Comerse un parque en la ciudad más densa de Europa

No existe mayor contradicción que defender una cosa y proponer la contraria. Porque para que eso se haga entendible tienes que terminar liando el mensaje para que no se entienda nada. El peor argumento para hacer desaparecer un solo metro de parque público es decir que con esa operación se va a ganar zona verde. Es mejor explicar que el Ayuntamiento ha estado dando permisos de edificación sin prever servicios porque dando permisos de edificación consigue impuestos y además tiene de cara a las empresas constructoras, que justificar que nos vamos a comer un solo metro cuadrado de parque porque de ese modo el distrito va a ser mucho más verde.

No hay excusas para comerse espacio libre en un entorno urbano, pero si encima el entorno urbano es una colmena donde el derecho de las abejas se limita a sorber el néctar de la palabrería, comerse espacio libre equivale a renunciar a la mínima calidad de vida en una ciudad colapsada por el cemento. Por eso, es mucho mejor que, para mutilar el Parc de l’Alhambra, sus defensores y entre ellos el equipo Quiroseno digan que no hay otra, más que renunciar a los arbolitos para tener espacio donde correr. Al final, el arbolito nos quita sitio y… o nosotros o él.

Hablando en serio, es dramático que un Ayuntamiento se tenga que plantear recortar un parque para construir unas pistas donde hacer deporte o una piscina donde remojarte. Eso, lo dice todo de un gobierno municipal. Probablemente no hay peor escaparate para un equipo que pretende vender soluciones para los problemas. Es mucho más honrado acabar justificando su decisión porque en todo el distrito no existe un solo metro cuadrado donde poner un equipamiento.

Pero es que encima, eso no es del todo cierto. Hay poco espacio, pero el espacio que queda debiera ser la única opción si de lo que se trata es de cargarse un parque. Hay dos posibles opciones que no se comen espacio verde. Y puede ser verdad que ninguna de las dos sea la excelente. Lo que sucede es que a nadie se le ocurre que sea necesario en este caso elegir entre la excelencia y lo irremediable, sino entre lo irremediable y el sentido común. Y lo que el sentido común indica es que comerse un parque en la ciudad más densa de Europa es un disparate de dimensiones colosales. Las mismas dimensiones colosales que tener que soportar un gobierno local que proponga esos disparates.

Si fuéramos conscientes de lo que el gobierno plantea le pediríamos la dimisión inmediata y más después de ver la barbaridad que los técnicos proponen como simple opción. Ver el dibujito para vendernos la moto que nos enseñaron el otro día ya lo explica todo. Se comen parque pero, para compensar, se comen calle y hacen de las otras calles un jardín, como si las calles fueran parque en un espacio donde las calles están agujereadas de servicios, de redes, de canales, de alcantarillados, de cualquier cosa menos de tierra oxigenada donde crecer la naturaleza. Las calles pueden estar limpias, pero jamás serán una zona verde. Y lo peor es que todo el mundo lo sabe. Incluso los que nos venden la moto.

Pero el dibujito es muchísimo más escandaloso. Sumergen la piscina bajo el subsuelo y así ya no se comen parque, cuando también todos saben perfectamente que los árboles no crecen sobre subsuelos vacíos. Y si no, tan solo hace falta ver el solárium de Francesc Macià que se incorpora al paquete como más zona verde.

Eran otros tiempos y ya son historia. Cuando en los años 70 el último ayuntamiento de la dictadura dio permiso para hacer las obras del metro que afectaban a todo el recorrido de la entonces Rambla Just Oliveras, tenía como objetivo último aprovechar que se iba a levantar todo el trazado para instalar entre el túnel del metro y la superficie de la calzada un párquing subterráneo. Ya digo que eran otros tiempos porque, aunque seguimos hablando del último ayuntamiento franquista, la realidad es que las asociaciones de vecinos eran entonces tan poderosas que no se atrevió a llevar a cabo aquel proyecto y solicitó el acuerdo vecinal para hacerlo realidad.

La Rambla Just Oliveras hoy está poblada de árboles, que van creciendo año a año convirtiendo el espacio en una especie de oasis en el barrio Centre. Hay árboles, porque los vecinos se negaron a la propuesta del ayuntamiento y porque aquellos vecinos prefirieron entonces una rambla arbolada a un párquing municipal, sabiendo, porque todo el mundo lo sabe, que hay que elegir entre suelo agujereado o árboles. Por cierto, unos cuantos años más tarde, gobernando el alcalde Pujana, con un ayuntamiento ya elegido, se hizo lo mismo en la plaza del Ayuntamiento, pero entonces sin pedir permiso a nadie. Se agujereó, se hizo un párquing municipal y se renunció a la arboleda. Hoy la plaza da lo que da, el párquing es solo un agujero para ganar pasta y los vecinos no tienen un rincón donde respirar aire puro.

Sobre la piscina del Parc de l’Alhambra solo crecerán los arbustos, pero lo peor es que en ese mismo lugar, nunca más en la vida habrá árboles. Los subsuelos suelen ser eternos, de modo que los hospitalenses del siglo XXII tendrán que ir a observar los árboles al Tibidabo, si es que para entonces hay Tibidabo, porque igual hacen un estadio de fútbol porque el deporte es muy importante…

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