insuportable, no sempre és el lloc més segur per créixer.
No és un retrat excepcional. És la realitat de molts infants i adolescents d’una de les ciutats amb més densitat demogràfica i més pobresa extrema de Catalunya.
La Convenció sobre els Drets de l’Infant de Nacions Unides és clara: l’article 31 reconeix el dret de tots els infants al descans, l’esbarjo, el joc i les activitats recreatives pròpies de la seva edat. Un dret que, sobre el paper, és universal. Però que a la pràctica depèn massa sovint de la família on has nascut i del barri on vius.
No ens cansem de repetir que el lleure no és un luxe. És un factor determinant en el desenvolupament emocional, social i educatiu dels infants. Privar-ne un nen o una nena durant els mesos d’estiu, té conseqüències reals en el seu benestar, en el seu rendiment escolar i en la seva salut mental.
El casal d’estiu i les colònies que organitzem a la Fundació La Vinya no es redueix simplement a un servei de conciliació. Suposa un espai de formació, de convivència i de creixement. Els infants fan sortides culturals, es refresquen a la piscina, participen en tallers i activitats que estimulen la seva curiositat i creativitat i tenen els àpats garantits. A les colònies, molts d’ells entren en contacte amb la natura per primera vegada: trepitgen herba, juguen a l’aire lliure, dormen fora de casa i descobreixen que el món és molt més gran que el seu barri.
Però sobretot, aprenen a viure junts. Aprenen a respectar-se, a resoldre conflictes, a cuidar-se entre ells i elles. Aprenen, en definitiva, els valors que construeixen bons ciutadans. Infants de diferents orígens, de diferents famílies i de diferents realitats que comparteixen un estiu i fan amics i amigues. Això té un valor immens.
En aquest context, no podem ignorar el discurs que circula amb cada cop més força per les xarxes socials i que arriba també als nostres barris: un discurs que assenyala, estigmatitza i divideix. Que posa els veïns els uns contra els altres i que troba en la diversitat un problema en lloc d’una riquesa.
La resposta a aquest discurs ha de ser comunitària. I passa, entre altres coses, per espais com el lleure. Perquè quan un infant creix jugant, aprenent i convivint amb altres infants de procedències diverses, construeix una mirada del món més oberta, més empàtica i molt més difícil de manipular. La convivència viscuda és la millor vacuna contra la intolerància.
Bellvitge i el Gornal són barris amb una llarga tradició de lluita veïnal, de solidaritat i d’organització comunitària. Defensar el dret al lleure de tots els infants del nostres barris és, també, defensar aquesta tradició.

Miguel Montes (activista cultural)
Una vez más el gobierno Quirós vuelve a dar la espalda a las organizaciones cívicas del barrio. En este caso la queja no tiene que ver con los déficits en los servicios educativos (colegios como el Milagros Consarnau o el Bernat Delclot). Tampoco sobre los problemas referidos al alumbrado público (inmensa mayoría de farolas rotas, decapitadas y completamente desaparecidas). No me quiero referir tampoco a la limpieza en zonas conflictivas donde solo se actúa cuando hay una denuncia (el aparcamiento de zona verde en la estación del metro de Santa Eulalia, es un estercolero). Y ya, para qué hablar de la conservación del poco patrimonio artístico que se mantiene en pie (por poner un ejemplo, el monumento de las letras de la plaza Francesc Macia) etc, etc, etc,
Lo que ya “riza el rizo“, y que llevamos años revindicando, es el tema del Polideportivo de santa Eulàlia. No quiero extenderme en exponer el conflicto que este digital ha tratado con detalle y ampliamente (y muy bien conocido por parte de las asociaciones cívicas del barrio) sino en la publicidad que estamos recibiendo, a través de carteles en las escaleras y buzoneo en los edificios del barrio.
Alcalde Quirós: con toda esta propaganda ¿a quién quiere engañar? Puede que a los nuevos vecinos emigrantes, cada vez más en el barrio (y no lo digo para nada en tono peyorativo, ya que muchos de nosotros llegamos hace años con la misma ilusión de ganarnos la vida) porque quizás a ellos les pueda parecer bien tener una reforma del barrio en la que se incluya un cambio del viejo polideportivo por uno nuevo. Porque a los vecinos más antiguos que conocemos más a fondo la historia de nuestro barrio no nos va a convencer para nada esta publicidad engañosa que nos envía, incluso remarcando calles y plazas super duras como si se tratara de auténticas zonas verdes, cuando no lo son. ¿Dónde están esos 9.000 metros cuadrados de más que dicen que habrá? Ni tampoco explican dónde aparcaremos los vecinos los coches que habrá que sacar del párquing del Gasómetro.

Y no tienen desperdicio las razones que dan para la ubicación del polideportivo en el parc de l´Alhambra. Porque, sobre todo, la parte de integración urbanística podría haber sido exactamente igual en la zona de Gasómetro.
Me gusta eso de “abrir un concurso internacional de ideas arquitectónicas y urbanísticas”. A lo mejor, dentro de 10 años lo tenemos ya asignado.
Lo dicho, un esfuerzo titánico en propaganda, que encima pagamos todos, para querer argumentar algo que no tiene argumento: que se quiere poner un servicio donde ya existe otro, en lugar de buscar una nueva ubicación en una zona inutilizada o abandonada, aunque para eso el gobierno Quirós se tenga que gastar una millonada. No debiera olvidar que, en cualquier caso, es dinero de los contribuyentes.



Les relacions humanes són complexes, paradoxals i, en alguns aspectes, incomprensibles.
Justo Herrera (activista jubilat)
Un exemple: els moviments migratoris existeixen des dels albors de la humanitat. És més, si no hagués estat així, no estarien poblats els continents i no s’hauria evolucionat. No obstant això, les migracions s’han convertit en un problema, una anomalia; amb les discriminacions, odis i les seves conseqüències cada vegada més preocupants. !! Els moviments migratoris són una anormalitat!!?
En un altre exemple casolà, quotidià, i salvant totes les distàncies i diferències, es troba la normalitat. Em refereixo als animals de companyia, mascotes i, en concret, a gossos.
Abans et trobaves altres animals, fins i tot un porc. Ara només gossos. Tenen molt bona fama. Són éssers estimats, benefactors, dignes de ser rescatats si cal, i de rebre privilegis. Cap objecció.
Es poden veure gossos grans, mitjans o petits (perdoneu la classificació per la mida, donada la meva ignorància tècnica) pels carrers o parcs, lligats o sense, passejar o fer les seves necessitats fisiològiques al costat de les persones, fora dels seus espais assignats. Suposa un problema? Conflicte d’interessos? De convivència? Doncs, no. Tot absolutament normal!
Els ajuntaments tenen la competència exclusiva de l’ús de l’espai públic en aquest cas i cadascú la resol com vol: des de prohibir fins a recomanar. A nivell de l’Hospitalet hi ha una normativa municipal que es pot consultar a la seva pàgina web. Va ser aprovada quan aleshores, en Jaume Graells era president del Districte I i regidor pel PSC. Normativa restrictiva? Laxa? Per la seva aplicació, gairebé nul.la. Només una anècdota: En el projecte d’aquesta normativa es va fer una aportació, «agosarada!!?»: «que els gossos sortissin de casa amb bolquers». És clar: idea llençada directament a la paperera.
Descriuré el que he copsat a la nostra ciutat. No tinc dades estadístiques fiables. Sí, però, observacions i experiència en recorreguts arreu. Existeixen espais per a gossos a tots els barris, alguns amb molts metres quadrats. La majoria de gossos no fan ús d’aquestes instal·lacions, es clar, perquè els seus amos no els hi fiquen. Acostumen a recollir els excrements, no tothom com caldria. Una minoria porta ampolleta d’aigua. Als parcs es veuen sovint gossos sense corretja.
Tot això suposa: algú ensurt a les persones que no els agrada la proximitat canina, anar mirant el terra por si trepitges, rellisques i no ets amant de la loteria, la pudor en aquestes èpoques de calor, la visió que de vegades incita a l’angoixa, els sorolls quan borden…
Mai no he vist un agent cívic, guàrdia urbà o, fins i tot, un amo de gos a un altre, cridar l’atenció quan algú es troba clarament incomplint la normativa. Deu ser que es refia tot al bon civisme!
Les vegades que es comenta a la guàrdia urbana alguna situació d’aquest tipus, aconsellen no dir res als amos dels gossos, pot arribar a haver-hi enrenou o picabaralla. Millor que tot rutlli normal!!
Adjunto un parell de fotos preses al pas. En un carreró o espai amagat? No, a la Rambla Just Oliveras, el 28 de maig.


Aquesta tercera de Bellvitge podria ser-hi artística . Per la foto? No, per la “pastifada”.

Un altre exemple és el soroll. Aquest dependrà de les zones. En un medi rural es considerarà normal el cant de galls, ocells i altres animals. En àrees urbanes ho serà el soroll de sirenes o veïns del costat.
Ho serà també l’escàndol de persones que es reuneixen als parcs durant tota la nit!!? En fi, que cadascú gestioni i reflexioni sobre les seves pròpies normalitats.
La imatge de la portada és d’un frigorífic abandonat a la vorera del carrer Barcelona, el dissabte sis de juny; la de sota d’aquestes línies és del dilluns vuit… No hi haurà tercera, el mateix dilluns, suposem que a la tarda, els serveis municipals la van retirar. Tot un rècord s’ha de dir, i és d’agrair.

Som conscients que l’ajuntament no fa la seva feina, la prova és que estem cansats de denunciar-ho; així com que molt pocs hospitalencs fan quelcom per solucionar-ho. Això no només ho podem comprovar l’endemà de les eleccions sinó també en el dia a dia o durant la campanya electoral, on es reflecteix la sobirana indiferència de la població sobre l’estat de la seva ciutat, la neteja, les llars d’infants, la seguretat o, fins i tot, la salubritat dels carrers, on rates i cuques comparteixen els espais de joc amb els seus fills.
Un dia de campanya electoral vaig assistir a la conversa, divertida segons el meu momentani criteri, però possiblement terrible pel qui repartia propaganda. Una senyora, si l’individu en qüestió es pot definir com a tal, li va etzibar, “todos roban”, una frase típica de la pallussada que ens envolta, almenys a l’Hospitalet. Però el que més em va agradar i fer somriure, va ser la resposta de l’activista: “señora, serán los suyos quienes roban”.
Però, per quins set sous ve això? Doncs molt senzill. Com explicàvem abans, el govern de l’Hospitalet és molt criticable, de fet és el pitjor de tots els que hem conegut, no només dins el nostre entorn sinó més enllà, des de Galícia fins a Andalusia, passant per Astúries, la Manxa, Aragó, etc. però el que no podem negar és que, deixant de costat les rates i les cuques, que semblen participar de la vida política i ciutadana, la neteja de la ciutat ha millorat ostensiblement, encara no sabem el per què. Intents i ganes no ens han faltat, perquè innumerables cops hem intentat entrevistar a la gent que neteja, (ningú millor que ells per saber-ho, perquè del regidor no ens hi fiem, i de l’alcalde, aquest senyor anomenat a dit, encara menys) i s’han negat a parlar. Una llàstima, perquè a través d’ells ens podríem haver assabentat dels canvis a peu de carrer, a part del que cobren per la seva feina i les hores que treballen; mentre que amb els sindicats podríem haver conegut les negociacions, com s’ha aconseguit la concessió i com han anat les negociacions. En fi, el mateix que vam fer amb el transport municipal i Moventis.
Simplificant. Per molt que l’ajuntament presumptament faci la seva feina, si la ciutadania no s’involucra, la ciutat seguirà sent el que sembla o, millor dir, el que malauradament és, un suburbi de Barcelona, on els carrers fan mala olor, almenys fins no fa pas gaire; els nens i nenes han de jugar al carrer per manca d’espais; els pares i mares els han de portar a llars d’infants de les ciutats veïnes; els malalts de la zona nord han de desplaçar-se a un altra ciutat per ser atesos. sense ni tan sols un transport públic que els porti; i així una llarga llista de fets i desfetes que mostren una ciutat que es mou entre el Primer i el Tercer Món, que a vegades intenta semblar del primer, però en quant el miratge desapareix, la realitat la posa a lloc, no per manca de pressupost sinó de ganes o pot ser per basta incompetència.
No obstant això, hem de confessar que s’han aconseguit moltes coses. No fa ni un any vaig tornar de l’Àfrica, que en qüestió de neteja i salubritat està millorant a passes gegants, on vaig prendre unes quantes fotografies dels carrers d’una petita ciutat. Per què? Em preguntareu. Doncs perquè sorprenentment estava tan neta que no m’ho podia creure. I és que un any abans feia pena. Les vaig prendre per publicar-les en mode comparatiu. I vet aquí que en quant vaig arribar les vaig eliminar, perquè ja no servien per al meu propòsit. Dins el lapsus de temps entre la meva sortida i la meva arribada, els carrers de l’Hospitalet havien passat de calamitosament deixats a nets, tant o més com els fotografiats. Un altre s’hauria tirat els cabells, tantes fotos per res, però mira per on, a mi em va donar per posar-me content. Malauradament, la felicitada va durar poc, el temps just per sentir i veure les desfetes diàries, sumades a les típiques cacicades a les quals ens tenen acostumats.
Però tot i això, el que es fa bé s’ha de dir. Ara només cal que els hospitalencs s’ho creguin i es conscienciïn de què entre merda no és agradable viure. I sí, ja sabem que és una minoria la que embruta, la mateixa que podem trobar en qualsevol ciutat, però no només es tracta de fer les coses bé sinó també, tal com es fa a la resta d’Europa, de denunciar als incívics, encara que sigui amb fotografies o vídeos perquè se sentin “retratats”.
No existe mayor contradicción que defender una cosa y proponer la contraria. Porque para que eso se haga entendible tienes que terminar liando el mensaje para que no se entienda nada. El peor argumento para hacer desaparecer un solo metro de parque público es decir que con esa operación se va a ganar zona verde. Es mejor explicar que el Ayuntamiento ha estado dando permisos de edificación sin prever servicios porque dando permisos de edificación consigue impuestos y además tiene de cara a las empresas constructoras, que justificar que nos vamos a comer un solo metro cuadrado de parque porque de ese modo el distrito va a ser mucho más verde.
No hay excusas para comerse espacio libre en un entorno urbano, pero si encima el entorno urbano es una colmena donde el derecho de las abejas se limita a sorber el néctar de la palabrería, comerse espacio libre equivale a renunciar a la mínima calidad de vida en una ciudad colapsada por el cemento. Por eso, es mucho mejor que, para mutilar el Parc de l’Alhambra, sus defensores y entre ellos el equipo Quiroseno digan que no hay otra, más que renunciar a los arbolitos para tener espacio donde correr. Al final, el arbolito nos quita sitio y… o nosotros o él.
Hablando en serio, es dramático que un Ayuntamiento se tenga que plantear recortar un parque para construir unas pistas donde hacer deporte o una piscina donde remojarte. Eso, lo dice todo de un gobierno municipal. Probablemente no hay peor escaparate para un equipo que pretende vender soluciones para los problemas. Es mucho más honrado acabar justificando su decisión porque en todo el distrito no existe un solo metro cuadrado donde poner un equipamiento.
Pero es que encima, eso no es del todo cierto. Hay poco espacio, pero el espacio que queda debiera ser la única opción si de lo que se trata es de cargarse un parque. Hay dos posibles opciones que no se comen espacio verde. Y puede ser verdad que ninguna de las dos sea la excelente. Lo que sucede es que a nadie se le ocurre que sea necesario en este caso elegir entre la excelencia y lo irremediable, sino entre lo irremediable y el sentido común. Y lo que el sentido común indica es que comerse un parque en la ciudad más densa de Europa es un disparate de dimensiones colosales. Las mismas dimensiones colosales que tener que soportar un gobierno local que proponga esos disparates.
Si fuéramos conscientes de lo que el gobierno plantea le pediríamos la dimisión inmediata y más después de ver la barbaridad que los técnicos proponen como simple opción. Ver el dibujito para vendernos la moto que nos enseñaron el otro día ya lo explica todo. Se comen parque pero, para compensar, se comen calle y hacen de las otras calles un jardín, como si las calles fueran parque en un espacio donde las calles están agujereadas de servicios, de redes, de canales, de alcantarillados, de cualquier cosa menos de tierra oxigenada donde crecer la naturaleza. Las calles pueden estar limpias, pero jamás serán una zona verde. Y lo peor es que todo el mundo lo sabe. Incluso los que nos venden la moto.
Pero el dibujito es muchísimo más escandaloso. Sumergen la piscina bajo el subsuelo y así ya no se comen parque, cuando también todos saben perfectamente que los árboles no crecen sobre subsuelos vacíos. Y si no, tan solo hace falta ver el solárium de Francesc Macià que se incorpora al paquete como más zona verde.
Eran otros tiempos y ya son historia. Cuando en los años 70 el último ayuntamiento de la dictadura dio permiso para hacer las obras del metro que afectaban a todo el recorrido de la entonces Rambla Just Oliveras, tenía como objetivo último aprovechar que se iba a levantar todo el trazado para instalar entre el túnel del metro y la superficie de la calzada un párquing subterráneo. Ya digo que eran otros tiempos porque, aunque seguimos hablando del último ayuntamiento franquista, la realidad es que las asociaciones de vecinos eran entonces tan poderosas que no se atrevió a llevar a cabo aquel proyecto y solicitó el acuerdo vecinal para hacerlo realidad.
La Rambla Just Oliveras hoy está poblada de árboles, que van creciendo año a año convirtiendo el espacio en una especie de oasis en el barrio Centre. Hay árboles, porque los vecinos se negaron a la propuesta del ayuntamiento y porque aquellos vecinos prefirieron entonces una rambla arbolada a un párquing municipal, sabiendo, porque todo el mundo lo sabe, que hay que elegir entre suelo agujereado o árboles. Por cierto, unos cuantos años más tarde, gobernando el alcalde Pujana, con un ayuntamiento ya elegido, se hizo lo mismo en la plaza del Ayuntamiento, pero entonces sin pedir permiso a nadie. Se agujereó, se hizo un párquing municipal y se renunció a la arboleda. Hoy la plaza da lo que da, el párquing es solo un agujero para ganar pasta y los vecinos no tienen un rincón donde respirar aire puro.
Sobre la piscina del Parc de l’Alhambra solo crecerán los arbustos, pero lo peor es que en ese mismo lugar, nunca más en la vida habrá árboles. Los subsuelos suelen ser eternos, de modo que los hospitalenses del siglo XXII tendrán que ir a observar los árboles al Tibidabo, si es que para entonces hay Tibidabo, porque igual hacen un estadio de fútbol porque el deporte es muy importante…
Pere Izquierdo i Tugas (Director del Museu de l’Hospitalet, Patrimoni i Memòria)
Hi ha un consens gairebé absolut, al carrer i a les xarxes socials, que ens diu que ara tenim més immigració que mai. Que ara tenim més gent forastera que en cap altre moment. I que aquesta gent és bruta, violenta, estranya, poc educada i refractària a la nostra llengua i als nostres costums, per no dir directament perillosa.
Fins i tot gent amb estudis d’història se sorprèn quan els dic que aquesta situació no és pas nova, sinó que forma part de la dinàmica pròpia del nostre país i de la nostra ciutat, com a mínim, des de les acaballes del segle XV. Que la cultura i la societat catalanes, amb una dinàmica demogràfica sempre molt prudent, en bona manera s’han format i rejovenit sistemàticament així des de l’Edat Mitjana.
No parlarem, que podríem, del fet que absolutament tots els humans procedim d’avantpassats africans, ni de les successives onades de pobladors que van anar arribant aquí al llarg de la prehistòria, sovint gairebé substituint del tot la població anterior, fins a la instal·lació de romans, visigots, i ja a l’edat mitjana, primer àrabs i berebers i després colonitzadors pirinencs i llenguadocians.
Moltíssima gent ignora que des de 1470 fins al final del segle XVII, tant l’Hospitalet com els altres pobles del delta del Llobregat van rebre una immigració aclaparadora, especialment des d’Occitània, el sud de França, on hi havia nombroses tensions religioses i socials. En la seva fase inicial, de 1470 a 1570 (un segle sencer!), arriben sobre tot joves solters. Del 1570 al 1620, seran sobre tot famílies amb criatures, i a partir de 1620, altra vegada joves solters. Venen a treballar al camp, a fer de mossos, com en deien llavors. Molts dels cognoms que considerem catalans de soca arrel són indubtablement occitans, com per exemple Xirinachs, Rodés, Foix, Barjau, Toldrà, Badia, Narbona, Gascó, Lacomba, Amiguet, Marsé o Lafarga.
Aquests occitans portaren a l’Hospitalet la devoció per Sant Roc, un sant de Montpeller, i fins i tot li dedicaren una confraria. Les taules del retaule renaixentista que l’homenatjava es compten entre les millors peces de la col·lecció del Museu de l’Hospitalet. Un antecedent de les processons cíviques d’arrel andalusa que han arrelat als barris del Samontà.
En el cas de Sant Boi de Llobregat, que Jaume Codina va estudiar amb molt de detall, a l’any 1601 un 44% de la població era nascuda a França, i el 42% dels casaments entre 1584 i 1620 tenien un nuvi francès. Ja llavors, els que portaven més generacions vivint aquí es queixaven que aquests immigrants eren bruts, violents i ignorants, i que els fotien les pubilles.
Curiosament, les lleis catalanes fins al decret de Nova Planta eren molt més acollidores que les actuals. A Barcelona, al cap d’un any de residir-hi, un estranger adquiria la totalitat dels drets de ciutadania, inclosos els de representació política al Consell de Cent. La capital era llavors, com podem veure als treballs d’Albert García Espuche, un gresol de nacionalitats. Estrangers de tota Europa, sovint artesans i professionals liberals, representaven una part molt important de la població urbana. A diferència dels expats actuals, però, la integració era molt ràpida i sovint es catalanitzaven fins i tot el cognom, traduint-lo de l’alemany, de l’italià o de l’holandès.
Amb l’arribada de la revolució industrial, l’Hospitalet anirà rebent onada migratòria rere onada migratòria, gairebé sense interrupció. Tant la indústria com l’agricultura intensiva requerien molts braços i aquests van anar arribant de cercles concèntrics cada vegada més amplis. Primer gent del Pirineu i de les Terres de l’Ebre; després del País Valencià i de l’Aragó; amb la construcció del Metro, gent de Múrcia, i després d’Andalusia, Extremadura, Galícia i Castella.
Cada vegada, els pretesos autòctons, en realitat descendents d’onades prèvies d’immigració, es queixaven amargament i fins i tot temien els nouvinguts, conceptualitzats com a bruts, violents, poc educats i refractaris a la llengua i la cultura locals.
A finals del segle XX, just quan l’onada migratòria dels anys 1960s comença a jubilar-se o a prosperar socialment, comencen a arribar altre cop immigrants estrangers. Primer del Marroc, de Guinea Equatorial, de Filipines, de Romania i de Centre i Sud-Amèrica, als quals s’afegeixen més recentment ciutadans procedents de diferents països de l’Àsia, de l’Est d’Europa i de l’Àfrica subsahariana.
I la gent que es considera de l’Hospitalet, perquè els seus avantpassats hi van arribar fa més temps, diu que té por de caminar pels carrers, que els nouvinguts són violents, estranys, poc educats i refractaris a la llengua i als costums. Encara que, quan els tractes, veus que normalment fan esforços enormes per adaptar-se a la seva nova realitat.
Estic convençut que els fills dels infants de tots colors que venen a visitar el Museu de l’Hospitalet i que hi demostren, per cert, un domini impressionant del català, d’aquí a unes dècades, quan arribi gent a la ciutat procedent d’altres bandes, es queixaran -irremeiablement i desgraciada- que són bruts, violents, maleducats, estranys i refractaris a la nostra llengua i costums…
L’anterior article es va acabar amb la possible perspectiva d’un canvi en el govern local. Si cal un canvi, que en política sempre és un exercici generador per se, aquest mai no arriba perquè el poder l’impulsi. Si hi ha canvi és perquè hi ha alternativa i, si en democràcia hi ha alternativa, és per dues raons: perquè l’oferta és creïble i perquè els que la compren es mobilitzen.
Fa anys que les ofertes resulten poc creïbles i la conseqüència directe és que la mobilització social és inexistent. La darrere ocasió en què es va produir una expectativa política de caràcter general va ser l’any 2015 amb l’esclat de Ciutadans/Ciudadanos, que va aparèixer uns quants mesos després de l’experiència de Podem/Podemos al 2014. Uns pocs anys abans havien sorgit, amb un relatiu pes, les candidatures autònomes de la CUP (cap el 2012). La resta sempre s’ha mogut sobre la base del republicanisme d’ERC, el neoliberalisme conservador de CiU/Junts, la dreta popular i l’esquerra multivariable d’arrels comunistes, amb una infinitat de sigles. Tret de l’experiència Ciutadans, Podem i, en certa manera, la CUP, els consistoris hospitalencs i els més propers de l’àrea metropolitana, sempre s’han mogut en la mateixa dinàmica: majories absolutes o suficients del PSC amb governs en solitari o de coalició no necessària, que han garantit al llarg de 47 anys, una estabilitat sense fissures.
L’horitzó en la perspectiva dels propers 12 mesos no ofereix gaires possibilitats de sorpresa. L’Hospitalet, per l’estructura demogràfica i electoral, no és municipi on les forces catalanistes puguin aspirar a gaire més del que ja tenen, ni les forces de la dreta espanyola tampoc. Les esquerres transformadores, l’únic que han anat transformant al llarg de les darreres dècades ha estat la manera com s’han volgut presentar davant l’electorat amb una infinita sopa de lletres que no ha aconseguit motivar ningú. Podem i l’experiència dels Comuns podria haver estat un punt d’inflexió si la proposta hagués aprofundit en el teixit social de la ciutat, però el projecte no tenia aquests interessos sinó uns altres que considerava molt més decisius per conquerir el poder, com era la contundència mediàtica i la capacitat de mobilitzar emocions. Podem i els Comuns mai han tingut com objectiu crear organització, sinó crear fans, però els fans requereixen indispensablement de lideratges forts i els lideratges forts no s’improvisen.
Mentre no es modifiquin les condicions de les ofertes electorals, cosa avui dia inversemblant en aquesta ciutat, no hi ha perspectiva possible de canviar les correlacions. I si no es canvien les correlacions, els problemes de la ciutat corren el perill d’intensificar-se, d’aguditzar-se i de resultar irresolubles. Quan això passa, l’alternativa és el que ha succeït a la ciutat al llarg de tota la seva història: la ciutadania que pot, abandona la ciutat i la que no pot, acaba assolint la impossibilitat d’una qualitat de vida estandarditzada.
Davant d’aquesta realitat, només s’albira un motor que és la ciutadania, especialment la ciutadania activa, l’activisme conscient. I només hi ha esperances de canvi si impulsa, des de la base, una alternativa capaç de generar entusiasme, de mobilitzar l’electorat i de crear expectatives, de creure en la possibilitat de modificar la correlació de forces i de canviar la dinàmica del govern.
El primer que cal per crear esperances de canvi és definir l’oferta: l’aparell que ha de dirigir el missatge, en primer lloc, i el contingut del missatge en el segon. Ha d’haver un instrument. S’ha de configurar una estructura capaç de confegir una candidatura que representi les ganes de guanyar el canvi, i s’ha de consensuar un programa que no cal que sigui exhaustiu però que és imprescindible que aporti solucions i alternatives a les emergències que pateix la ciutat en el termini dels propers quatre anys. Els partits ja tenen aquesta estructura i és l’estructura la que defineix el programa i qui la de defensar. On no hi ha partit, ha d’haver autoorganització, i és precisament l’autoorganització el que més costa, especialment perquè autoorganitzar-se obliga a despendre’s de lideratges, per bé que la primera crida ha de sorgir d’algun espai i ha de ser suficientment creïble per aplegar unes quantes voluntats.
No està gens clar que a l’Hospitalet s’hagin creat hores d’ara aquestes voluntats col·lectives i per això és ben possible que les reflexions d’aquest article es quedin en un no res. Però el que sí sembla que està prou clar és que si no es construeixen aquestes voluntats col·lectives, els propers quatre anys tornarà a haver un govern Quirós amb un suport minoritari per garantir estabilitats, però amb escasses possibilitats de marcar cap ruta diferent. Estaria bé que l’electorat fos conscient que si les ofertes son les mateixes que fa quatre anys, és a dir, les habituals dels partits tradicionals, els resultats variaran molt poc. De manera que el que vulgui que les coses es modifiquin ni que sigui molt poquet, pot quedar-se a casa sense cap mala consciència, perquè a tots els que es presentin en les candidatures habituals el resultat que surti ja els estarà bé.
Sembla evident, per tant, que més enllà de com s’articulin les propostes de futur, si s’articulen, el canvi només vindrà per la via d’una candidatura unitària, ciutadana i amb un programa consensuat d’urgències i de rectificacions, capaç d’enfrontar-se amb el pes de l’entusiasme cívic al seu darrere, a les forces tradicionals.
Hi hauria, molt probablement, una altra alternativa viable però també certament difícil. La que es podria generar en el cas que algun dels partits tradicionals estigués disposat a elaborar una candidatura de ciutat renunciant a les sigles pròpies, per bastir una alternativa àmplia que hi donés cabuda a un espai suficientment transversal. I, fins i tot, que s’establís una mena de pacte pre-electoral entre forces ideològicament diverses, per configurar un govern de concentració capaç del viratge polític imprescindible per resoldre les urgències que avui presenta la ciutat.
Passi el que passi, no ens cridem a engany. Si no hi ha noves estratègies, no hi haurà canvis. Si van a votar els que sempre voten als mateixos, el govern que surti es mourà entre la majoria absoluta i la majoria relativa i el proper govern serà el govern de sempre sense possible contestació, o el govern de sempre amb un suport semblant a l’actual i amb el mateix poc desgast que pateix ara.
És probable que no hi hagi motius més desmobilitzadors que les monotonies establertes. No hi ha dubtes que als que manen, la desmobilització endèmica de les municipals ja els està prou bé. És molt possible que la mateixa desmobilització els sembli també prou acceptable als que han convertit el seu paper opositor en una rutina purament alimentària.
Per això hauríem de dir prou.
Xavier Almirall
Si a la primera part (https://lestaca.com/opinio/mes-enlla-de-dreta-i-esquerra-elits-poder-i-control-del-relat/) parlàvem de l’existència d’elits organitzades capaces de conservar i defensar els seus interessos al llarg del temps, ara cal fer-se una pregunta inevitable: com es protegeixen?
En primer lloc, cal aclarir que les elits no formen un bloc monolític. Competeixen, discrepen i mantenen conflictes interns. Però aquesta rivalitat acostuma a desaparèixer quan perceben una amenaça comuna sobre els fonaments del sistema que les beneficia.
Les elits no es defensen mitjançant un únic mecanisme. La seva força prové precisament de la combinació de múltiples estructures —polítiques, econòmiques, mediàtiques, judicials i culturals— que actuen simultàniament en la mateixa direcció.
La resposta no acostuma a trobar-se en conspiracions cinematogràfiques, o ordres directes. El poder modern funciona de manera molt més sofisticada, que no consisteix a decidir-ho tot, sinó a determinar quines decisions són possibles i quines deixen de ser-ho abans fins i tot de plantejar-se.
En tenen prou amb controlar els marcs generals dins dels quals es prenen les decisions. Els àmbits clau de decisió i les anomenades línies vermelles.
Molts dirigents polítics, empresarials o socials arriben a posicions de responsabilitat convençuts que disposen d’un marge de decisió molt ampli. I sovint és cert. Poden decidir moltes coses. Però no totes.
Existeixen àmbits especialment sensibles on els interessos permanents del sistema són molt més importants que la voluntat dels dirigents circumstancials. Poden ser interessos econòmics estratègics, equilibris geopolítics, monopolis d’informació, estructures d’estat o mecanismes essencials de reproducció del poder.
El gran error d’alguns responsables polítics és creure que el càrrec els converteix en posseïdors reals del poder. Confonen administrar una parcel·la de poder amb controlar-ne les estructures profundes.
Mentre les seves decisions es mantenen dins dels límits tolerables, gaudeixen d’autonomia. Quan intenten alterar interessos considerats estratègics, acostumen a aparèixer mecanismes de correcció: pressions mediàtiques, aïllament polític, bloquejos administratius, ofensives judicials, campanyes de descrèdit o simples abandonaments de suports.
No sempre hi ha una mà única que dirigeix aquests processos. Sovint n’hi ha prou amb una coincidència d’interessos entre elits que comparteixen organitzadament interessos estratègics semblants. I no necessàriament els portaveus coneguts (“Quien pueda hacer que haga”) són els qui realment mouen els fils.
Alguns alts dirigents descobreixen tard que existeix una diferència entre el poder formal que figura als organigrames i el poder efectiu que condiciona els resultats.
Quan apareix aquest comportament “desviat” per part de l’alt dirigent polític, desviat en relació amb què esperen d’ell les elits; quan es percep que l’alt dirigent polític es creu que el seu poder ja no és subaltern al poder real de les elits; quan deixa de fer cas als seus assessors que el prevenen de la realitat de l’estat dual (l’estat profund), comença el ball.
Entren en joc, prèvia encesa d’alarmes, totes les formes de combat, les legals i les il·legals, les ètiques i les brutes, les formals i les informals, les visibles i les no visibles, tot s’hi val per intentar arraconar progressivament l’element incòmode.
Ens centrarem en un sol dels mecanismes. El partit.
Les elits coneixen bé unes organitzacions polítiques i socials que aspiren a perdurar, que necessiten amplitud, integrar sensibilitats molt diverses, que no poden representar només una fracció reduïda de la societat. Que n’han après imitant l’Església catòlica, la seva capacitat d’adaptació, la capacitat d’absorbir idees dins d’uns límits, i mantenir sols un petit nucli doctrinal innegociable, que en molts partits és ínfim.
Aquesta heterogeneïtat i flexibilitat orgànica no és una debilitat. És una font de supervivència.
Però, tanmateix, es converteix en el primer punt feble. Entren en joc antics dirigents polítics del mateix partit, corromputs pel sistema i alhora agraïts a la seva protecció, però amb alt valor simbòlic i aparença de legitimitat. I també surten altres dirigents que volen ascendir als llocs més alts. I es posen al servei de l’operació d’assetjament del “desviat”.
Aquestes operacions tenen més possibilitats d’èxit quan les organitzacions han relaxat els seus mecanismes de selecció interna. On, a canvi de la fidelitat individual, s’admet la incapacitat del candidat per exercir la funció pública a la qual aspira i la manca d’escrúpols en el seu comportament ètic. Tenir gent mediocre i poc honesta a dins de casa és l’altre punt de feblesa important del partit. Si no tens la casa ben neta estàs exposat a què tot trontolli. Donar tantes facilitats és arriscar massa.
I aquí entra en joc la construcció d’un relat, la seva difusió i la seva fixació a la societat. Cap missatge polític mínimament eficaç pot ser completament fals. Necessita una base de realitat. Un fet cert. Una declaració real. Una dada parcialment correcta. A partir d’aquí es construeix el relat.
Se seleccionen uns elements i se n’amaguen uns altres. Es trien uns testimonis i no uns altres. Es destaquen unes conseqüències i se silencien les restants. El resultat final no és necessàriament una mentida absoluta, sinó una realitat parcial presentada com si fos la realitat completa.
La força del relat no prové tant de la seva exactitud com de la seva capacitat de resultar creïble.
Quan diversos grans mitjans, experts mediàtics, opinadors, plataformes digitals i actors institucionals transmeten simultàniament una mateixa interpretació dels fets, una gran part de la població tendeix a assumir-la com a certa. No perquè hagi verificat personalment les dades, sinó perquè confia en els mecanismes que les presenten.
A tot això cal afegir una sensació creixent de desconcert de les societats contemporànies que viuen amb un accés immens a la informació. Però la capacitat d’entendre què està passant sembla disminuir.
Mai no havíem tingut tants canals de comunicació. I, tanmateix, mai no havia estat tan difícil distingir entre informació, propaganda, entreteniment, manipulació, màrqueting o simple soroll. És en aquest context que massa pocs ciutadans perceben que alguna cosa no encaixa entre el que diuen els grans mitjans i la realitat quotidiana.
Potser aquesta és la gran qüestió del nostre temps: no qui governa, sinó qui defineix els límits de què pot governar-se i què queda fora de l’abast de qualsevol govern.
Aquestes dinàmiques no són simples especulacions teòriques. També poden observar-se en episodis polítics contemporanis que tots tenim presents.
Quan s’intenten alterar els equilibris que les estructures profundes del Deep State consideren sagrats, la resposta és proporcional a l’amenaça. Si exposes un expresident negociant a Brussel·les una amnistia que pretén esborrar l’esforç repressiu de l’estat profund contra els catalans, no es pot esperar cap altra cosa que el que està passant.
Potser alguns encara pensen que assistim a una simple disputa partidista. D’altres sospiten que el que està en joc és molt més profund.