Alonso Santos Rivera, té 39 anys i és arquitecte. Al llarg de la seva trajectòria vital ha viscut i treballat en diversos contextos internacionals, incloent-hi Cisjordània i Sudàfrica, experiències que han marcat profundament la manera d’entendre l’arquitectura, la política i les qüestions socials.
Actualment treballa com arquitecte autònom, una situació que comparteix moltes de les incerteses i precarietats habituals de la seva generació. Recentment també va dimitir del seu càrrec com a regidor socialista del municipi menorquí de Sant Lluís.
El seu recorregut personal i professional ha estat sempre vinculat a una mateixa inquietud: comprendre com les persones s’organitzen, resisteixen i construeixen comunitat davant situacions de desigualtat, conflicte o exclusió.
Com vàreu organitzar la flotilla en termes generals?
Desde la falta de oportunidades laborales como arquitecto interesado en cuestiones sociales en mi propio país, encontré un lugar y un momento donde podía entregar mi tiempo, mis ganas y mi motivación a una de las causas más nobles del mundo: la lucha del pueblo palestino, un pequeño territorio donde se cruzan transversalmente muchas otras batallas fundamentales de nuestro tiempo.
Una vez aceptada mi candidatura por la coordinación, me incorporé a la flotilla a finales de enero. Recuerdo perfectamente el día que llegué al puerto de Barcelona. Desembarqué allí lleno de ilusión, me encontré con una veintena de veleros y una motora que requerían reparación.
A partir de ese momento comenzó un trabajo colectivo enorme. Equipos de mecánica, electricidad, electrónica, rigging, fontanería, buceo y navegación trabajaban simultáneamente sobre embarcaciones llegadas de distintos lugares. Personas de diferentes países, profesiones y trayectorias compartían conocimientos, herramientas y responsabilidades para preparar una flotilla capaz de cruzar el Mediterráneo. La organización de la flotilla surgía precisamente de ahí: de la colaboración constante entre centenares de personas que aportaban aquello que sabían hacer para ponerlo al servicio de Palestina.
Quina era la teva funció específica?
Me incorporé a la preparación de la flotilla a finales de enero, varios meses antes de la salida. Inicialmente fui asignado al equipo de mecánica. Aunque no era mi especialidad, fui aprendiendo bajo la supervisión de compañeros con mucha más experiencia. Guillem, que nació y creció en l’Hospitalet, coordinaba nuestro equipo. Poco a poco se fueron incorporando mecánicos procedentes de distintos lugares de la península y de otros países como Polonia, Francia o Alemania.
Nuestro trabajo consistía principalmente en el mantenimiento de las embarcaciones: limpiar y vaciar depósitos de diésel, cambiar filtros, correas y aceite, revisar motores y ponerlos en funcionamiento. Cada barco se encontraba en condiciones distintas, por lo que pasábamos gran parte del tiempo entrando y saliendo de unas embarcaciones a otras. Además, trabajábamos constantemente junto a otros equipos: electrónica, electricidad, rigging, fontanería o los buzos encargados de limpiar los cascos bajo el agua. Más adelante también asumí responsabilidades de navegación en tres embarcaciones distintas, ejerciendo como primer oficial en una de ellas y como capitán en otras dos.
Una de las cosas más fascinantes de la náutica es la cantidad de disciplinas que se concentran en un solo barco. A veces podías terminar completamente desorientado por la cantidad de cosas que estaban ocurriendo al mismo tiempo. Trabajábamos muchas horas y acabábamos agotados, pero siempre mantuvimos una motivación y un compañerismo que para mí fueron ejemplares. Ojalá una parte mayor de nuestro trabajo cotidiano se pareciera a aquello: personas muy distintas, compartiendo conocimientos y esfuerzos para alcanzar un objetivo común. Después de todo lo vivido, creo que ya desde el principio me estaba resultando difícil imaginar un regreso completo a la normalidad.

Quines eren les motivacions essencials que et van dur a participar?
La motivación esencial era Palestina y su pueblo. Siempre he sentido que la lucha palestina trasciende sus propias fronteras y nos interpela a todos de una forma u otra. En ella se cruzan cuestiones de derechos, dignidad, compromiso, solidaridad y también de complicidad frente a las injusticias. Por eso creo que resulta tan difícil permanecer indiferente. De una manera u otra, nos obliga a preguntarnos quiénes somos y qué estamos dispuestos a hacer ante el sufrimiento de otras personas.
Pero también había algo mucho más sencillo. Quería llegar a Gaza. Quería encontrarme con su gente, compartir un abrazo, escuchar historias, reírme con los niños y caminar por unas calles que llevan demasiado tiempo aisladas del mundo. Siempre he pensado que la resistencia del pueblo palestino debería inspirar a la humanidad. Pero detrás de esa palabra, resistencia, hay personas concretas. Y creo que nunca debemos olvidarlo.
Quina ajuda humanitària era la que portàveu en concret?
Desde mi salida el 15 de abril navegué en tres embarcaciones distintas y pude ver una gran variedad de ayuda humanitaria distribuida entre los diferentes barcos. Transportábamos medicamentos y material sanitario, incluyendo vendas, vacunas y equipos de respuesta rápida. También llevábamos alimentos, entre ellos raciones destinadas a niños desnutridos y leche. A ello se sumaban bienes de primera necesidad como compresas, jabón, cepillos de dientes, ropa y material escolar. Recuerdo especialmente las mochilas preparadas para niños con lápices y cuadernos.
Pero lo que más me llamó la atención es que la frontera entre nuestros propios suministros y la ayuda humanitaria acabó difuminándose. Una vez alcanzada Gaza, parte de lo que llevábamos para sostener la travesía podía formar parte también de la ayuda destinada a la población palestina. De hecho, alguna de las embarcaciones estaba destinada a ser donada directamente a una escuela de vela palestina ubicada en Egipto. En cierto modo, toda la flotilla terminaba convirtiéndose en ayuda humanitaria materializada. No solo transportábamos solidaridad: navegábamos dentro de ella.
Com es va finançar tot l’aparell logístic que portaveu?
El aparato logístico de la Global Sumud Flotilla se financia principalmente mediante donaciones de personas y colectivos de todo el mundo. Su independencia es uno de sus principios fundamentales, sin afiliación a gobiernos ni estructuras estatales, manteniendo que la soberanía sobre el territorio y las aguas palestinas pertenece exclusivamente al pueblo palestino. Su verdadera fuerza no reside únicamente en los recursos económicos, sino en la diversidad de experiencias que confluyen en ella. La flotilla reúne a organizadores, navegantes, sindicalistas, estudiantes, médicos, periodistas y personas corrientes de muy distintos lugares del mundo que deciden implicarse activamente en solidaridad con Palestina.
Quizá eso es lo que más me impresionó. No se trata de una organización formada por especialistas aislados, sino de una suma de trayectorias, conocimientos y voluntades muy distintas que encuentran un propósito común. Esa diversidad es, al mismo tiempo, su principal fortaleza.
Què es fa durant una travessia tan llarga i tan complexa. Com s’ocupa el temps?
Hubo poco tiempo para aburrirse. Navegar mantiene todos los sentidos alerta: cambian el viento, la temperatura, el estado del mar y las condiciones meteorológicas, por lo que constantemente hay que evaluar la situación y tomar decisiones. Además, estábamos en una misión y eso añadía otras responsabilidades: coordinarnos con el resto de las embarcaciones, mantener las comunicaciones, evitar colisiones, replantear puertos de escala y reevaluar colectivamente las rutas a seguir.
Navegar es, en cierto modo, fijar la vista en el horizonte, situarte frente a la naturaleza y utilizar las variables disponibles para alcanzar una meta. Eso ocupa una gran parte del tiempo. Pero también hay mucho espacio para pensar. Siempre estás rumiando algo. También hay que tener en cuenta que un barco es un espacio reducido y compartido. Las responsabilidades, las conversaciones, los recuerdos, los conflictos y las emociones conviven constantemente. En el mar resulta difícil esconderse detrás de una máscara. Lo que uno siente acaba apareciendo de una forma u otra. Por eso suelen surgir vínculos muy intensos, fraternidad y un fuerte sentimiento de comunidad.
La Global Sumud Flotilla tenía además algo muy especial. Hoy en día estamos acostumbrados a asociar las flotas con armadas militares, operaciones de seguridad o grandes cargueros transportando mercancías. Rara vez pensamos en personas corrientes haciendo uso del mar como espacio político, cultural y civil. A veces me gustaba imaginar que éramos una especie de antiguos fenicios atravesando nuevamente el Mediterráneo. Nuestras embarcaciones llevaban los nombres de pueblos palestinos desaparecidos o expulsados de sus tierras, siendo la nuestra la Sirius “Ramle”. De alguna manera, sentía que aquellas pequeñas embarcaciones estaban regresando simbólicamente a casa.
Com vàreu afrontar els avisos d’interceptació de les forces navals israelianes?
Puedo decir con orgullo que logré evitar dos intercepciones navegando con el Sirius “Ramle”. En ambas ocasiones, junto con mi tripulación, conseguimos alejarnos de las fuerzas israelíes navegando a velocidades cercanas a los ocho nudos, incluso los 10 surfeando las crestas de las olas y combinando velas y motor. Respondimos rápidamente a situaciones muy tensas y, aunque probablemente los radares terminaran detectándonos, intentamos pasar desapercibidos apagando luces y desconectando sistemas de identificación como el transpondedor AIS.
Tengo especialmente grabada la primera persecución. Varias embarcaciones navegábamos juntas cuando aparecieron unas patrulleras que inicialmente creímos griegas, ya que nos encontrábamos cerca de aguas bajo supervisión costera de Grecia. Cuando comprendimos que eran israelíes, algunas embarcaciones lanzaron bengalas de un rojo intensísimo y todos nos dispersamos en distintas direcciones en mitad de la noche. Recuerdo drones vigilándonos desde el cielo y focos rastreando el horizonte mientras intentábamos reorganizarnos y recuperar el rumbo.
Cuando navegas con normalidad es importante ser visto y ver con antelación. Nosotros procedimos a hacer exactamente lo contrario. Intentábamos desaparecer en la oscuridad. Nuestro objetivo era alcanzar aguas nacionales lo antes posible. Sabíamos que una intercepción dentro de aguas griegas o chipriotas tendría consecuencias políticas más complejas para Israel, mientras que las capturas siempre terminaban produciéndose en aguas internacionales. Durante la primera persecución conseguimos refugiarnos en aguas cercanas a Creta y durante la segunda alcanzamos aguas chipriotas.
También recuerdo las interferencias constantes en el canal 16 de radio. Escuchábamos música ocupando la frecuencia de emergencia: canciones de las Spice Girls, los Backstreet Boys o ABBA que acabaron convirtiéndose, de manera surrealista, en la banda sonora de aquellas persecuciones.

Quina és la sensació viscuda en el moment de l’abordatge?
Fue una sensación profundamente frustrante. Cuando una embarcación te ha llevado tan lejos, te ha protegido en el mar y te ha sacado de situaciones difíciles una y otra vez, acabas desarrollando un enorme cariño hacia ella. Había realizado todo tipo de trabajos en su interior: reparaciones, improvisaciones y pequeñas soluciones para mantenerla operativa. Sirius siempre respondió bien. Tenía uno de los mejores motores de toda la flotilla y además era increíblemente ligera y ágil. Habíamos logrado escapar de dos intentos previos de intercepción y quizá por eso confiábamos tanto en ella.
Por eso resultó tan duro contemplar cómo el Sirius llegaba al límite de lo que podía hacer por nosotros. Sobre cubierta celebramos una rápida asamblea para decidir si apagábamos el motor ante las amenazas de las fuerzas israelíes. Nos seguían disparando con cañones de agua, rodeándonos con tres patrulleras armadas que realizaban maniobras intimidatorias a gran velocidad, provocando oleaje y tratando de desventar nuestra Génova, que seguía plenamente izada.
Finalmente, Almuatasem apagó el motor, pero seguimos avanzando. La Génova todavía cazaba suficiente viento para mantenernos navegando a tres o cuatro nudos rumbo a Gaza. Recuerdo incluso cierta satisfacción al comprobar que el barco seguía respondiendo y que dejábamos atrás una pequeña dinghy llena de soldados que pretendía alcanzarnos.
Poco después una de las patrulleras nos embistió por babor y arrancó nuestro sistema de paneles solares y la antena de internet satelital. La transmisión en directo se interrumpió en ese instante y el mundo dejó de ver lo que estaba ocurriendo. La sensación fue de indignación, por eso nos costó aceptar que unos matones genocidas, subidos en una patrullera militar en medio de aguas internacionales, pudieran hacer lo que hacían, nosotros estábamos en nuestro pleno derecho de evitarles y seguir navegando rumbo a Gaza.
Es passa por? Quin ús es fa de la solidaritat a bord?
Sorprendentemente no pasé miedo durante la intercepción. El miedo llegó después, ya detenido, desnudo, humillado y sometido a una situación de absoluta vulnerabilidad.
Durante la persecución me negaba a hacer lo que nos exigían y la tripulación estaba conmigo. Aunque habíamos decidido apagar el motor, hicimos como si ya hubiéramos obedecido sus amenazas mientras seguíamos avanzando lentamente con la vela izada. Durante un buen rato actuamos como si las patrulleras simplemente no existieran, ignorando deliberadamente la situación de violencia que intentaban imponernos.
Recuerdo que nos ordenaron por megafonía cortar con un cuchillo la escota de la génova. Pensé inmediatamente: “¿con un cuchillo? Claro que no”. No íbamos a darles ningún pretexto para que nos pegaran un tiro. Terminamos soltándola y enrollándola sin necesidad de cortar nada. Lo hicieron distintos miembros de la tripulación, y creo que eso fue importante. Las responsabilidades se difuminaron y dejaron de existir jerarquías visibles frente a quienes nos interceptaban. Era exactamente lo que habíamos preparado.
La solidaridad a bordo se expresaba así, de forma muy práctica. Todos colaborábamos, todos asumíamos responsabilidades y todos cuidábamos de los demás. Al final era un barco donde prácticamente todos sabían navegar. Era, en cierto modo, un barco de capitanes.
Com vàreu preparar la resposta a una previsible interceptació violenta?
Sabíamos que la posibilidad de una intercepción era real y nos habíamos preparado para ella con bastante detalle. Una de las primeras medidas consistía en disolver los roles visibles dentro de la embarcación para evitar que determinadas personas se convirtieran en objetivos concretos o asumieran toda la responsabilidad ante las fuerzas israelíes. Los organizadores eran los únicos autorizados a comunicarse con ellas. Ni capitanes ni tripulación debían intervenir salvo que existiera una necesidad urgente relacionada con la seguridad.
También teníamos previsto deshacernos de teléfonos móviles y ordenadores. Muchos acabaron en el fondo del mar para evitar que nuestras comunicaciones internas, contactos y documentación cayeran en manos israelíes. Realizamos simulacros tanto en tierra como en el mar para estudiar posibles aproximaciones, abordajes e intercepciones. Analizamos cómo movernos por la embarcación, dónde situarnos y cómo responder de forma no violenta en distintos escenarios. Siempre tuvimos localizados los extintores, los botiquines, las mantas térmicas y el resto del material de emergencia.
En nuestro caso, la intercepción no fue un instante sino una persecución que duró varias horas. Primero intentaron bloquear nuestro rumbo hacia Gaza con una patrullera. Conseguimos evitarla y recuperar el rumbo varias veces. Más tarde apareció una corbeta y finalmente varias patrulleras que elevaron progresivamente el nivel de amenazas y agresividad hasta que terminaron embistiéndonos. Recuerdo con orgullo que, cuando comprendimos que ya no existía ninguna posibilidad real de evasión, convocamos una asamblea urgente a bordo. En aquel momento los roles prácticamente habían desaparecido y la decisión se tomó colectivamente. Acordamos no realizar más maniobras de evasión y afrontar la intercepción de forma no violenta.
Aún hoy me sorprende la serenidad y la disciplina que fuimos capaces de mantener en unas circunstancias tan tensas. Fue uno de esos momentos en los que una tripulación deja de ser un conjunto de individuos y se convierte en una comunidad.
Què és el que pitjor recordes de l’experiència?
Tengo claro que lo peor de la misión comenzó a partir de la intercepción. Creo que cualquier problema a bordo no se compara con lo que vino después, sobre todo cuando nos secuestraron y nos embarcaron en la patrullera.
El mundo conserva grabado aquel último vídeo de nuestras cámaras de seguridad, donde una patrullera nos embiste por la proa y arranca todos nuestros sistemas de comunicación exterior, congelando la imagen para siempre en ese instante.
Yo, sin embargo, recuerdo otra cosa. Recuerdo con tristeza la última imagen que tuvimos del Sirius “Ramle”, y efectivamente estábamos todos viviendo un momento espectacular: esas amapolas y alambres espinados tatuados sobre el casco, el horizonte atardeciendo en rojizos y naranjas, la luna creciente suspendida sobre azules y morados reflejados en el mar. La nave dañada y abandonada en mitad del Mediterráneo mientras la patrullera arrancaba motores.
Recuerdo también a todos aquellos soldados enmascarados observándonos desde los puentes de las otras embarcaciones mientras nos alejábamos a toda velocidad. Estuvimos en tres embarcaciones israelíes. Desde la segunda nave las cosas empeoraron considerablemente y la violencia fue aumentando. Los soldados de la primera embarcación eran jóvenes y parecían novicios. Intentaron fotografiarnos ofreciéndonos comida y mantas después de habernos empapado con cañones de agua, pero nos negamos a colaborar con aquella campaña de propaganda. Ya conocíamos algunos de sus métodos.
Posteriormente nos trasladaron a una corbeta Sa’ar 6, construida en el puerto alemán de Kiel. Allí comenzaron las amenazas de muerte. Nos vendaron los ojos, nos ataron las manos y nos obligaron a permanecer de rodillas durante horas en posiciones de estrés. Si intentábamos movernos o mirar a cualquier otro lugar que no fuera el suelo, nos golpeaban. Recuerdo escuchar los gemidos de dolor de algunos compañeros. Nuestro tripulante turco Ali se quejaba porque le habían colocado la venda con tanta fuerza que apenas podía soportarla. Los soldados se reían mientras nos insultaban y humillaban.
Finalmente nos trasladaron al Nahshon, la nave prisión que habían preparado para interceptar la flotilla. Allí me recibieron diciéndome que me iban a matar. Me desnudaron y me empujaron al interior de un contenedor oscuro donde varios soldados comenzaron a golpearme. Cada impacto me cortaba la respiración. Cuando conseguí salir de allí apenas podía orientarme. Todo el mundo me resultaba extraño. Solo recuerdo una mirada que me devolvió algo de calma: la de mi compañera Mi Hoa Lee.
Uno de los recuerdos más dolorosos fue encontrar a mi tripulante Almuatasem llorando sin parar porque le habían roto el brazo a golpes. Aquella primera noche permanecimos hacinados dentro de contenedores metálicos. Apenas había espacio para sentarse y mucho menos para dormir. Conversé durante horas con distintos compañeros, incluidos mis camaradas sudafricanos, compartiendo historias de Ciudad del Cabo y Johannesburgo para intentar mantenernos enteros.
Durante la noche golpeaban los contenedores desde fuera, nos apuntaban con láseres, nos cegaban con linternas y entraban armados para lanzar granadas de contusión que nos obligaban a salir y reagruparnos. La mañana siguiente nos numeraron, nos colocaron bridas de plástico extremadamente apretadas y nos mantuvieron durante largo tiempo arrodillados al sol mientras sonaba el himno israelí y nos grababan con cámaras.
Cuando desembarcamos en Ashdod continuaron los golpes, los empujones y las humillaciones. Estaba completamente desmoralizado y llegué a pensar que alguno de nosotros acabaría muriendo. Recuerdo llorar de dolor porque había perdido la sensibilidad en las manos debido a las bridas. Mi compañero Lautaro consiguió acercarse y comenzó a masajearme las muñecas para que recuperara algo de circulación. Nunca olvidaré aquel gesto.
Más tarde, durante los interrogatorios, conseguí de casualidad hablar por teléfono con el cónsul español. Recuerdo decirle al altavoz del teléfono, a gritos, que nos estaban pegando y torturando. Me quitaron de en medio y me respondieron, acusándome de mentir. Lo que vino después fue una especie de tortura burocrática interminable: registros, fotografías, huellas, preguntas, nuevos desnudos forzados, traslados, insultos y nuevas agresiones.
Finalmente nos trasladaron a la prisión de Kishon. Íbamos agotados, heridos y privados de sueño. Durante el trayecto intentamos ayudar a un compañero turco que sufría una lesión grave en el brazo y que apenas podía soportar el dolor de las esposas. Los guardias ignoraron todas nuestras peticiones de asistencia.
Sin embargo, fue allí donde algo comenzó a cambiar. En la cárcel empezamos a organizarnos, a ayudarnos unos a otros y a recuperar poco a poco la confianza. Compañeros como Frank Romano nos recordaban constantemente nuestros derechos y nos ayudaban a mantener la moral. Habíamos empezado ya a colaborar entre nosotros en la nave prisión, pero aquí empezó algo más grande.
A partir de ese momento sentí que mi dignidad regresaba. Recuperé fuerza, perdí gran parte del miedo y empecé a mirar a los funcionarios de otra manera. Ya no los veía únicamente como figuras capaces de ejercer violencia sobre nosotros. Había recuperado algo que había intentado arrebatarme la opresión. Algo se colaba entre las grietas de aquella maquinaria de despersonalización.
Després de l’acte violent sofert, que és va fer amb l’ajuda humanitària que portàveu?
Todos nuestros barcos transportaban ayuda humanitaria de distintos tipos: medicamentos, alimentos, ropa, material escolar y suministros básicos. Tras la intercepción perdimos el control sobre toda esa carga y nunca recibimos una explicación clara sobre su destino.
Algunas embarcaciones fueron capturadas, otras quedaron abandonadas a la deriva y algunas resultaron dañadas o saboteadas. Sin embargo, la historia no terminó ahí. Existen imágenes de restos de una de las embarcaciones llegando a una playa de Gaza, donde varios gazatíes se lanzaron al mar para recuperar lo que podían, incluidos algunos paneles solares. Otro de los barcos, el Nablus que consiguió llegar solo en una pieza hasta el Líbano.
Puede parecer algo pequeño frente a la magnitud de la tragedia que vive Palestina, pero aquellas imágenes me impresionaron profundamente. Incluso reducida a fragmentos, la flotilla seguía llegando de alguna manera a Gaza. Quizá esa sea una buena metáfora de la propia solidaridad: puede ser interceptada, dispersada o fragmentada, pero siempre permanece.
Hi ha hagut solidaritat humana indiscutible però també un cert distanciament polític dels estats europeus. Què penses que caldria fer per sensibilitzar els governs?
Pues no sé, a ver, el nivel de complicidad y ayuda que Europa dispensa al Estado de Israel me parece sorprendente, para el nivel de asesinatos atroces y genocidio que cometen a plena luz del día desde hace décadas. Yo fui secuestrado dentro de una corbeta militar construida y subvencionada por el Gobierno alemán.
Nuestras sociedades han sido tan vulneradas y existe una falta tan grande de cultura de organización, la sociedad ha sido tan desgastada que todo el mundo parece estar esperando un colapso, sin reconocer que no tienen nada que los sostenga o aguante cuando llegue. Es como si todos estuvieran esperando un combate final, pero tampoco hubieran hecho ningún plan para afrontarlo. Y me preocupa esa resignación de la gente normal, que acaba desarrollando todo tipo de prejuicios contra otros seres humanos tan pobres y miserables como ellos, que termina adquiriendo habilidad para odiar en lugar de pensar en posibles alternativas.
Creo que ya hemos sido abandonados. Y veo a las élites esperando, desarrollando un resentimiento hacia la gente que me hace sangrar los oídos cuando escucho a un concejal o a un administrador mirar por encima del hombro a la gente normal y sorprenderse de la cantidad de resentimiento acumulado, como si ellos mismos no hubieran contribuido a construir todo un sistema que lo produce.
Creo que puedo decir esto con seguridad después de haber sido concejal de la oposición y haberlo observado no solo desde enfrente, sino también desde compañeros que afirman representar a la gente. Estoy realmente asombrado por la falta de cultura política. Y sinceramente creo que estoy guardando demasiado silencio sobre este tema, porque simplemente no sé cómo exteriorizarlo de una manera formal. Me parece algo repugnante y me deja exhausto.
Y aunque dimití como concejal, esta sensación sigue persiguiéndome.
Hi ha també un cert posicionament contrari dels que acusen a les flotilles de moviments polítics en contra de l’Estat d’Israel, més que no pas de moviments humanitaris de solidaritat. Quin missatge penses que se’ls hauria de fer arribar?
Entiendo que haya personas que vean una dimensión política en las flotillas, porque la hay. Cuando una población permanece sometida a un bloqueo, privada de derechos fundamentales y dependiente de ayuda exterior para sobrevivir, cualquier intento de romper ese aislamiento tiene inevitablemente una dimensión política.
Pero eso no contradice su carácter humanitario. Al contrario. La ayuda humanitaria no existe en el vacío. Surge precisamente allí donde hay sufrimiento humano y donde determinadas decisiones políticas impiden una vida digna.
Para mí nunca hubo contradicción entre ambas cosas. Llevábamos medicamentos, alimentos y suministros básicos, pero también defendíamos el derecho de una población a vivir con dignidad y libertad. Creo que separar completamente lo humanitario de lo político es, muchas veces, una forma de evitar preguntarnos por las causas del sufrimiento.
Recuerdo una conversación de unos jóvenes cubanos en un podcast, donde criticaba una flotilla diciendo algunos que apenas llevaban unas latas de sardinas. Ellos respondieron: «Todo el que traiga una lata de sardinas a Cuba es mi amigo». Yo entonces lo tuve claro: quería ser el mejor amigo de los palestinos.
Tens la sensació que les forces armades israelianes son conscients del seu paper genocida en el conflicte amb els palestins?
Sí, creo que muchos son conscientes. También creo que algunos se sienten atrapados dentro de una dinámica que les supera y de la que no siempre saben cómo salir.
Existen ejemplos de jóvenes israelíes que rechazan el servicio militar o aceptan consecuencias personales antes que participar en la ocupación o en la violencia ejercida contra los palestinos. Eso demuestra que la conciencia existe y que hay personas que deciden actuar en consecuencia. Al mismo tiempo, también he visto cómo otros participan activamente en estas prácticas y las normalizan. Creo que esa contradicción atraviesa a la sociedad israelí y probablemente también a sus fuerzas armadas.
Una de las tesis más potentes de Frantz Fanon es que la violencia colonial termina deformando psicológicamente a todos los implicados, aunque no de la misma manera. Fanon describió los traumas y heridas que sufría la población argelina sometida al colonialismo, pero también los efectos que la tortura, la violencia y la dominación tenían sobre quienes las ejercían. Para él, el sistema colonial era una máquina productora de patologías. Creo que esa reflexión sigue siendo profundamente relevante hoy.
Tens la sensació que s’apliquen polítiques feixistes en el tractament aplicat a la població gazzetí?
No tengo la sensación, tengo la certeza, creo que a estas alturas hay poco que explicar de una realidad más que evidente.
Viví seis años en Sudáfrica y estudié el apartheid. Tuve la suerte de convivir con generaciones que heredaron directamente de sus padres y abuelos la lucha por las libertades y los derechos civiles. Aquellas experiencias me enseñaron a reconocer ciertas dinámicas de segregación, deshumanización y dominación cuando aparecen, no por casualidad ha vuelto a usarse ese término del apartheid.
Todos tenemos en mente el Gueto de Varsovia y el Holocausto, los campos de concentración, fácilmente se transpola a Palestina, tanto en Cisjordania como en Gaza. Pero además por mi experiencia personal, la referencia al apartheid sudafricano es especialmente fuerte.
Me impresiona la capacidad que tienen ciertos sistemas para institucionalizar la desigualdad durante décadas y convertirla en una realidad cotidiana.
Quina sensació t’ha quedat de l’experiència?
Me cuesta resumirlo en pocas palabras. No siento que pueda juzgar esta experiencia. Fue de una dimensión tan extraordinaria que todavía la estoy procesando.
Lo que más permanece en mi memoria no son los momentos de violencia, sino los rostros de mis compañeros, los vínculos que se crearon y el enorme afecto que sentí hacia personas con las que compartí aquella travesía. A pesar de todo lo ocurrido, es eso lo que recuerdo con más fuerza.
He vivido otras experiencias sobre las que he dudado durante años, preguntándome qué significaron realmente. En este caso no siento esa duda. Fue como vivir durante un tiempo en una realidad paralela, muy cerca de la nuestra y al mismo tiempo completamente distinta.
Sigo sintiendo optimismo. Tal vez porque hay algo en mí que nunca termina de quedarse quieto, pero sobre todo porque he visto niveles de solidaridad, compromiso y humanidad que nunca había vivido antes.
Repetiries? Tens la sensació que l’experiència viscuda et podria servir pel futur en cas de repetir?
Sí, repetiría.
Y además creo que podría aportar más de lo que aporté esta vez. Hay gente en organizaciones poniendo demasiado sobre sus hombros y eso no es hacer las cosas bien, por que se vuelven distantes para unos y estresantes para otros.
A veces puede parecer que uno llega a una experiencia como esta de manera repentina, pero en mi caso no ha sido así. No era mi primera vez en Palestina ni mi primer contacto con espacios internacionalistas. Mi trayectoria personal y profesional me ha llevado durante años a moverme por contextos muy distintos, algunos de ellos vinculados a la cooperación, la organización colectiva y las cuestiones sociales.
He participado en otras experiencias, que no han sido nada fáciles, que me han dejado más frustrado o desorientado. Sin embargo, en esta misión sentí que muchas de esas vivencias previas cobraban sentido.
Fue una situación dura, pero también una en la que me sentí preparado, útil y capaz de contribuir junto a otras personas muchos lugares distintos, unidas por un propósito compartido.
Por eso sí, repetiría.
Quin missatge penses que s’ha de transmetre a la població més sensibilitzada amb el conflicte?
Seguir adelante. No permitir que la impotencia o el cansancio nos paralicen. Escuchar, ser honestos y tomar posición con certeza.
Creo que la historia nos está poniendo frente a nosotros mismos. Vivimos rodeados de ruido, de provocaciones y de conflictos que intentan absorber toda nuestra atención, pero hay corrientes más profundas que atraviesan nuestro tiempo. La dignidad humana, la solidaridad y el compromiso con los demás siguen ahí, aunque a veces queden ocultos por el ruido.
Cuando las cosas se pongan difíciles, cada persona sabrá dónde estaba y qué decidió hacer. Si permanecemos firmes en aquello que consideramos justo, las corrientes pasarán y seguiremos sobre ese suelo que siempre quisimos habitar, aunque su forma final termine sorprendiéndonos.
Por eso creo que hay que organizarse, construir vínculos y cuidar unos de otros.
Consideres que hi ha altres maneres d’ajudar la població palestina de la franja?
Sí. Creo que hay muchas maneras de ayudar a la población palestina, ejemplar en su inquebrantable lucha, algunas de ellas están mucho más cerca de nosotros de lo que pensamos.
Defender nuestros derechos en el trabajo, en los barrios, en las ciudades y construir espacios de solidaridad también forma parte de esa lucha.
Yo he acabado encontrando este punto de encuentro a través de una flotilla y de una experiencia muy particular, quizá porque siempre he tendido a moverme por caminos poco convencionales. A veces me siento un “outsider”. Sin embargo, creo que existen formas de compromiso mucho más cercanas y cotidianas que también son importantes. Ojalá yo mismo fuera siempre capaz de reconocerlas con la misma claridad.
Lo que ocurre en Palestina no está separado de nuestras vidas. Nos habla de cómo nos organizamos, de cómo nos cuidamos y de qué sociedad queremos construir allí donde vivimos.