Núria Marín arrastra a l’Hospitalet a la irrelevancia

El concejal denunciante Jaume Graells y alcaldesa denunciada Nuria Marin, antes del presunto caso de corrupción en el Consell Esportiu de l’Hospitalet

La salida de Núria Marín de la ejecutiva federal del PSOE tras el congreso celebrado por el partido en Valencia, y la decisión del Consejo de Ministros de dar entrada a la Generalitat y a la patronal Pimec en el plenario del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona (CZFB) dejando fuera a la ciudad a la que le expropiaron los terrenos, son los últimos hechos que denotan la irrelevancia de la alcaldesa de l’Hospitalet, cuya caída a la sospecha entre los de su propio partido está arrastrando a la ciudad a la irrelevancia.

Y es que todo son problemas para Núria Marín desde que está siendo investigada judicialmente por participar activa o pasivamente en una presunta trama de desvío de subvenciones en el Consell Esportiu de l’Hospitalet, con una cantidad “distraída” que asciende a medio millón de euros anuales. Después de que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional detuviera e interrogara a alcaldesa en la comisaría de La Verneda y se quedara su teléfono móvil para acceder a su contenido, previa autorización judicial, Núria Marín tuvo que declarar en abril ante la juez del Juzgado de Instrucción número 2 de l’Hospitalet que investiga el caso. La juez imputa a la alcaldesa y presidenta de la Diputación por supuesta malversación de fondos públicos, apropiación indebida, prevaricación y omisión del deber de perseguir el delito que le fue comunicado por su compañero de partido y de equipo de gobierno, el concejal Jaume Graells.

Pedro Sánchez evita a Marín

Pese a que el PSC contará a partir de ahora con un miembro más en la dirección del PSOE que sale del 40º Congreso Federal del partido, al pasar de tres a cuatro, l’Hospitalet se ha quedado fuera de la mesa pequeña que manda en el principal partido del Gobierno de España. De la nueva ejecutiva federal se ha caído Núria Marín como colofón del ostracismo al que le ha sometido el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en cada visita que ha realizado a Barcelona, evitando en todo momento ser fotografiado junto a la alcaldesa, cosa que hacía constantemente hasta que saltó el caso de presunta corrupción. El equipo de Moncloa ha preferido evitar esas imágenes si finalmente Marín tiene que abandonar sus cargos públicos en el caso de que sea procesada por la juez.

Al frente de la Diputación de Barcelona, podría sustituir a Marín el alcalde de Viladecans y miembro del comité federal del PSOE, Carlos Ruiz, que ya se hace cargo de las finanzas de la institución provincial. Harina de otro costal será el relevo en la alcaldía de l’Hospitalet, puesto que el primer secretario del PSC en esa ciudad y segundo teniente de alcalde, Cristian Alcázar, también está imputado en el mismo caso que la alcaldesa y ambos deberían dimitir si son procesados, en aplicación del reglamento del PSC. Esa circunstancia coloca a Fran Belver, primer teniente de alcalde, en buena posición para sustituir a “la jefa”, como se conoce a la alcaldesa en el Ayuntamiento. Pero Belver tiene muchos detractores en la agrupación local del partido, empezando por su yerno, Cristian Alcázar, además de llevar demasiados años en el Ayuntamiento. Una buena candidata para las elecciones de mayo de 2023 sería la diputada en el Congreso y miembro del Pacto de Toledo, la hospitalense Mercè Perea, que ya estuvo en el equipo de gobierno de la ciudad.

También descabalgada del PSC

Si el PSOE ya ha dejado a Marin en la cuneta, el siguiente escalón descendente de la alcaldesa será el abandono de los suyos del PSC, ya que el actual líder la oposición en el Parlament, el ex ministro Salvador Illa, prescinde de ella al frente de la presidencia del PSC en favor del ministro de Cultura y Deportes, Miquel Iceta. Tras el congreso del PSOE celebrado este fin de semana en Valencia, se iniciará el proceso de primarias del PSC para que Illa releve a Iceta en la secretaria general en la celebración de un congreso extraordinario previsto para los próximos 18 y 19 de diciembre, congreso en el que Núria Marín se verá descabalgada de la presidencia de su partido.

Núria Marín estaba llamada a ser ministra y así seguir los pasos de su mentor, Celestino Corbacho, que también fue alcalde de l’Hospitalet y presidente de la Diputación de Barcelona antes de ser el titular de Trabajo en uno de los Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero en la renovación gubernamental emprendida en julio por Pedro Sánchez, el presidente optó por otra alcaldesa, Raquel Sánchez, mucho más joven y con una gestión impoluta al frente de la ciudad de Gavà. Como le ocurrió a Juan Ignacio Pujana, primer alcalde democrático de l’Hospitalet, la sombra de la sospecha acompañará a Marín durante todo el proceso hasta que se celebre el juicio.

La puntilla de la Zona Franca

Que sus propios compañeros del PSC y del PSOE prescindan de Nuria Marín de forma preventiva a la evolución del caso judicial, ha arrastrado también a la ciudad de l’Hospitalet a la irrelevancia política. La última prueba es que el Consejo de Ministros celebrado el 11 de octubre aprobó un real decreto que modifica la composición del plenario del Consorci de la Zona Franca de Barcelona (CZFB) para incorporar a la Generalitat y a la patronal Pimec, con dos representantes para el Govern, uno de ellos como vicepresidente segundo. Se ha desaprovechado así una oportunidad de oro para que un representante de l’Hospitalet entrara también en el plenario como tardía compensación de la expropiación de los terrenos, hace un siglo, donde se levanta el principal polígono industrial de Cataluña. En este punto recomiendo la lectura del libro de Jesús A. Vila, editado por FIC, titulado “Quan l’Hospitalet va perdre la platja. Espolicacio, impunitat i negoci: un segle de la segregació de la Marina” para contextualizar la “aportación” que la ciudad hizo al ente público que actúa de motor económico del área metropolitana.

Los dos miembros del Govern, junto al representante de la patronal de las pequeñas y medianas empresas, forman ya parte del organismo público estatal que dirige el delegado especial del Gobierno y antiguo secretario general del PSC, Pere Navarro. El plenario estaba hasta ahora integrado por el Gobierno central, el Ayuntamiento de Barcelona y las principales entidades económicas de Barcelona. Entra la Generalitat y Pimec, pero sigue fuera l’Hospitalet, que se vio obligada a aportar la mitad de su término municipal. Confiemos que la sombra de la sospecha que se cierne sobre Núria Marín no siga afectando negativamente a los hospitalenses, ahora que se van a repartir los fondos europeos Next Generation.

Por Juan Carlos Valero

Confiar amb la loteria, ara que el PDU pot ser ja història

Com semblava previsible, perquè no és fàcil que l’alt tribunal de l’Estat revoqui sentències ben articulades d’interpretació de la legislació autonòmica que apliquen els tribunals superiors de justícia de les autonomies, el Tribunal Suprem ha rebutjat el recurs que en el seu dia van presentar a mitges l’Ajuntament socialista i la Generalitat d’ERC i Junts, contra el Pla de Desenvolupament Urbanístic Gran Via-Llobregat. A tots aquells als quals el projecte Marín ens semblava una aberració —amb una pila de precedents, desgraciadament— la notícia ha suposat una mena de bàlsam perquè ara es fa més difícil —encara no impossible— perdre per sempre els únics espais lliures del municipi, no ho oblidem, més dens d’Europa. Caldrà que prosperi la sol·licitud de declaració de BCIN que algunes plataformes ciutadanes van posar en marxa no fa gaire, però especialment que s’imposi una altra sensibilitat en el poder municipal que consideri que els bens declarats de l’interès que sigui, local, comarcal o nacional, passin de la pura retòrica a la plasmació real, és a dir, que els bens es conservin —no que s’abandonin, que és el que acostuma a passar— i que, a més, s’utilitzin, es posin al servei de la ciutadania.

La notícia ha estat, doncs, un bàlsam, però convé no perdre de vista la doble lectura. També és l’evidència del fracàs de la política. Uns quants diran: hi ha gent que mai està contenta. Malament si es perd un recurs com aquest i malament si es guanya, com ara ha passat. Permeteu-me una mica més de profunditat per explicar-me. Sóc dels que se n’alegra francament de la resolució del Suprem, però també sóc dels que detesten que assumptes com aquest els hagi d’acabar dirimint la justícia, que penso que està per fer justícia —i ara n’ha fet— però no per substituir la consciència social organitzada. El que trobo a faltar és aquesta consciència social organitzada que és la que hauria d’haver posat en cintura la decisió municipal fins a obligar el govern ha reconèixer que la seva postura envers el patrimoni és una aberració i és imprescindible que la modifiqui.

I modificar-la passa, necessàriament, no només per eliminar el PDU-Gran Via, sinó per canviar radicalment la seva política urbanística, tancar d’una vegada l’Agència de Desenvolupament Urbà, que s’ha convertit de facto en una agència de promoció del sol urbà a favor dels grans inversors i no pas en favor de la qualitat de vida de la ciutadania de l’Hospitalet, i renunciar a seguir ocupant més sol lliure, a requalificar més terreny industrial per convertir-lo en edificable residencial i a seguir facilitant el negoci immobiliari de molts pocs hipotecant el futur de tota la ciutat. Hipotecar el futur equival a mantenir enganyats els nous compradors, perquè ningú els explica que estan comprant ara un pis caríssim —no pas un pis de luxe, perquè un pis de luxe no és possible imaginar-lo en la ciutat més densa d’Europa— i que l’Ajuntament que permet que s’enriqueixin els de sempre no té cap previsió, ni cap terreny de titularitat pública, imprescindibles per poder construir els equipaments que necessitaran els nous residents d’aquí a quatre dies.

És evident que no estem en l’època en que el creixement del polígon de Bellvitge es va aturar al carrer, protestant contra la policia i ocupant la plaça de l’Ajuntament tantes vegades com va caldre, tirant a terra les tanques de les obres tantes vegades com era necessari i ocupant els solars plantant arbres i plantes. Tot allò era possible per dues raons: perquè els veïns estaven organitzats i sobretot perquè eren forts i confiaven en la seva força. L’organització i la força no van caure del cel: responien a una voluntat manifesta, la d’imposar la raó d’allò que era just i que els hi era negada pel pes d’una legalitat que només tenia en compte el dret de les promotores en prejudici directe de les necessitats de la ciutadania. Exactament igual que ara. Només que aleshores, vivíem sota una dictadura i ara vivim sota un monopoli formal del poder, i en tots dos casos, ambdós mantenen una perspectiva semblant sobre la ciutat i els seus ciutadans: la ciutat és patrimoni del poder local —com aleshores— i els seus ciutadans són simples súbdits —també com aleshores— que en l’actualitat poden tenir el dret a la pataleta —faltaria més, estem en una democràcia— però no el dret al control de les pròpies necessitats.

El Suprem, i abans el TSJC, avui han fet justícia, però fent-la, han posat de manifest la debilitat intrínseca de la nostra societat que ha de confiar en els que interpreten la legalitat, perquè el poder és incapaç d’escoltar la raó dels governats i, el que encara resulta més lamentable, perquè els governats no tenen la força necessària per fer-se escoltar. No oblidem que el recurs el va interposar una força d’oposició a l’esquerra del partit que governa. Va fer molt bé interposant el recurs, però resulta dramàtic que s’hagi de recórrer a la justícia perquè no és possible recórrer a la força de la raó organitzada.

No ens enceguem, però: recórrer a la justícia és purament una loteria i tothom que recorre a la justícia, i més en aquest país, ho sap, i ho reconeix. Els jutges interpreten les lleis i no tenen per què coincidir amb les interpretacions, de manera que unes vegades donen la raó als poderosos i altres vegades als febles. Els poderosos ho saben, però ells ho tenen en general molt millor: poden interposar tants recursos com calguin i si són poderosos amb poder local, comarcal o autonòmic, a sobre sense arriscar un sol euro propi. Els febles hem d’esperar un cop de fortuna, en aquest cas en forma de toga. I si es perd, mala sort i a pagar. Per això confiar en que la justícia imparteixi justícia, segons en quina part de l’estructura social t’hagi tocat, sempre és un risc. El que no és un risc és obligar a que s’escoltin els arguments sòlids del dret de ciutadania: el dret a que es respecti la qualitat de vida, la cobertura de les necessitats més peremptòries i la garantia d’estabilitat respecte del futur. I obligar, aquí i ara, és sinònim de força, solidesa, coherència i organització, envers els que vulneren els drets, en aquest cas, els que s’estan venent la ciutat a canvi d’un pressupost que els permeti gastar tan com vulguin en allò que més rendiments els hi doni.

Ja sé que en aquest cas no valen recursos. L’Ajuntament ha perdut el seu PDU, però  nosaltres només haurem guanyat alguna cosa si aprenem la lliçó i la propera vegada no ho confiem tot a la loteria.

Aquí tu Reforma se trasladará a la calle Cobalto con un showroom tecnológico de más de 3.000 metros cuadrados

Ricard Aparici y Francisco Morán, director y CEO de Aquí tu Reforma

El consejero delegado (CEO) de la plataforma Aquí Tu Reforma, Francisco Morán, ha anunciado este jueves que a finales de septiembre o principios de octubre tendrán lista la nueva sede, en la calle Cobalto de l’Hospitalet, con más de 3.000 metros cuadrados en los que la compañía creará un foro de innovación invitando a start ups. Entre otros servicios, habrá un “showroom” tanto físico como virtual, que permitirá a las personas hacer inmersiones literales y sin gafas en los espacios de su propia vivienda, tanto dentro de la cocina reformada o cualquier otra estancia, de forma que sea más fácil elegir el estilo que gusta a la familia dentro del plano de su hogar.

El traslado a l’Hospitalet se produce en paralelo a una campaña de televisión que Aquí Tu Reforma va a desplegar también en septiembre para potenciar las adecuaciones de los hogares, ahora que su bienestar es más valorado tras la pandemia. Su ubicación en la calle Cobalto será cerca de la sala Salamandra y muy cerca de la compañía Privalia, que acaba de anunciar su traslado desde el 22@ a la Rambla Marina con 10.000 metros cuadrados y 700 trabajadores. Privalia, conocida como VeePee y especializada en comercio electrónico, es una de las startups de mayor crecimiento en España. Ambas compañías están a solo cuatro calles de la plaza Europa de l’Hospitalet.

Crecimiento del 6% del sector

El sector de la reforma constata un aumento significativo de su actividad desde el estallido de la pandemia y prevé cerrar este año con un crecimiento del 6 al 13% para este ejercicio, según dos informes de asociaciones del sector que este jueves ha dado a conocer la plataforma Aquí Tu Reforma. El último estudio de Andimac, la asociación nacional que representa a los almacenes de cerámica y materiales de construcción y equipamiento de la vivienda, estima que el sector de la rehabilitación y la reforma crecerá un 6%, con un gasto medio en materiales de construcción e instalación en los hogares españoles alrededor de 1.000 euros, mientras ANERR, asociación nacional de empresas de rehabilitación y reforma, prevé un crecimiento del 13% hasta alcanzar los 60.000 millones de euros.

En cualquiera de los casos, el sector de la reforma atraviesa un crecimiento importante, dado el valor que ha adquirido para los ciudadanos mejorar el bienestar de los hogares tras el confinamiento. Según Francisco Morán, la pandemia ha llevado a que seis de cada diez hogares quieran hacer reformas, por encima de la media europea. En la presentación de resultados de la plataforma, Morán ha reclamado al Gobierno que ayude a lograr una mayor eficiencia energética, bienestar y descarbonización del sector de la vivienda reduciendo al 10% el IVA aplicado al sector de las reformas y rehabilitación 

Crece el ticket medio

Morán ha constatado que el mayor número de reformas se ha producido en las ciudades grandes (Madrid y Barcelona) con un incremento del «ticket» medio de hasta los 26.000 euros, una cifra que se espera que siga creciendo. Ante la llegada de los fondos europeos, el sector aspira a que se potencie la colaboración público-privada y demanda una mayor velocidad de las ayudas y de las licencias con la creación de la figura del agente rehabilitador, así como una ventanilla única para dar más agilidad a estos procesos.

Preguntado por la escalada de precios de las materias primas, Moran ha dicho que este incremento tendrá un impacto “moderado” en el precio de las reformas, puesto que el coste de los materiales tiene un peso en los presupuestos de entre el 30 % y el 35 %.

Triplicar resultados

En cuanto a los resultados de Aquí tu Reforma, la primera compañía española de franquicias de reformas prevé cerrar este año con una facturación de 3,5 millones de euros, tres veces más que en 2020, cuando facturó 1,1 millones de euros. Además, este mismo año espera cerrar el ejercicio con 36 millones de euros en volumen de obras, superando con creces los 9,2 millones de euros de 2020. Enric Aparici, director general de la compañía destaca que “un 51% de las obras realizadas hasta el momento en 2021 son reformas integrales, un 37% de las mismas son semi integrales y el 12% restante son reformas de baños”.

El crecimiento de la compañía también se ha visto reflejado en el número de franquicias, pasando de 40 a 102 de 2019 a 2020. De cara a finales de 2021 calculan llegar a los 216 establecimientos repartidos entre las principales ciudades del territorio nacional. Entre los proyectos más destacados, Morán ha señalado la internacionalización de la actividad de la compañía, tanto en países europeos como en América. Otro de los proyectos clave en 2021 es el de rehabilitación de fachadas, después de lanzar “un proyecto único en el que tramitaremos las ayudas a la rehabilitación para las comunidades de vecinos y ofreceremos opciones de financiación de hasta 10 años y 1 millón de euros a través de nuestra plataforma AQUÍ Credit, que opera con diferentes bancos y entidades”, finaliza Morán, para quien el concepto de reforma va a pasar a ser un producto más de consumo con la incorporación de productos de distintas financieras.

Por Juan Carlos Valero

Els organismes sanitaris còmplices d’operacions immobiliàries?

Les operacions urbanísitiques de l’equip de govern són contestades. A la fotografia, un moment de protesta de diumenge per aturar més vivendes a Cosme Toda

La setmana passada, una nota de premsa municipal explicava la trobada a la ciutat del grup promotor del clúster biomèdic que l’alcaldessa Marín proposa fer a la ciutat cada vegada que necessita demostrar les immenses capacitats per inventar-se coses que la treguin de la patètica imatge de decrepitud que arrossega. M’estic referint a la ciutat, no a l’alcaldessa, tot i que a ningú li haurà estranyat la confusió si és que l’ha comès. I em refereixo a la ciutat, perquè malgrat la retòrica oficial, cada vegada està prenent més relleu la imatge certa que l’Hospitalet és la ciutat més densa d’Europa justament en uns moments en què la densitat demogràfica, la massificació urbanística i la saturació del territori són qüestions negatives a nivell metropolità, comarcal, autonòmic, nacional i internacional i ho seran més a mesura que la crisi ambiental, l’escassedat energètica, les dificultats de mobilitat, la manca d’equipaments de qualitat, la massificació dels serveis essencials, l’absència d’espais lliures, el perill pandèmic successiu i la previsible crisi econòmica, d’ocupació i de recursos que s’albira, prenguin carta de naturalesa.

La situació seria dramàtica per com estem a l’Hospitalet, si a la ciutat no s’aixequès hores d’ara ni una sola grua, si fes ja almenys un parell de mandats que s’hagués aplicat una moratòria constructiva. Continuaríem molt malament, extraordinàriament densificats i sense poder garantir un mínim de qualitat de vida a la ciutadania. Hem de pensar que si tots els hospitalencs i hospitalenques sortíssim al carrer a l’hora, ens trepitjaríem per les voreres i els vehicles no podrien circular perquè les voreres serien insuficients per assumir el cabal humà existent. Hi ha censades a la ciutat, 260.000 persones més o menys, però els més coneixedors de la realitat expliquen que als barris del nord hi ha no menys de 50.000 passavolants que viuen a l’Hospitalet d’estranquis, entre altres coses perquè les inscripcions al padró es gestionen lentament a propòsit. Ja dic que la situació seria dramàtica si s’haguessin congelat les edificacions en els darrers quatre anys, però seria disculpable pels que haguessin construït la moratòria i l’haguessin recolzat. La realitat és que no solament l’equip de govern ha treballat a favor de la moratòria sinó que en els darrers quatre anys ha omplert la ciutat de grues, està liquidant l’escassíssim espai lliure que queda, i està esforçant-se a recórrer tot allò que els tribunals rebutgen en matèria urbanística. La història dirà de l’alcaldessa Marín, el mateix que la història està dient de l’alcalde Matías de Espanya, que van ser un càstig dels déus per aquest territori, amb l’agreujant que España era un noble feudal que satisfeia les seves megalomanies però servia a la seva classe, mentre que la Marín va néixer modestament a Collblanc però està fent milionària a gent que no trepitjaria aquest barri ni per repartir almoina.

De fet, si som sincers, la Marín només deixa fer, embolicada per discursos més aviat equívocs, em temo. Els que parlen amb els promotors, dibuixen els plànols i fan estudis d’inversió viuen a Sarrià, a Pedralbes o a Sant Cugat. I a ells, el que passi a Gran Via 2, o a Sant Josep o a la Rambla Marina se’ls hi en fot. És possible que mai hagin trepitjat l’indret directament i que mai el trepitgin. Ells fan la feina tècnica i milionària que l’alcaldessa s’encarrega de publicitar, com pot.

Com pot. I és veritat que cada vegada pot menys, perquè cada vegada resulta més aclaparadora la realitat de una ciutat destruïda fins els fonaments. Per això resulta tan sorprenent que encara hi hagin organismes i professionals, que més enllà del resultat final d’aquestes coses que s’inicien —i a l’Hospitalet s’inicien moltes però les úniques que culminen són les immobiliàries— es prestin tan grollerament a l’espectacle sense mesurar fins a quin punt els perjudica.

Em refereixo directament a l’IDIBELL, a l’ICO, a l’Hospital Universitari de Bellvitge, a l’Àrea Metropolitana Sud de l’ICS, a la Universitat de Barcelona i a l’Hospital de Sant Joan de Déu que semblen haver-se cregut aquesta comèdia del pool biomèdic, darrere de la qual hi ha en exclusiva el projecte de menjar-se el darrer espai lliure de la ciutat, l´únic espai encara agrícola del terme per edificar, edificar i edificar… i beneficiar als propietaris del sòl i no pas a la ciutadania d’aquesta soferta ciutat.

La nota de premsa municipal ni tan sols s’amaga: “El clúster biomèdic vol contribuir a potenciar i consolidar un ecosistema de salut a Catalunya que afavoreixi una nova economia basada en la innovació i el coneixement al territori metropolità, així com la localització de noves empreses a partir de la transformació urbanística de l’àrea de Bellvitge.”

L’objectiu no te res a veure amb la ciutat i de la ciutat ni tan sols se’n parla. Fan veure que compta Catalunya i el territori metropolità, però sobretot el que compte és transformar urbanísticament l’àrea de Bellvitge. A ningú se li amaga que darrera aquesta floritura hi ha un projecte de 442.000 metres quadrats d’oficines, 126.000 de sostre comercial i 63.000 d’hotels i la resta són escorrialles per fer empassar l’autèntic negoci.

Que això ho faci l’ajuntament de la ciutat és una desgràcia pels hospitalencs i les hospitalenques, però són els hospitalencs i les hospitalenques (43.000 dels 180.000 electors cridats a les urnes el maig del 2019) els que així ho han volgut. Però el descrèdit dels organismes que participen del projecte sense preguntar-se què estan fent en aquesta operació, només els pot reportar desprestigi a nivell estatal i previsiblement a nivell internacional, quan es divulgui que alguns organismes encarregats de la salut pública —i que tant es vanen de l’enorme treball que fan en aquest sentit— estan deixant-se utilitzar com a còmplices d’operacions urbanístiques de la ciutat més densament poblada d’Europa, que vol dir la ciutat amb pitjors condicions objectives de qualitat de vida, amb serveis sanitaris pèssims i amb un pronòstic de futur que esgarrifa.

Caldria que s’ho fessin mirar. Qui es fica al llit amb nens petits, es lleva amb el cul mullat, diu un refrany català. Potser estarà bé recordar-los a aquests representants d’organismes que s’han guanyat el prestigi sobre la base de la seva coherència professional, que les operacions urbanístiques de l’equip de govern són contestades hores d’ara per la totalitat de l’oposició municipal, per una quantitat important d’entitats cíviques i per una ciutadania que malgrat la desestructuració social que l’ajuntament ha propiciat sobre la base del clientelisme, ja comença a mobilitzar-se davant l’escàndol.

Segundones

Imagen del plató donde se desarrolló el ininteligible acto online

Un estudio realizado durante los Juegos Olímpicos de Barcelona concluyó que los atletas que ganaron medallas de bronce estaban más satisfechos que los que obtuvieron plata. Los psicólogos midieron sus respuestas emocionales y, mientras los terceros miraban hacia abajo contemplando a los que se habían quedado sin subir al podio, los segundos se focalizaban más en el peldaño superior sin disfrutar de ser subcampeones.

Terrassa se siente orgullosa de ser la tercera ciudad catalana, casi empatada con Badalona, pero por delante de su eterna rival Sabadell. Sin embargo, l’Hospitalet sufre ser segunda y pegada a la primera. El influjo capitalino también es reflujo, ya que se han levantado los hoteles que Colau prohibió, y la alcaldesa Núria Marín permite construir miles de pisos a los promotores que huyen de la obligación barcelonesa de dedicar un 30% a vivienda social. A este paso, l’Hospitalet, que ya es oro europeo en densidad, sobrepasará pronto las 300.000 almas, que era el sueño de otro alcalde, Matías España Muntadas.

La presidenta de la Diputación barcelonesa, que mantiene en nómina a la esposa de Puigdemont a razón de 6.000 euros por 8 horas mensuales de trabajo, es la segunda persona en democracia que ocupa la alcaldía de L’Hospitalet y es investigada por varios presuntos delitos. El oro de ese desprestigio fue para Juan Ignacio Pujana, a quien le persiguió la sombra de la sospecha, como ahora a ella, hasta que un juicio le condenó por tráfico de influencias.

Marín también emula las conferencias anuales de los alcaldes barceloneses, pero sin preguntas. En la de febrero de 2020 reclamó la playa de l’Hospitalet, hoy inexistente entre contenedores portuarios. La semana pasada realizó otra comparecencia, denominada Diálogo para la Reconstrucción, pero sin debate. Para escenificarlo, se rodeó presencialmente y por internet de directivos y empresarios con intereses en esa ciudad y anunció inversiones para digitalizar los servicios municipales. Menos mal, porque las intervenciones online fueron ininteligibles. Querer no siempre es poder.

Por Juan Carlos Valero

Que paren la propaganda majadera

Bronca de los chicos de L’Estaca porque ni escribo ni apenas hablo. Y porque no me ven. Les digo que me estoy haciendo viejo, pero no porque cumpla años —que eso ha sido siempre un pasatiempo inmisericorde aunque divertido—, sino porque se me diluyen algunas esperanzas y eso te arruina el espíritu. No escribo porque tengo la sensación de que en lugar de animar, desanimo, y ya no estoy para estos trotes. A mi edad tengo que generar amores y no cochambres, pero en fin. Les he preguntado sobre qué escribo y me han enviado una docena de folios, sugerencias, notas de prensa y alguna foto donde se ve a la gente de ahora haciendo lo que hacía la gente de hace 40 años, gritar cabreos y enseñar pancartas. No se si hacerse viejo es también esto: ver que la indignación no tiene cura.

Entre lo recibido hay una nota de prensa municipal que llama la atención porque para celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente, en esta ciudad que nos parte el alma, avisan de que han plantado 1.261 árboles, de los cuales no todos son árboles nuevos porque han estado haciendo una escabechina de especies durante meses, que se han llevado por delante a 738 ejemplares por el único delito de ser añosos y corpulentos, substituidos por otros nuevos pero necesariamente enclenques e inseguros. De verdad de verdad, pues, solo dicen haber plantado 523 árboles nuevos en el último medio año, lo que parece una enormidad pero, sobre todo, un milagro. No porque no tengan potencial para eso y para mucho más —expertos en liquidar, expertos en reponer— sino porque se comprende mal dónde hay esos mil metros cuadrados libres, imprescindibles para que echen raíces. Si apenas hay zonas libres a las que se pueda llamar parques, si las aceras urbanas son minúsculas y apiñadas, si las rotondas ya se han usado cien veces para llenar las estadísticas de zonas verdes, dónde, me pregunto, caben esos 500 árboles nuevos que dicen haber plantado…

La ciudad más densa de Europa, que no puede resolverse aunque trabajen al unísono doscientos lobbys empresariales que se formen, sabe, porque lo dice la nota de prensa, que esos 1.200 árboles nuevos se comen 85 toneladas de Co2 al año, retienen 6 millones de litros de agua de lluvia, reducen 90 kilos de ozono y hacen maravillas contra el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre. Es decir, para que la ciudad aumente su calidad ambiental, el verde público no sólo es necesario. Resulta imprescindible para cualquier ciudad media. Imaginaros lo relevante que puede llegar a ser para la ciudad más densa de Europa.

Como en esta ciudad otra cosa no, pero tiene tantos planes como edificios, existe un Plan director del verde urbano en el que se inscribe esta plantada reciente cuya finalidad es tener “un verde accesible con una distribución equitativa y justa” en el tránsito del viejo verde al nuevo verde “biodiverso, saludable, sostenible, resiliente y adaptado al ecosistema urbano”.

O sea, demasiadas palabras para explicar que una ciudad vivible es una ciudad donde hay espacios libres, zonas verdes amplias en forma de parque y paseos arbolados, integrados en el urbanismo con la misma intensidad con que se integran las redes de servicios, las infraestructuras y los equipamientos. Espacios libres quiere decir eso: espacios desocupados, no aceras con arbolitos. Parques son extensiones de zonas verdes, arbolado y vegetación que se ubican en las zonas urbanas para garantizar el aire puro, el ejercicio físico y el disfrute de la naturaleza, no retales de solares o rotondas. Esto que aquí es inexistente, porque el espacio libre solo se usa para hacer negocio y no para garantizar la calidad de vida de los ciudadanos, no se arregla con palabras por más que se usen conceptos como biodiversidad, salud, sostenibilidad o resiliencia —coño con la palabra—. Un auténtico Plan director del verde urbano, en una ciudad normal, debería exigir de una vez la adquisición de terreno público para liberarlo y la prohibición de construcciones sobre suelo privado libre, no poner arbolitos junto a los monumentales bloques de edificios que se están construyendo en lugares donde sólo había naves industriales, antiguas fábricas o edificios ruinosos que cualquier ayuntamiento consciente de su deber debería adquirir para dignificar su ciudad con hechos, y no con verborrea.

La nota de prensa indica que se han puesto árboles en nuevos emplazamientos, 335 en las vías urbanas y el resto en zonas verdes. Y se señalan el jardín de Can Sumarru, las medianas del distrito económico, el talud de la calle San Rafael, el entorno de la escuela de idiomas en Can Serra y dos parques, por llamarles de algún modo: el de la Cabana en la calle Canigó y el de la Remunta. El de la Remunta, donde mucho más de la mitad del espacio libre cuando el ejército se marchó se ha convertido, como no podía ser de otra manera en esta ciudad, en enormes bloques de edificios que albergan cientos de nuevas residencias. El plan de nuevo verde, nos quiere compensar poniendo arbolitos en esa zona. Lo mismo que en los aledaños de las enormes nuevas promociones de la avenida del Carrilet, el interior de la macro-manzana de la Rambla Marina o en lo que fueron las instalaciones de Cosme Toda. Qué vergüenza señores…

Es esa sensación extraña que te queda cuando, en una frase que los catalanes han convertido en admirable, “voler vendre bou per béstia grossa” o como afirman los manchegos, quisieran “hacerte comulgar con ruedas de molino”, tienes la seguridad de que te tratan como a un débil mental. La misma sensación que cuando tratan de hacerte creer que van a vender los atractivos turísticos de la ciudad y afirman que esta ya es una ciudad turística por el número de pernoctaciones, escondiéndonos adrede que los turistas modestos encuentran hotel más barato aquí que en el centro de Barcelona. Paren la propaganda majadera y hagan un concurso para conseguir creativos que se esfuercen un poco más a la hora de vendernos estulticias.

El lobby hospitalenc

L’alcaldessa va anar aquest dimecres a l’eix d’un diàleg patint problemes tècnics però plantejat com un lobby hospitalenc

Sembla evident que hem entrat en un període d’oportunitats no exempt de contradiccions i de conflictes. I a tots els nivells, pel que fa a la governabilitat de l’Estat, de l’autonomia i dels municipis on es veu a venir una pluja de recursos inimaginable fa només un parell d’anys, però on sembla que s’exigirà rigor i horitzons clars. Almenys amb això amenacen des de l’UE, tot i que jo em compto entre els que tenen molts dubtes sobre la claredat d’idees dels impulsors europeus que han d’afrontar el nou present i l’incert futur. Tothom es mou, ni que sigui per mostrar vigor, però algunes inèrcies de molts anys fan pensar que uns quants dels que es mouen ho fan més de cara a la galeria que no pas amb estratègies elaborades i discutides.

A l’Hospitalet, l’alcaldessa Marín necessita evidenciar que continua pilotant la nau com si res no hagués passat. Però han passat algunes coses greus que posen en qüestió la garantia d’acabar amb èxit la legislatura i, en el seu cas concret, simplement d’acabar-la. Si el jutge que ha d’analitzar el sumari del cas Consell Esportiu li obre judici oral —qüestió gens descartable— el partit es veurà obligat a demanar-li la dimissió. Afortunadament, amb ella hauran d’anar-se cap a casa els altres possibles imputats en actiu, i això evitarà les previsibles ganivetades internes per veure qui la substitueix a l’alcaldia. L’ambiciós aspirant que avui dirigeix el partit a l’Hospitalet ho té magre en aquest sentit, però els seus oposaran resistències segons diverses fonts internes, per impedir que el sogre hereti el càrrec. El primer tinent d’alcalde passarà a ser, probablement durant uns pocs mesos, el president del Consistori però això no li garanteix cap continuïtat. Des de l’ombra del passadís de vestuaris, un ulls ben treballats a Madrid s’ho miren de lluny, prestos a fer els moviments oportuns només quan calgui.

Però mentre tot això arriba, a l’alcaldessa Marín li poden quedar unes quantes setmanes per marejar la perdiu, fer veure que res afecta la normalitat institucional i inflar-se de prestigi, rodejant els seus actes de personalitats i adeptes, com ara l’espai Diàlegs que es va posar en marxa el passat 2 de juny a primera hora de la tarda i que el gabinet de premsa va vendre un parell d’hores més tard com l’activació del lobby empresarial de l’Hospitalet per a la recuperació econòmica i social. Un lobby empresarial, on l’única empresa local present era l’Hospital de Bellvitge, embolicat de fa anys en un projecte que es farà vell als papers de tant parlar-ne, el pool biomèdic, però que no troba més impuls que el que ja té institucionalitzat de fa anys: l’hospital general i l’oncològic, la Universitat com a conseqüència natural i l’Idibell, que estan a l’Hospitalet com podrien estar a Matadepera.

L’aspecte fonamental és exactament aquest: el lobby de l’Hospitalet només està en les paraules de l’alcaldessa. Probablement ni en el seu imaginari estratègic. No existeix res de semblant, com no existeix un Districte Econòmic local, un  Districte Cultural local, ni cap possibilitat de fer realitat un enunciat que resulta patètic sinó fos per la incúria intel·lectual que mostra: l’atractiu turístic de la ciutat.

No hi ha lobby real, però la pregunta és aquesta: què és un lobby? I Per què l’Hospitalet en necessitaria un? Segons les definicions més exactes, un lobby és simplement un grup de pressió amb interessos comuns dirigit a pressionar les administracions públiques perquè prenguin mesures en benefici del que representen els pressionadors. Un lobby empresarial hospitalenc implica un grup d’empreses pressionant l’administració per afavorir els seus interessos. No té cap sentit que sigui la pròpia administració municipal la que formi un lobby empresarial amb empreses alienes a la ciutat… per pressionar a qui? Com no sigui que l’Ajuntament necessiti que algú tingui en compte una ciutat que no pinta res en el context supramunicipal. Crear un lobby és el reconeixement implícit de les fragilitats d’una ciutat sense eixos vertebradors reconeixibles i amb un desenvolupament urbà caòtic.

Al respecte, vaig seguir l’acte (Diàlegs) en streaming i resultava trist i dolorós comprovar la debilitat de recursos de la institució organitzadora. No només pel trist espectacle de les mancances tècniques que fregaven el ridícul. Especialment per l’aparença. Un acte de cartró-pedra amb l’alcaldessa al centre de l’escenari rodejada d’uns quants representants empresarials que si no estiguessin acostumats a aquestes servituds escadusseres s’haurien de preguntar de què serveixen aquests pocs minuts de discursos de palla. Els Diàlegs no van ser diàlegs, van ser respostes a preguntes del Cuní per cobrir tots els expedients possibles, el primer d’ells fer veure que a l’Hospitalet es reflexiona i es treballa, i que a la seva alcaldessa li rellisquen els conflictes —greus i inacabats— amb la justícia.

Mentre tant, les entitats més actives de la ciutat, aplegades en una mena de coordinadora possibilista i amb molt bones intencions però poca efectivitat real, fa temps que reclamen un seguiment del Pacte de Ciutat —l’altra part del lobby indispensable, aquest cop si, el lobby social— que s’ajusti a la feina feta i que respongui a les expectatives pel que fa a compliment, recursos i horitzons. No s’avança. La maquinària municipal és pesada, però encara pesa més quan en lloc d’idees hi ha propaganda, perquè la propaganda ni mobilitza ni entusiasma. La propaganda només compleix un paper subsidiari: omplir el buit estratègic, de paraules i de bones intencions.

A l’Hospitalet el que li cal és repensar-se. Repensar-se com a ciutat, després de la darrera destrucció immobiliària encara en plena activitat i per això hi calen algunes renúncies. La primera d’elles, que el poder s’adoni que està en crisi —en crisi interna i en crisi institucional—, que renuncïi a les filigranes de prestigi que tan li agraden a l’alcaldessa, sobretot ara que hauria de ser tan discreta per l’ombra judicial que l’amenaça i, de manera especial que es mostri (l’alcaldessa, el poder local en el seu conjunt) amb la humilitat suficient per acollir totes les visions, diverses i múltiples, que estan disposades a participar en la construcció del futur.

Són tan greus les perspectives de futur —per fer-se una idea de la gravetat convido el lector a l’acte que organitza FIC aquest dimarts dia 8— que calen totes les voluntats i la màxima generositat per debatre pluralment i aconseguir consensos que ens facin remar tots en la mateixa direcció i no uns contra els altres. Durant anys l’Ajuntament ha popularitzat insistentment la perspectiva acollidora de la ciutat —ben discutible d’altra banda— i ara està en la millor posició per garantir-la: està obligat a acollir la pluralitat, a permetre el debat i a posar-se al servei de les conclusions ciutadanes per fer-les viables.

El lobby hospitalenc —si es que a algú li agrada el concepte— l’ha de formar la gent de la ciutat que vol construir el futur de tothom. Un Ajuntament convençut del seu paper s’hauria de posar al capdavant.

¿Dónde los abandonamos?

Guillermo Martín Urquizu

Podría preguntarme cuándo, pero me parece más pertinente dónde. De repente una élite de izquierdas, con estudios universitarios, dejamos de mirar a los currantes, al trabajador de siempre, del siglo XX, nos engolamos de pedantería y dejamos a la clase trabajadora mirando a la nada, y eso es mirar a la extrema derecha.

¿Dónde está esa parte de nuestra sociedad? En la extrema derecha. La izquierda ya no es obrera, es intelectual y pija.

Tengo un hijo de 32 años que siempre quiso ser mecánico. Lleva trabajando en la misma empresa desde los 18. Es un obrero de los de antes y su perfil político está en la izquierda porque lo ha mamado en casa, pero ronda el borde. Sus compañeros vierten hacia la extrema derecha. Lo que ven en la izquierda son niños pijos con una labia compleja que no comprenden. Y el discurso de la derecha es simple, claro y facilón.

La izquierda que quería una educación transversal, inclusiva  y que diera oportunidades  a toda la sociedad ha resbalado y se ha dado una hostia importante. Nos hemos mirado el ombligo y los hemos dejado en las dulces manos del odio. Que es más sencillo.

Los sindicatos han abandonado. Son una herramienta más del sistema, dentro  de la cual se vive en un confort calentito y agradable.

Entre sindicatos inoperantes y pijos con estudios superiores, parece que el futuro es como las camisas de los fascistas, negro.

CIES

Quiero comenzar esta reflexión dejando absolutamente clara mi posición totalmente favorable a CIES. No, no se trata de los Centros de Internamiento de Extranjeros. Es otro CIES.

Podríamos empezar cerrando o dignificando esos CIES que vejan a personas que, desde sus miedos o sus miserias, creyeron ver una luz en nuestros privilegiados países, y esa luz apenas ilumina una lóbrega caverna.

Podríamos dedicar, de una vez por todas, el esfuerzo económico y social a ese CIES del que quiero hablar. Los cuatro pilares básicos que, según mi opinión, mejoran una civilización y la hacen avanzar. Podría haberlo llamado SEIC, EICS, ICSE, ECIS, IECS, ECSI, SIEC, CEIS, SICE, SECI, CISE, CESI, ICES, IESC, ISCE, ISEC, EISC, ESIC, ESCI, SCIE, SCEI y dos variantes más impronunciables. Todo es fruto de la combinatoria, cuatro elementos tomados de cuatro en cuatro da veinticuatro, y como también me apetecía tocar los huevos con esos CIES llenos de inmigrantes maltratados, elegí la opción CIES: Cultura, Investigación, Educación y Sanidad.

Seamos realistas, entre borbones, el gallego y el turismo como centro de la economía, este país lleva siglos siendo un páramo autocomplaciente gracias a sus rarezas. Rarezas son aquellos que han deslumbrado entre la mediocridad y la dejadez del Estado: Ramón y Cajal que, como todo el mundo sabe, eran dos, Rosalía de Castro, que tenía un palacio en Galicia, Federico García Lorca, que a gritos pidió que lo asesinaran, María de Maeztu, Josep Trueta… Y sí, una larguísima lista que parece legión pero no son nada más que fogonazos en medio de un erial. De un país que no ha sabido, o no ha querido, coser ese CIES al tejido de un pueblo, con una estructura sólida y firme. Una estructura transversal, asentada, entendida y cuajada entre los paisanos.

Y, sí, eso cuesta dinero. Y, sí, ese dinero lo han de poner los que acumulan por encima de sus necesidades. Y, sí, se llama “impuesto” y redistribución. Y, sí, esa inversión vuelve a la comunidad con creces. No solo da el retorno para una mejor investigación, mejor cultura, mejor sanidad y mejor educación. El retorno de ese compromiso con CIES permite acoger dignamente a los huidos y escapados de conflictos duros de los que no somos del todo inocentes, y sacarlos de los CIES.

A ver si dejamos de ser, por fin, un país de charango y pandereta. Y no niego que hayamos avanzado, pero subiéndonos en el ladrillo y cayendo de morros, surfeando el turismo sin coger ni una ola y mirando al sol con una sonrisa boba.

Guillermo Martín Urquizu

El gilipollas

Es muy probable que ya sea un señor mayor. Más que probable, con 62 años, es una realidad. Aunque creo que mi capacidad de curiosidad y asombro tiene todavía diez años.

Estoy sorprendido por la actitud de los usuarios de patinetes eléctricos y, más aún, por la nula respuesta del ayuntamiento.

Cosas de la vida, ahora trabajo de conserje en una escuela de L’Hospitalet de Llobregat. En mis funciones está la de abrir puertas y, después cerrarlas, cuando los alumnos entran por la mañana, y cuando salen a comer a mediodía, luego cuando entran y, por fin, cuando se van a casa habiendo concluido la jornada.

Anteayer, un 20 de abril, en un tramo peatonal de la calle Francia, hacia el número 80, entre niños y padres que llevaban a sus hijos a la escuela, apareció un patinete, de esos con sillín, haciendo el idiota a una velocidad imprudente y conducido por un niño, alumno de la escuela, y llevando a un compañero de pasajero. ¡Cómo se reían!

Idiota de mí, se me ocurrió decirle que no podía hacer eso. Mi padre me deja, respondió. A los dos minutos apareció el padre. Idiota de mí le dije al padre que no podía dejar a su hijo conducir aquel patinete. El padre rio. Pues lo lleva de puta madre, dijo mirándome con desdén, ¿Y qué van a hacer? Ponerme una multa, siguió riendo, le dio un beso a su hijo, se giró y se fue con el patinete.

Yo debo de ser gilipollas, entra dentro de lo probable, pero me dirigí a Ferrán, el TIS de la escuela, No sabía lo que era, pero es un técnico de integración social, y le comenté lo sucedido. Como debo de ser gilipollas me sorprendí por su respuesta: lo que ocurre de puertas afuera no nos concierne.

Al ser, creo, gilipollas, siempre pensé que la educación es una disciplina que integra todo el entorno del niño. Se ve que no. Que de puertas afuera que les den. Que si tienes padres idiotas, Que no es un insulto sino un adjetivo, allá tú.

¿Y qué pasa con la normativa para patinetes eléctricos? ¿Y con su seguimiento?

Hoy, día 22 de abril, ha vuelto a pasar lo mismo.

Guillermo Martín Urquizu